21.10.11

Poema visual lacaniano

Sabemos hasta qué deformación consentida,
hasta qué renunciamiento de nosotros mismos,
hasta qué parálisis de sutilezas nuestro mal nos obliga cada día. 
No nos suicidamos todavía.

Entre tanto, que se nos deje en paz.

Antonine Artaud

(canción)

Florcita del tigre
regalo que vuelve
a mis manos
mi boca nariz.

Entonces: salir de la cárcel del miedo. De la cabeza, lo que se agita en espasmos.

(canción)

Mi pelo
en su hombro
tan bello
como invisible.

Después: el caos que nos envuelve cruzando la avenida como ciegos.

(canción)

Aquí lo mejor peor de mí
en el medio, o abarcando
el corazón dividido.
Como un río.

Más tarde: el desapego. La distancia que se debe tomar de la fritanga terminal.

(canción)

Ojeras y bolsas
se alojan como ocupas
de este antiguo edificio.
Una broma un pase adulterado.

Luego: seguiremos fingiendo muecas, abriremos los ojos como si algo aún pudiera sorprendernos.

(canción)

De lo que se repite
como una oración.
De lo que debiera
estar aniquilado.

Y al fin: las cenizas cuando la erupción pase y el polvo cubra al futuro en estado de fermentación.

archivado en: granolas y caramelitos de goma.

3.9.11

Candela

Ya está. Lo peor pasó. Mataron a Candela.

La policía dejó que mataran a una nena.

La policía de Scioli.

Demonizar a la familia es continuar con la aberración. Un método que ya conocemos aunque parezca que muchos olvidaron. Convertir en victimario a la víctima.

Algunas personas que en las marchas decían: "¡Vamos Carola, no bajes los brazos!", en el cementerio, cuando la mujer estaba enterrando a su hija asesinada, la acusaban de asesina.

¿Qué le pasa a la gente? ¿Cómo es posible tanta ceguera? ¿Cómo pueden olvidar la historia de este país, lo que siempre representó la policía no como institución que debe velar por la seguridad de la gente, sino como los máximos exponentes del delito organizado?

¿Qué le pasa a esta sociedad que olvida? ¿Demasiado Mauro Viale? ¿Demasiada televisión? ¿Demasiada red social?

¿Alguien se pregunta, antes de opinar desde su notebook con wi fi, si el presunto llamado donde se apura a la familia para pagar una deuda (devolver una guita que supuestamente el padre “robó” a los “ladrones”) con la amenaza de matar a la nena, es real? ¿Como llegó a los medios el audio del llamado? ¿Por qué se conoció 10 minutos después de la noticia del hallazgo del cadáver, lo que hace suponer que llegó antes y que además en la fecha del llamado la nena ya estaba muerta?
Hubo un medio que dijo que ese llamado se lo entregó a TN la policía y después nadie más sostuvo ni repitió esto.

¿Si la zona no fue liberada, ¿cómo se tira una bolsa con un cadáver a plena luz del día en un lugar que supuestamente estaba rastrillado por todo un operativo hollywoodense, a pocas cuadras de un shopping que tiene un flujo inmenso de gente? ¿Y los perros?

Los medios, además del morbo y de la sistemática forma de desinformar y manipular a la gente por medio del miedo y otras atrocidades por el estilo, se dedican a dispersar la atención mostrando autos "sospechosos" filmados con las cámaras de la calle (tema aparte el de las cámaras).

Lo que los medios no informan es que Federico Nieva Woodgate fue Juez en lo Penal durante los años 1976 y 1978 y fiscal general departamental de Morón entre los años 1978 y 1983 (para los desmemoriados: fueron los años de la dictadura), y es la persona responsable de la investigación del crimen de Candela.

La campaña montada por la torpe, ineficaz y corrupta policía de la provincia para cargar las tintas contra la familia, avalada por los medios es bastante difícil de creer.

¿Y no resulta sospechoso el silencio del estado Municipal que debe protegernos y que además no tiene Concejo de la Niñez, organismo que tuvo que formarse con distintas agrupaciones por fuera del Municipio?

¿No resulta llamativo que los carteles colocados por el municipio con la cara de Candela aparecieran en Hurlingham (gracias a la gente que comenzó a tapar con afiches caseros los que estaban puestos anteriormente donde Acuña se auto agradecía por su gestión), precisamente el lunes, día que se presume la mataron?

¿Y por qué nunca Acuña ni ningún concejal oficialista aparecieron en las marchas y además "aconsejaban" a los trabajadores municipales no asistir a las mismas?

¿Y Scioli de visita justamente en el momento de recibir el cadáver, cuando ya era tarde?

Se siguen allanando casas en busca de “perejiles”. Lo cierto es que no hay pistas porque los responsables son, precisamente, los que buscan pistas.

La madre de la nena, absolutamente entregada a las directivas de la policía, actuó como pudo. En medio del dolor, la confusión y la desesperación se atuvo a lo que le indicaban los que le prometían todo el tiempo que iban a encontrar a la nena. Con los errores y aciertos posibles enmarcados dentro de una situación límite, ¿qué otra cosa podía hacer esa mujer?

¿De qué se la acusa? ¿De no ser una intelectual? ¿De actuar movilizada por la esperanza y la impotencia? Y en tal caso, en caso de que fuera culpable de alguna cosa, ¿quiénes investigan?, ¿víctimas o victimarios?

Los teléfonos estuvieron intervenidos desde el primer momento. Los llamados fueron filtrados, todos, absolutamente todos los más de 300 llamados diarios de diversa índole.

¿Entonces?

Si era realmente un secuestro extorsivo, ¿por qué el show mediático? Si “parece más un caso de narcotráfico que de piratería del asfalto”, ¿por qué hacer todo lo contrario a lo que indica una investigación seria cuyo único fin era la aparición con vida de la nena?

De cualquier manera, de todas las maneras, son el gobierno de la provincia y sus “fuerzas” de “seguridad” (y de allí para arriba y para abajo en la escala de poder), los principales implicados: cómplices, partícipes o ambas cosas.

Por supuesto que si la investigación fuera confiable hay que investigar a la familia. Pero mientras no se investigue a los primeros responsables, sería bueno, sería justo, un poco de piedad por esa madre que acaba de enterrar a su hija asesinada y seguramente hoy piense que el peor error fue hacer las cosas como suelen hacerse en sociedades “normales” donde los delincuentes son delincuentes y los policías quienes nos protegen de ellos.

¿Será justicia?

14.8.11

Desa(r)mable en particular

Pero no es la soledad de estar lejos, sin persona alguna rodeando la tierra, no la del náufrago ni la de la anciana que ha perdido a su marido y aún no se ha enterado que hace años no son dos los que duermen en la cama y cada noche dice, reza: "que descanses, viejo"; es la del sueño que no viene ni se inventa porque no hay primicia en nada nuevo, todo ya se ha pintado, se ha piantado como veneno espiritual en la coraza de la carne y la siembra, la siembra, la bendita siembra que no llegó a brotar y te dejó las manos vacías de cosecha, de sorpresa; tampoco es la del que pasa por la plaza y no ve un solo niño en las hamacas que sea suyo; no, es otra soledad —vos me entendés—, es la del hueco, el ojo frío que te mira, la rigidez de un universo tan inmenso que da miedo —sobre todo—, la certeza de saber que el Ángel no tocará a tu puerta, a tu lira, que el glaciar está disimulado entre los pliegues de tu pecho, en un asilo de pájaros ominosos donde ella es la reina aunque no cante porque ciega no conoce la estampida, la estampita de los trinos y la grieta, la grieta, la maldita grieta que no puede convencerse y busca en un suburbio tan igual, tan repetido que da asco.

archivado en: ni siquiera las mandarinas tienen superpoderes

8.8.11

Pensando en vos como quien recuerda una película que vio hace siglos

Subo una escalera invisible montada sobre un reloj que no marca ningún tiempo. Detenido.

No sé si eran anís o hinojos silvestres lo que destilaban tus ojeras.
En tu cuerpo, demasiadas cunetas que sortear hasta llegar a la sutil pendiente de tu boca.
Como buena devota de la religión de tu mirada, recé plegarias hasta deshacerme las uñas a mordiscos. Como en exceso de jabones y agua tibia, arrugas que no resistían implantes siliconados, que no resistían.
Y los rezos se hicieron gritos, alaridos suplicantes: mas aquí estoy y en este antro no hay más que una forma de humo dulce que traslada la razón hacia otra parte, al sitio donde los caminos jamás se cruzan y no hay choques, accidentes, sólo un ligero dolor en la columna que no cesa de expandir sus tumores, sus temores al desplome.

No sé si eran de cerveza roja o de te de manzanillas tus alientos acompañabesos. En tu mantel de flores diminutas ni una miga dejé cuando fui ausencia, sin embargo sé que todas las paredes esconderán por siempre los gemidos, la desesperación, el desconsuelo de no haber visto los hilos invisibles que tejían las arañas en el momento simultáneo en el que repartíamos las cartas de un mazo sin comodines y sin ases. Mi corazón no admitía conservantes, los alcoholes se apartaban del hígado vicioso, cretino toxicómano que no comprendía mi crueldad tan abstinente.

El no recordar de tu rostro más que la sinceridad de una persiana fría de metal es un indicio que me planta en el sitio donde las orquídeas mueren a los tres o cuatro días.
Pero algo sí recuerdo bien y es la mueca malévola del descorche, la mirada defectuosa, el asfalto moviéndose obstinado mientras miles de racimos de uvas eran pisoteados por los perros baldíos de tu barrio.
Y esa esquina donde un hombre cantaba profusamente desafinado. El alivio de reversa alejándonos del ruido.
Oído finito como el sendero de esos pocos días que agosto gastó en el despropósito de jugar a creer que era posible construir el engranaje de un reloj donde tu tiempo y el mío estuvieran tan sincronizados como la luna y las mareas. En movimiento constante, perpetuados en abrazos sin conmiseración hacia el azúcar de la noche que parecía un sueño ideal como son los sueños, o la ilusión más ingenua.

No sé si habrá manera o atenuante. Es medianoche y todo suena efervescente si lo imagino en cercos de flores aromáticas, pero es la media muerte la que invita con sus copas desapacibles, en un mundo retirado fraudulento, que fatiga de sólo erguirse frente al poco ser de cada peca peregrina de mi espalda y mi cansancio.
Los portales, la luz azul de las farolas, toda la avenida enchastrada de tus pasos, tu sonrisa, ahora recuerdo tu sonrisa de dientes pequeñitos.

El llanto es demasiado mundano para esta paz que está a unos poco metros. Hay quién prefiere a los muertos, yo prefiero cuadros que también son cadáveres pero no duelen, apenas apestan a trementina y óxidos carbones. La diferencia es tan sutil como inasible.


Subo una escalera invisible montada sobre un reloj que sólo marca finales.
Y sigue su marcha contraria a las agujas.

archivado en: entretiempo melanco

5.8.11

Tutiplén via Crimson

Matte Kudasai

Sentís algo en la parte alta del estómago, como cuándo ves a un muchacho que te gusta mucho, mucho, mucho.


The Sheltering Sky

Cósmico. Como para volar en círculos rodeando una montaña mientras reventás globos de helio dispersos, abandonados, lejos del mundo, sin posible migración ni pasaportes.


Discipline

El bloglines es como tener la televisión permanentemente encendida y hacer zapping sin ver absolutamente nada.


Elephant talk

Creí que era de mi tamaño y resultó tan chiquitito que cuando me lo puse se rompió en mil pedazos.


Frame by frame

Temblores en todo el cuerpo, la vista se nubla apenas, te sentís liviano, el tiempo se ralentiza, los pensamientos juegan a la mancha, hacen una ronda, círculo vicioso como un domingo y olvidás la pava en el fuego, el agua se evapora y la pava se quema, se quema, se quema…


Indiscipline (i like it)

Si por mí fuera, si por este instante fuera (en dos días se te pasa) lo volvería a hacer. Pero ellos no me dejan. Él no me deja. Ella no me deja.
Sí por mí fuera…
Sí por mí fuera sería rebelde, indisciplinada y me autodestruiría en 5 segundos, como la cinta de Misión Imposible.
Si por mí fuera…


Thela Hun Ginjeet

Y acá una especie de danza indígena, médicos brujos del amazonas, drags queens, freaks, una comparsa, unos cuantos murgueros, culos hacia las cámaras de televisión, va con ritmo, va así, así, así.
Y dedos veloces como un rayo.


Ladies of the Road

Con los ojos cerrados vi a una amiga de papá que era cabaretera. Me regalaba lentejuelas y mostacillas. Fue la primer mujer que yo admiré. Hoy debe estar más muerta que el viejo, y no sé por qué vericuetos de la mente me acordé de ella, de quién no sé siquiera el nombre.
Lentejuela. Así voy a llamarla.
Yo las veo desde adentro. A sus lentejuelas.
Va mi réquiem porque —ya que estamos—, será bueno terminar un día complicado con algo que me haga creer que soy buena gente.


Island

Se siente en el pecho, pero no en la zona de angustia sino en la zona de la emoción, del recuerdo, de viajes, rutas oscuras y recordar la sensación, el hechizo de la música que nos hacía amigos, nos hacía hermanos, nos hacía juntos.
Pero a medida que transcurre, el sentimiento va cambiando, se acomoda más atrás y empieza a oprimir, entonces para que no te ahogue abrís una brechita fina de tristeza (buscar más o menos por la zona intermedia)
Se puede uno detener a separar los instrumentos porque todo es demasiado agotador.
A veces es necesario pasar unos minutos sin escribirlo todo.
Hacer una pausa.

Quiero ser una escritora tan pero tan buena que cuando me muera me contraten en el cielo para escribirle los destinos a los vivos. El problema es que el destino se escribe en el momento de nacer y no soy capaz de juzgar a un bebé.
Los bebés son feos al nacer. Si tuviera que basarme en teorías estéticas, entonces, todos los destinos serían horribles.

¿Entonces en qué me baso para escribirle el destino al pibe?
En la cara de su padre. Listo. El padre es el responsable del destino del bebé.
Y con esto se resuelve uno de los grandes dilemas del psicoanálisis. Onda, tenés razón, loco. Ondá, igual andate a cagar.


Sailors tale

Todas las frases de uso común esconden algún pensamiento muy profundo si uno lo quiere encontrar.

—Barré la cocina
Significa el ansia existencial de despojarse de malos augurios, limpiar el espíritu.

—Fui al clínico y me derivó.
Significa que te dejan a la deriva, solo y a merced de los tiburones. Por eso no hay que enamorarse ni establecer vínculo alguno con trabajadores de la salud.

—En la primera a la derecha, dos cuadras y después una a la izquierda.
Significa el errático y azaroso devenir, la serpiente agazapada de lo incierto.

Quiero decir, cosas así dan mucho que pensar. Podés pasarte la vida garpando para que venga un diplomado y te las interprete. O podés hacerlo vos, gratis y absolutamente al pedo.


The letters

Tibia leche sangra desde tus orillas. Un carrusel de vocablos donde se esconden ladrones, asesinos, proxenetas, miserables, enfermos, crueles y en el reverso mártires y santurrones. La vida circular gira sobre la calma piel, espirales suman tormentas y dibujan flechas que no indican un solo camino transitable.
Feroces son los relojes, la ausencia de palabras es feroz. Me deshilacho en una vanguardia congelada que me seduce como una suave alfombra de colores.


Man With an Open Herat

Y yo me imaginaba como una hadita minúscula que revoloteaba sobre vos y con la varita mágica te iba curando. Primero la cabeza, y de ella salían chispitas luminosas, después todo el cuerpo y finalmente lograba abrir dos caparazones como de escarabajos. Ahí adentro estabas, pobre, pequeñito, asustado. Vos llorabas todo lo que en una vida y yo te abrazaba y te prometía que siempre te iba a cuidar, que siempre estaría con vos, que nunca te dejaría solo, nunca más.


Matte Kudasai (alternative version)

Y acá hace ya diez años que te casaste con el muchacho ese que te gustaba mucho, mucho, mucho y lo que sentís en el estomago es nada más que hastío.

archivado en: tutiplenes musicales

31.7.11

Al respecto de los discos que escucho en forma patológica desde hace varios días

Un único golpe. Después de mil golpes, el de la caída es el único. Y único es el sonido que produce en el momento del colapso. El sonido, algo como un imperceptible chisporroteo sobre la línea plana o todo lo que resulta del silencio que llora al tiempo que se muere.

Muerte cerebral. De eso hablábamos la otra mañana. Cuando jugamos a responder preguntas difíciles. O que no tienen respuesta. O que no tienen más respuesta que un resto de confianza, un último voto. Último como el golpe la caída el colapso el sonido la muerte.

archivado en: subí tu manera de ver el mundo y mira los premios que podés ganar.

5.7.11

Conceptos y cosas para la vida

Trato de entender este tiempo de maderas húmedas como si fuera el más natural del mundo.

En Sargento Gómez convivíamos con montones de goteras. Mamá era la maga de las palanganas, baldes, cacerolas. No sé de dónde sacaba tantas. El tamaño chico agranda los recuerdos, pero yo tengo una imagen grabada del chorro de agua desembocando en baldes celestes, rosados, el ruido en las cacerolas, el momento en que una gota (la primera) te pega en la frente y vos estás dormida y entonces levantarse, correr la cama, buscar un balde, palangana o cacerola, seguir durmiendo como lo más natural del mundo.

Algunas de las cosas que deberían ser lo más natural del mundo se convierten en enredaderas salvajes por donde te perdés una y mil veces.

No recuerdo que papá se haya subido al techo alguna vez a cambiar una teja, a hacer algo. En la cocina no había agua, o mejor dicho, sí la había, lo que no había era desagüe. Mi viejo, intentando destapar un caño lo había roto brutalmente. Y nunca se reparó. Tener que lavar los platos en el patio con dos grados bajo cero y agua congelada era la rutina más natural del mundo.

Esta mañana fuimos a fumar al patio. Adentro empezaron a repartir los regalos y nosotras seguimos allí hablando de abortos, de ingratitud, de bebés perdidos, de prudencia, de valentía, de abusos y de inconsciencia, como los temas más naturales del mundo.

En el baño no había agua caliente. Mamá la hervía en cacerolas y nos bañábamos en un fuentón. El momento más grandioso, una de las sensaciones más hermosas que puedo recordar era la del último enjuague, el fuentón lleno y mamá tirándome el agua desde la cabeza hacia los pies, TODA EL AGUA corriendo por el cuerpo, lo más natural del mundo.

Trato de entender estos días criogénicos como si fueran lo más natural del mundo.

archivado en: éramos tan pobres

1.7.11

que se bauhaus todos

Y ahora, cuando muera lo hará de golpe, todo junto.
Se privará del placer ácido cuentagotas.
Por racionalidad, buenas costumbres, ceremonial y protocolo que firmó la protomadre superlativa.
¡Ay que ejemplar, tan desprolijo! Sin manuales de intrucciones, pobrecita tan degenerada y enferma de licores.
Teta y chuño, que se arreglen. Cualquier cosa me hablan con protopadre volatilizado. A otro perro con estos huesos artríticos que ya no comen alimento balanceado y el engorde avanza, crece, ¡es usted!
Hagan todos lo que quieran, da igual, igual, igual, igual.

Digo que se muere y va a morir como se debe: atascada a sondas y vasodilatadores, sufriendo el dolor agudo,la breve pausa del opiáceo, agarrada con las uñas quebradizas a la vida, cagándose encima, cargándole el peludo a los gorditos que "para algo se rompió el lomo toda la vida"... los mejores y los peores años. ¿O creían que era gratis?
No, no, no, señoritos indulgentes con caras de ratones.
Ahora la vida es para ustedes. Desaprovéchenla porque aprovechar es creer y creer es dormir. No se duerman. Mírenla toda la noche, tal vez necesite agua o vino o una venda con la que tapar sus ojos.
Escuchenla. La ridícula exige su última voluntad: no quiere cigarrillo, ni extremaunción, ni piedad cansada de esperar que palme.
Lo que quiere es verte, que estés antes del último respiro, que le expliques, le digas, que le pidas perdón, te arrepientas, que te des cuenta súbitamente del error, del desperdicio, de la pena, el desatino, que te crucifiques ante su última mirada, que te arrodilles y supliques, quiere que llores, quiere saber qué carajo fue lo que pasó con vos, que cuando hizo sus mejores actuaciones no estuviste allí para aplaudirla, que faltaste a todas las citas importantes, que no tenés poderes, pobre idiota. Superhéroe, las pelotas.

Los gorditos van y vienen, compran sevenap, el tiempo no pasa nunca en las paredes con formol, ¿falta mucho? Mamá... ¿cuándo te vas?

Muestra obscena la sangre, la infección general. No quiere ahorrar ningún disgusto. Siempre fue la reina de la autocompasión.
Ella escribe, su epitafio dice: "vamos a ver".

Y los ciegos de la sala principal se le cagan de la risa. Aquí el tuerto no es rey. Aquí no hay dios, falta poco y ella espera que una vez le cumplan un deseo, que aparezca, que sea macho, que se banque la falla, que desconecte pronto el respirador, que la deje en paz.

archivado en: que sí, que no, que la parrala

23.6.11

Años de soledad


Envuelve los sentidos más eléctricos, acompaña el  repiqueteo de las teclas. Es casi místico aunque no seco de demonios. 
Veneno dulce que empalaga el ciclo especial de las esperas.
Dedos derretidos de deseo amurallan toda calma.
Amenaza de desborde. 

La soledad de las cumbres más altas es aquella que sólo puede verse desde el cielo y el ingreso allí es irrestricto: con un balazo certero alcanza. 

El comienzo de otro tiempo que suena a deja vous cansado. En los bolsillos montones de boletos de otros días en los que muero y renazco en simultáneo.
No sé nada de países ni de patrias.

Nunca sé dónde quedarme.
archivado en: Piazzolla

11.6.11

Robos, asaltos y peleas


Como si fuera un globo lleno de agua y el peso o el roce con el cordón de esa vereda donde dejaste tus rodillas mil veces, o tal vez una cuestión física, la presión, esas cosas causa-efecto, lo que sucede en forma natural, porque sí, porque se le cantó. Un globo lleno de agua que explota e inunda, entra al local y lava la sangre del viejito tirado en el pasillo, el coágulo, la lista de la compra todavía en su mano, los ojos blancos.

Esta mañana de noche muy cerrada vi una sombra, una silueta acercándose. Intenté pensar en otra cosa, apurarme, cambiar de cuadra, no cruzarla y sin embargo me recé para adentro, como cuando el San Roque, San Roque que este perro no me me mire y no me toque.

Después viajé en el estribo, al lado de un muchachito que se dormía y yo no sabía si sostenerlo o qué. Se dormía en el estribo. Y yo que pasé mucho tiempo tratando de sostener a otros sin haber aprendido a sostenerme, lo único que pude hacer fue rezarme para adentro, viajar mirando al cielo. Es hermoso desde allí ver los árboles, algunos pájaros.

Cuando bajé del tren el muchachito seguía allí sentado. Vivo, a salvo. Está bien entrenado, pensé. No tiene miedo, pensé.

También yo estoy viva, a salvo. Entrenándome cada día para entender lo que no funciona, lo injusto, el pequeño hematoma de recuerdo en las costillas.
Y en las manos algo así como agua. Agua que arruga, que ablanda, agua por la que resbalan sueños nuevos que me aterran. El peso del globo o vaya a saber qué causa del azar. El resto de lo que quedó después de la explosión.

archivado en: brutal planet

11.5.11

Ex páginas 34/35



Desperté con una mancha de sangre reseca pegoteada sobre uno de los párpados.
Un arañazo, profundo, me cruza las arrugas de la frente. Sin embargo,
últimamente, he estado durmiendo solo. Y me pregunto por qué un hombre,
incluso en un mal sueño, alzaría la propia mano para lastimarse la cara.
Raymond Carver

Tercer round. Al cuarto golpe cae. El suelo se abre hacia un silencio de desierto y el tiempo muere en el giro de la náusea.
—Morder el polvo —piensa—, en eso consiste finalmente la única victoria posible.
(Entregarse al plan. Ya no resistir como cuando sus brazos eran fuertes como las ramas de un olmo. Ahora las raíces se han podrido con el agua).
Sobre la niebla equívoca que flota en el aire oye el eco de lo que se ha roto: los huesos, las ganas, el último atisbo de redención.
La noche travestida se acerca a él y lo invita a una última copa. Las luces, el murmullo ensordecedor del auditorio. Sanguijuelas hambrientas, masturbadores compulsivos, sodomitas de la desesperación que pactan con el miedo ajeno.
Con un rencor parecido al de dos malos amantes.

Ya en casa. Su rostro ha quedado para siempre entre otros guantes, y la primera cicatriz, la del mentón desapareció bajo tantas otras repetidas.
De otros días.

Media botella para paliar la fiebre y exilarse del fracaso. Un fajo de billetes que no pagan pero alcanzarán para aguantar un nuevo tiempo de espera inmóvil.
—Ya no hay sueño donde ocultarme —piensa—, es hora de deshacerme el cuerpo en bocanadas de rabia.
(Si algún músculo respondiera la orden de la ira, si hubiese algo más que destruir, si quedase una pizca de alma que vender)

La oscuridad del cuarto lo separa de todo lo que respira afuera. La boca enferma cuelga a un costado, el tabique es algodón teñido que acomoda con el único dedo indemne. El que señala un retrato que desde la pared lo mira con ojos muertos.
Como los de su madre.
Abiertos, eternamente secos de tanta inexpresión.

Pero son sus ojos, o los que eran antes de hundirse en la autocompasión, en la inmisericordia de la tumba que es su cama.

Un fajo de billetes, cuatro golpes. Tantea el bolsillo y encuentra un cigarro a medio fumar. La mueca que forma su labio es el espacio justo donde poder colocarlo. Aspirar, y al sacar el humo ver como después de hacer dibujos grises, se desvía hacia la ventana y se mezcla en el aire.
 
La sed sangra y no cede. El whisky arde. El anhelo fue un amante que pasó por su carne sin dejar más huella que la de un recuerdo que perdió sustancia.

Un segundo antes de la línea blanca, del vértigo, sacude las escamas que quedaron en la piel, se sirve otro trago.
Este whisky va a matarme —piensa—. El humo que suelta de su boca dibuja algo parecido a una burla.

archivado en: restos de poda

3.5.11

Por ejemplo

La burra al trigo, el trigo al molino. Otra vez vuelve, otra vez sopa...
Mafalda desciende por una escalera de caracol. El caracol se queja, se queja del peso, Mafalda es obesa.
Mafalda es obesa, pero aún así sueña:
Sueña que un mancebo apolíneo (príncipe de alguna comarca... si es por soñar, se sueña en grande, con nobles, nobleza obliga, Mafalda es obesa pero no es tonta y sabe soñar), la encuentra en el momento y lugar más insospechados.
El sitio es un cantobar. El momento, viernes a la noche (entre las diez y las once)
El karaoke vomita una melodía. La canción “Libre” de Nino Bravo y el mancebo, príncipe o similar sube al escenario y exige que, de inmediato, los músicos toquen un vals.
No hay músicos.
Hay un pincha discos pincha rata que busca y rebusca y no encuentra.
—Ya mismo me consiguen “Danubio azul”, grita el mancebo del cual ya no quedan dudas: además de príncipe es malhumorado.
Y despótico.
Y bastante maleducado, aunque en el sueño de Mafalda es diferente: amable, apuesto, encantador, fino, y gallardo (caballero)
El pincha discos baja la canción con el E-mule y por fin suena el vals.
Uno, dos... uno, dos...
La lala lalá, lalalala lalala lalá...
El príncipe otea las mesas. Cientos de doncellas (que también sueñan pero no son obesas) lo miran con pasión.
Con ilusión.
Esperanzadas.
Jaime, que así se llama el príncipe de todos los sueños de todas las doncellas, excepto de Mafalda quien todavía no ha soñado su nombre (y no parece tener la intención), se queda observando un largo rato.
Su mirada se nubla, la mente se le pone blanquecina. Una vecina de mesa de Mafalda comienza a aplaudir. El resto de las doncellas la siguen.
Zapatean.
Abuchean.
Todas las doncellas. Todas menos Mafalda que sigue en silencio, casi inmóvil mirando a su mancebo apolíneo, príncipe de alguna comarca.
El vals termina y el príncipe no sale de su letargo.
El pincha ratas se aburre y pone una cinta de música techno industrial argentina.
Al palo.
Al re palo.
La argentinidad.
Todos comienzan a bailar. Todos menos Mafalda y el príncipe, que súbitamente despierta y la mira.
Sobresale. Mafalda sobresale.
En todo sentido. Se destaca.
Por sus dimensiones y por su quietud.
El príncipe le hace una seña para que se acerque y Mafalda, avergonzada, escapa por la salida de emergencia, minutos antes de que se desate la tragedia.
Se produzca la catástrofe.
Se desencadene la gran calamidad donde mueren todos.
Todos menos Mafalda que despierta, se incorpora, se arrodilla, cruza las manos y recita:
La burra al trigo, el trigo al molino. Otra vez vuelve, otra vez sopa...

archivado en: el escarabajo que todo Kafka debe llevar consigo, si es de oro, debiera llevarlo Poe

17.4.11

Todo un palo, ya lo ves

La cosa es así: un libro. Más precisamente el Kamasutra, en versión criolla.

En dos formatos y contenidos diferentes, según clase social:

Edición de lujo tapa dura, fotografías de modelos y deportistas, gente del jet set, para ilustrar las diferentes posiciones. Los ambientes son todos de “diseño” y creados por los putos y pibas cool más notables del ramo.
Este libro sale $ 15000 y para los primeros 10 que llamen estará autografiado por De Narváez. La tirada inicial es de 100.000 ejemplares

Edición lumpen que es como las que saca Página 12 de regalo. Los modelos de las ilustraciones son gente que perdió el bailando por un sueño, o gran hermano o personajes de cumbia, chamamé o rock nacional. Los ambientes son bastante alegres: fiestas de sociedades de fomento, pesca de mojarritas a la orilla del Arroyo Morón, etc. El libro es gratuito y se entrega en colegios, chinos, hospitales públicos y la tirada es de 300 ejemplares originales y 1000 juegos de fotocopia (láser, eh)

Los de clase media se van a tener que comprar los dos y de paso, definir a quién van a votar.

Yo pongo: idea, diseño de tapas, maquetación de los libros, redacción de contenido bilingüe, o sea, todo el trabajo creativo, excepto:

Fotos (está abierta la convocatoria a fotógrafos sin experiencia y con grandes pretensiones artísticas, inversamente proporcionales a las económicas).

Corrección: porque yo no me puedo corregir a mí misma y es uno de los problemas que tengo, ¿viste?

Economista: alguien bueno para hacer una proyección del monto de la inversión y sus posibles beneficios.

El productor que banca.

El otro productor que es el que consigue todas las cosas y hace los negocios.

El pibe de los mandados.

La empleada doméstica.

Después, una vez que están las fotografías del jet set, que van a ser las más caras, se termina el libro y necesitaremos muchísimas cosas y personal más.
Pero eso mejor lo dejamos para más adelante.

Paso a pasito…

archivado en: ¡llame ya!

16.4.11

En otro orden de cosas

Supimos qué cosa era la muerte, la tarde en que la calle fue entonces no volver.
No hubo luz blanca esplendorosa. Muchas lágrimas —eso lo acepto—, y diminutas chispas de esperanza desganada.
Escuchaba, como al pasar, unos versos que me resultaban familiares. Me dijiste: —Oí que hermoso es el sonido que las gotas hacen al rodar sobre las chapas.
Allí supe, que aunque fueran tus manos de alfarero las que daban forma a mi cintura, el preciso automático de caricias, las visiones de un amor que se desgranaba como arena de un reloj, yo veía palabras donde vos lluvia.
(Creo que hablaste, no pudiste detenerte y dijiste la palabras que se callan por prudencia, por respeto).
Imaginé mi cuerpo —lo sentí—, como barras de metal. —Es un instante y pasa —pensé— y la rigidez se diluyó entre tu obsesión, el dolor cesó trayendo la imagen de un rombo de cristal que también era mi cuerpo, sólo que ahora brillaba y giraba en una danza libre como una caída.
(Y tuve miedo de que las palabras se ahogaran, dejándome a merced de otro desierto).
Antes eran cuervos, sombras, lutos, duelos, siempre algo oscuro.
Mis visiones ahora suelen ser hermosas —yo las siento—
(Las dijiste y no tuviste en cuenta que estabas asesinándome para saciar tu error)
Visto en retrospectiva, cuando todo —hasta lo más trágico— da risa, comprendemos que a la muerte también se sobrevive.


archivado en: no hay caso...

10.4.11

La cosa esta de la pachamama y sus enseñanzas de la concha de su idem

Hace un par de meses sembré tomates, rúcula, ajíes, perejil, lechuga, flores varias y seis autoflorecientes.

Después, el patio se me volvió a llenar de tristeza en forma de hongos, ladrones, plagas (y un conglomerado de abandonos).
Y nada germinó.
Y empezó a morirse lo que había quedado.

Hoy pasé casi todo el día limpiando mis dos jardines. En el interior hubo una baja importante. Las tres que quedaron parecen contentas. Les di comida y tierra nueva y creo que les gustó, pero no me quiero hacer ilusión.
A las dos Juanxxx Herer las puse en macetas grandes y les armé la tierra más apetitosa que pudieron soñar. Llena de lombrices. Ahora tienen que prepararse para florecer (la tercera tiene que ser la vencida).

Los que sobrevivieron afuera y premié con mis cuidados intensivos y amorosos son el rosal, casi todos los cactus, el cedrón, el burrito, unos crisantemos, las alegrías del hogar, el romero, la albahaca, la menta, el orégano.

Y la sorpresa, la gran sorpresa fue lo nuevo, lo que nació guacho, lo que me trajo la suerte: montones de plantas de tabaco, dos girasoles, amapolas rezagadas, y (ahora sí) ¡un zapallo!

Y todo esto mismo me pasa en casi todas las demás cosas.
Así que ¡figurate, lo ques mi vida, Juan Carlos!




archivado en: horticultura y poxirán

20.3.11

Poemas para leer con luna llena

I

De nuevo.

Limpia para el amor, y todas las grietas por adivinar, ventanas para abrir a unos metros del despertar perezoso, de la abulia como humo que contamina el salón principal de este planeta.

El día pasó como un relámpago. Tan veloz que no lo vi. Fue cerrar los ojos y caer en el barranco donde la mente no duerme e inventa historias. O recuerda premoniciones que sólo son deseos.

Las razones se llenan de hongos. Hay zonas a las que no hay acceso. Y es ahí, donde ellos decapitan al ser encantador, al que da vida y la mantiene. Entre tanto, el gran propósito es una huella de algo escrito y borroneado.


*cuando la luna se llena se viene a mi patio y yo salgo a verla hasta que su brillo me baña por completo. Debajo de mis pies veo un charquito plateado que se escurre entre las lajas*.


Guarida de amantes en la orilla del cementerio que es mi cuerpo, colección de muertos que pasaron, dejaron sus soles líquidos grises, rojos como chispas de besos clavados como carteles.

Recorro sola los pasillos del desconcierto, escucho los ronquidos, el sudor en las sábanas, hay varias puertas. No sé tras cuál de ellas se esconde toda la furia del vino que quedó en mis venas.

Nómada, las espinas de los años crecen a la vera del camino. Me quito los zapatos, el contacto con la tierra me limita, quiero irradiar como el océano, recoger destilaciones de la luz. Iluminar.

De nuevo.


II

Los segundos pasan y en su andar fragmentan el dibujo sutil que hace el humo del cigarro. Se desparrama en el aire, se bifurca, forma nuevos hilos finos grises, formas sensuales condenadas a desaparecer.
Un espectáculo en el cual detenerse en el instante en que transcurre. Arte efímero, como una escultura de arena, de hielo, como ciertas noches de ocasión, de ladrones que se meten en la cama y se llevan restos de sudores antiguos, un cabello atrapado en la funda de la almohada —todavía— que pone resistencia al ramalazo fatal del cambio.

Como en un sueño sin respiro, en continuado. La aguja atada a la vena, la espada balanceándose en el techo de una sala de terapia. A punto de caer sobre un cuerpo que convalece, de hacer partes de una parte, muchas partes que se vierten, tiñen las baldosas. El color de la sangre, sabiamente, eclipsa la blancura. El espectáculo, aunque parezca lo contrario, también es digno de ser visto. Lo dice la enfermera, lo dice el cáncer, lo dice el pulmón que gime a la derecha del decorado. En el rincón donde sólo hay sombras, donde el sueño se limita y el imposible es literal como esta luna llena.
archivado en: historias de lobizones y otros animales de poder

6.3.11

Curso de supervivencia para reincidentes

He visto este pozo. Pasé por aquí muchas veces y lo he visto. Los bordes son blandos, como si lo rodearan arenas movedizas, superficies que se hunden en la tierra llevándose consigo el tropiezo de los que van distraídos.

Al principio le temía y caminaba a distancia prudencial (la experiencia, el aviso: ya había caído antes en algunos y todos los pozos se parecen, tienen el mismo modo de engañar). Con el tiempo fui acercándome, ajusté las técnicas propicias que me permitían, sin evadirlo completamente, no caer en él.

Pero esta vez fue distinto.

La luna menguante y plana, como dibujada por un niño, fue testigo del traspié y no hizo nada por detenerlo. Sólo alumbró tenue la boca, la entrada que conduciría hacia el grito. O la muerte y la sensación de terror que da lo que se desconoce.

Había fantaseado con la idea de que adentro, siempre oscuro, habitaba un mundo congelado y tenebroso. Soñé la mirada homicida de ojos que no acertaban a verme, perdidos en otras luces, en el sol, e igual me asesinaban brutalmente. Imaginé que allí vivían apretujados los recuerdos: de cuando eran cuatro piernas enlazadas a la hora de la suspensión y el abrigo sólo eran dos pieles.

Pero esta vez fue distinto, maldita obstinada voluntad.

Quise saltearlo, pasar de él, caminar hacia delante, vencer el obstáculo. Quise, pero la fuerza endemoniada que me tragó hacia su centro fue superior a la endeble atadura, conexión del cuerpo con la tierra.

Entonces caí en el espacio rodeado de humor espeso, sin andamios ni escaleras. Vacío gris, descolorido mezclado en confusiones, sonidos, esbozos de algún gesto, el ahogo en el pecho, la espera de la estocada final. El golpe. El fondo.

Fue allí donde lo vi. Dormido tras una noche más (igual a todas) de excesos y desidia.
Nunca pude abstraerme de notar que el sueño lo transforma, lo devuelve al mundo del niño que no deja de ser, pequeño Peter Pan sin campanitas que lo orienten.
Recordé: jamás pude acariciarlo en las mañanas.

Me quedé a una distancia en la que la oscuridad parecía dibujar contornos, el suyo; podía oír su respiración suave, el ronroneo gatuno y narcótico de su nariz.

No me sorprendió verlo, yo lo había convocado tantas veces en el diálogo enloquecedor entre mis ganas y la cruel agudeza de lo real. Me pregunté sí las imperceptibles líneas de luz que parecían bañar su cuerpo provenían de algún río subterráneo o una grieta confundida en su destino. Si el breve resplandor escondía alguna de las misteriosas formas del amor o si era el simple efecto de las flores en su rostro blanco como sábana, ciego como el ojal de una aguja que jamás podría yo enhebrar.

Durante un largo tiempo, cuando el pozo era un simple aviso, un error de urbanización, una contingencia a tener presente (y evitar), cuando estábamos fuera, casi juntos y había un color compartido que replicaba en el otro como un espejo, solía pensar: «un día no volverá». Lo sabía y a la vez agitaba todos los trazos que mi pincel podía consumar, acomodaba el néctar que había quedado desparramado por la risa, guardaba su aliento en frasquitos rotulados. Cada viernes.

Ahora, justamente, cuando estoy acomodada en un cambio de rutina, de sustancia, involuntario, cuando tengo la certeza de que ya nunca tendré que ensanchar los brazos para abarcar esa poquita cosa que quedó del sueño disparate original, él está en mi pozo y sin presentar estado de consciencia marca que nada será igual, que el desvanecimiento es la única cosa real a la que ajustar algún sentido, aunque aún esté satelitando como duende o como mendigo que extiende su mano en busca de limosnas.

Conozco maneras de salir de acá. Ya he estado en otras ocasiones en lugares similares. Todos los pozos se parecen, tienen la misma forma de engañar. Puedo hacerlo una vez más. Una vez más tengo que emerger.

Podría llevarlo conmigo, intentar enseñarle a escalar, ver como sangran sus uñas, aplaudirle el sufrimiento, lavar con mi saliva sus rodillas de barro. Podría, pero acaso, ¿no es lo que he tratado de hacer durante el tiempo en que estuvimos en la superficie y los riesgos eran otros y otras eran las formas, las texturas, el deseo de hacer lo ilimitado?

Podría echarlo. A fin de cuentas es mi pozo y tengo el derecho de admisión y permanencia.

Podría quedarme con él e inventarle otro infernal paraíso estupefaciente, abrazarlo, clavarle mis agujas, inmovilizarlo, que se quede para siempre, morir juntos en la oscuridad y el sinsentido de este dulce, dulcísimo equívoco que algún dios mitómano aburrido creó para nosotros.

Sé como salir. Puedo hacerlo. Me adelanto y surjo. Lo dejo allí, dormido, no miro atrás. Ya despertará y encontrará el modo, no debo preocuparme. Él siempre sobrevive a sus fantasmas.

Aire y luz, afuera. Volver a respirar. Buscar un pozo nuevo al que llenar de gentilezas y buenas intenciones. Pretenderlo sin caer, sin manos que agarrar o de las que agarrarse.

Mi estado general es deplorable. Como el de un barco que atravesó una terrible tormenta y al salir el sol no sabe qué rumbo tomar. Deshabitado.

Necesito una ducha. Comenzar alguna cosa. Escribir un cuento. Un cuento que hable de pozos, de caídas, de leyes físicas y leyes naturales, de cómo reciclar intentos, de lo que se queda atrás, del amor que ya no es.

Del futuro.

17.2.11

Tutiplén para desviar al cosmos hacia allá

Para que te des una idea de lo que es mi vida, Alberto

El doctor de emergencias que me atendió ayer era ucraniano. Hablamos de tallas africanas de madera y me prescribió dejar de fumar y operarme la vesícula «que total no sirve para nada y nos quita el placer de comer».

El doctor ucraniano era flaco. Muy flaco.


Toda flor que nace en el baldío tiene problemas

Alguien olvidó una botella de ferné en la heladera, tal vez alguno de mis hermanos. No importa quién pero fue un descuido peligroso.
Por mamá, sobre todo, que es de empinar el codo.


Espejito espejito

Yo me creo tan brillante, divertida e interesante que pienso que tendría que haber por lo menos cuatro o cinco psicólogos que se ofrezcan a tratarme gratis (e incluso pagarme por ello), y también cuatro o cinco plomeros, electricistas, albañiles, carpinteros, proveedores de servicios, amantes, cocineros, jardineros, millonarios, masajistas, etc.


Con luna llena y tambores

Nostalgia por todas las épocas anteriores al desencanto (desde 1963 hasta la fecha), esas brevemente bellas y tramposas como orquídeas carnívoras.


Plastipinturitas

Aquí, contracturada pensé que necesito un espacio más grande. Poder estirar los brazos, moverme, abarcar.

Creo que es hora de dejar de intentar literatura.
De volver a pintar.


Gramática para principiantes

La tendencia a poner cada vez menos comas está buenísima porque te obliga a pensar en palabras en tanto sonidos que a la vez funcionen ocupando el vacío que dejó la coma y todo así se vea compensado por un equilibrio universal de la concha de tu madre.


Plastipinturitas II

Y mañana me voy a comprar un bloc muy lindo para llevarme a la costa y bocetar cuadros mientras me coma un pancho o mire a uno que pase, de esos que de tan bronceados tienen los pelitos rubios. Y están buenos. Pero para cuando quiera dibujarlo ya me habré olvidado de todos los detalles. Por ejemplo, el color de su traje de baño. Por ejemplo, el color de su pelo. Por ejemplo que iba con su mujer del brazo.
O tal vez haya subido la marea y tenga que ir levantando campamento.


Cargándose de ciento veinte mil corchazos a la pachamama

Me está invitando a una fiesta psicodélica. Y me dice, va cualquiera, hay respeto, nadie se zarpa, cada uno se mete en su onda bailar escuchar música hongos, flores, lo que pinte.
Y agrega: es un lugar muy familiar.
Y yo pienso en la canción de andy chango y me da mucha risa.


El Word me tiene podrida

Más o menos, ¿a qué edad se termina la juventud? Porque yo la vengo estirando a los ponchazos hace como 20 años y creo que ya es hora de despedirla y de paso aprovechar para agradecerle los buenos años que me hizo pasar y felicitarla por lo bien que llevó mis carreras.


Y allí vuelvo de nuevo mar querido

Preparando mochila: bikini ojotas dos remeras una pollera un short un jean dos conjuntitos nuevos de encaje preciosos dos pañuelos para el pelo saquito zapatillas cepillo de dientes shampú carilinas frasco cartuchera con cosas útiles remedios cuaderno libro de fogwil perfume collarcitos encendedores dos pares de medias.
La playlist: Solari-Lanegan-Muse-Radiohead-Crimson-Archive-Love and rockets-Morphine-Bochatón.
Carterita con celular cosito de música documento pasaje billetera puchos caramelos llave.
Porque me voy al mar unos poquitos días y soy una exagerada.

archivado en: verano del 42