9.3.14

Panerítico

El hombre es hijo de un dios muerto
Leopoldo María Panero


En el largo y húmedo pasillo del mundo se oyen los quejidos de las parturientas que esperan la hora de decirle adiós a la plomada, calamidad galopante bajo vientre, murmullos como ramas de una hoguera interminable de traiciones.

Dios no las ha visto jamás, hace caso omiso a semejante aberración, su poder es tan limitado que no tiene más remedio que retirarse dejando atrás de las columnas unos cuantos clavos de subasta, corona de espinas de cotillón, inocencia en una fe crecida en lupanares, cuatro o cinco salmos. Oraciones, cantidad necesaria como para que jamás alcancen ante tal batallón de ánimas caídas.

Pero lo que más estremece son aquellas sombras sonámbulas convulsionadas por los destinatarios de visiones fantásticas, el exceso de fármacos y demasiados ritos iniciáticos para una sola vida.

Suena una canción que dice: a cada paso te pierdo, a cada paso te busco, a cada paso tambalean mis andamios, pobre niño, pobre niño...

Disecadas en vida, las escaras del mundo aquí se hacen evidentes. No es de extrañar que nadie venga de visita. Las últimas miserias se desguazan, rompen fuentes y en el suelo crecen cardos que serán los futuros monarcas del lugar, cuando no haya más posibilidad que la renuncia, cuando la última enfermera huya de espanto, agitando su rosario de cicuta.

En círculo cerrado de televisión se filman cada una de las escenas: existe dentro de la caja una criatura sobrenatural que fuerza a padecer un estado impasible de crisis, como si un taladro hiciera miles de agujeros por donde hacer entrar rayos de luz y, sin embargo, la mayor parte de las veces, detrás de esa apariencia encantadora sólo hay cruces, duelos permanentes y un bandoneón que quema las entrañas.

El largo y lúgubre pasillo del mundo se rige por lo visible, todos saben del espanto y sus taxonomías, de cielos que se desploman, de ciudades devastadas y la salvaje anatomía del dolor. Las sacudidas de la muerte están allí, siempre al alcance de cualquiera.

Suena una canción que dice: no llegarás a retorcerme el nervio, soy una devota del azar y de los ángeles, pobres ángeles, pobres ángeles.

La tierra, en contraste con los hombres, sigue siendo muy hermosa.

archivado en: efecinco

30.1.14

La extraña parafilia de Isabel y la desaparición de los guantes de goma

Con el cigarro encendido, el pelo un desastre y una boa constrictora a punto de engullirme, la mañana sucedió en el intento por recordar, sin conseguirlo, aquellas palabras, sonidos, sensación de duermevela que escribirían un poema por si acaso el tiempo decidiera dejarme sin nada, las valijas vacías, la hipótesis debilucha de un futuro, cuentas que dan cero en el cuaderno incierto de los días.

Los límites del fuego se esfuman en días de ceniza donde todos los libros, las historias son prestadas.

No hay banda. No hay poemas. Se ignora la permanencia, se camina en tierra blanda, se es indeleble, inmune a los arcoiris, para que el fin sea una montaña de gente que se ha ido, de llamados que nunca se efectuaron, de manos deshabitadas.

Porque estar muerto es ya no escribir. Es el congelamiento.

Sin embargo llovió un poco, embarrado el patio parece bello, aunque haya pájaros dormidos para siempre, aunque el humo, la sonrisa ausente y la manía de volver al otoño sabiendo que allí no habrá abrigo, no habrá colores. Todo tan lastimado, sucio y hermoso como en el fin de una hecatombe, sin pisadas que rompan la monotonía los charcos.
Y tantas páginas por rellenar con nada, si a fin de cuentas no se llega a ningún sitio.

¿Qué máscara ocultará tu máscara cuando todos los espejos se quiebren?

En este simulacro descienden las figuras que se ensamblan en el aire con displicencia funámbula.
Es tarde para involucrarse en la vida. Ya nos tragamos a nosotros mismos, caníbales masturbantes, sin fe, sin ideal, sin ganas porque las ganas son patrimonio de los vivos. Y aquí todo es silencio y hojas blancas. La energía desintegrada no conforma un alma.

Entre tanto, disculpo los problemas ocasionados una y otra vez .

archivado en: esto es todo lo que puedo hacer

23.1.14

Tutiplén de temperaturas extremas

Adquisición de repuestos para helicópteros Bell 212 H.81

Quería escribir y acabé por concentrarme en los dibujos que una leve mosquita hacía en la pantalla.
Voy a prescindir de la memoria, del mismo modo en que se prescinde de sueños cuando corrieron ya mil días de descuento y en la sobrevida la quietud es este mamarracho informe que ni siquiera es un papel con el que envolver regalos o enjugar suspiros.
Todo está apuntado en el cuaderno.
Todo está detenido allí.

Overhaul/Exchange

Turco en un desierto cabeza o cabeza de turco en un desierto o desierto turco en una cabeza y así, sucesivamente.

Guantes de protección dieléctrica

O una especie de paranoia o fastidio. Ganas de salir a matar la penumbra que hay en tu corazón.

Documentoscopios y lámparas infrarrojas

En la espera, me pregunto qué ganamos durante tanto tiempo de caminar en puntas de pie para no molestar a los dioses. ¿Esta falta de equilibrio en los talones, la flojera metatarsa y el dolor de la quietud?
Seguimos fingiendo muecas, abrimos los ojos como si aún algo pudiera sorprendernos.
Lo superfluo, efímero, transitorio es nuestro nido helado. Las llaves se perdieron hace tiempo y para entrar tenemos un truco que se repite: nos hacemos invisibles, incorpóreos y así permanecemos hasta la hora de salida, hasta quedar paralizados en estas palabras vacuas que aún creemos reales.
Nada nos salva de las cenizas cuando la erupción pasó y la lluvia es una nube de polvo que cubre el futuro en su lento proceso de corrupción.

Carbón activado granular

Como si los ovarios se retorciesen o el cuerpo se expandiera de adentro hacia fuera consumando una explosión que dejará la pared enchastrada como El día Nacional de la Liebre.

Evaporador con sistema de alivio de presión

Te amo tanto, ay cuánto, con cuánta pasión y anhelo deseo que desaparezcas.

Storage

¡Oh madre!, quisiera ser magnífica, arrolladora, un estigma en cada uno de los que no se atrevieron a rebalsar los jugos y quedaron secos como cáscaras de naranja piel.
Innumerable y sórdida, irrenunciable.
Quisiera, ¡oh, madre!, pero no soy más que la señal de unos dedos torpes, pulso trémulo, que apunta hacia una cruz muerta de sed y aburrimiento.

Observaciones generales

Cuando era chica quería trabajar en la librería para usar la máquina de cortar cinta scotch. No sabía que en el futuro podría tener mi propia máquina o, incluso, mi propia empresa.
Ahora lo sé y lo mismo no tengo ni máquina ni empresa.
Porque ya no quiero.
Porque ya no tengo ganas de trabajar en ningún lado.

Presentación de ofertas

El sentido del humor que a mi me fascina es como un bordadito étnico, una guarda pampa, una barra de cereales de esas que venden en el chino y tienen girasol, lino, sésamo y alguna otra semilla milagrosa al paladar.

Acto de apertura

Ahora, por ejemplo, veo una teta pequeña y muy blanca con apenas una pizca de membrillo y plasticola dibujándole el pezón.
Durante dos días consecutivos vi la misma imagen: un conejo blanco que se escondía detrás del rosal y despertó mi curiosidad durante otros días más.
En algunos momentos me sucede: puedo ver el lado siniestro de la gente. Se presenta repentino, como el fogonazo de un flash o el olor a tierra mojada que inunda el aire con las primeras gotas.
A veces veo peces de colores. Es un lugar común, lo sé. Nada tienen de malo los lugares comunes si están en el agua y tienen colores tan brillantes y fantásticos como los que tengo metidos en la parte del cerebro que me hace imaginar que veo, veo-veo... ¿qué ves?

archivado en: La Tercera Sección está OK.

12.1.14

Intacta como la caja negra de tu avión

Rodaja de luna mediamés se sostiene como un globo con hilito pero brilla como incienso, apenitas algo resplandor. La ventana apelmaza reflejos imperfectos, cubre el aire de rodillas.
Miralo —pobrecito—, no le quiere perdonar sus maneras defectuosas, sus efectos manieristas. Las casas, las cosas pasan rápido, no se salen del imán gravitatorio que rebana los esquejes y los ajos hacen quick a la sopa de vampiros, renacuajos, osos pandas en burbujas que no pasan por la aguja de los ricos, ojos rojos marihuanos que no engordan el ganado.

Corazón tamaño kinder. Tan poquito que le sobra un hemisferio. Hay que tomarlo de alto, de ancho. Hay que tomarlo por asalto. Tan minúsculo que no vio que yo probaba sus menjunjes y ahora no, ahora pintó un escabeche imaginario que adultera los minutos que andan l e r d o s como nardos.

Doce putas, ¡dios me liebre! ya pasó el tiempo del extrañe. Menos mal que está la abulia tejiendo sus bufandas, que si no no sé qué haría con tantos almidones. ¿Con qué clase de utensilio se descorchan estos clones de vos que aún conservo?
Es ésta una cinta interminable, hablo poco, soy aborto espontáneo de palabras. Gente extraña se me acerca y me pongo en automatic, en modo blablablá, a prueba de paciencias, de apariencias, de apareajes, a prueba de babas, vivas aguas del arroyo y Santa Fé.

Y te aviso: hay momentos en que ya ni me remoto la idea ser o estar. Como si el control estuviese aligerado, pasa que no entiendo en general al mundo, en particular seña ninguna. Si el principio fue ese verbo, en finales estudié mas no me acuerdo, lo aprendido se esfumó. Casi todo es humo amnésico, suspendido se fumó solito el tiempo.
Es que soy no reteniente. Aunque supe charretearte a mis plumas unos días, por lo menos, porsiacaso algo hubo, si mal diciendo... como te venía: ¿cómo te veía sin mis ojos?

Vi luz y entré y acá me ves: dale —se buenito—, preguntame cómo estoy, así invento una catarsis o una torre de panqueques. ¿Hagunos mates? O mejor té frío.
Te frío las pelotas, las pongo al plato y si me acuerdo —no te he visto—, te arrepiento de un tortazo o te oxido los biorritmos así el cooler se te traba para siempre. A ver si entendés algo de incendios o explosiones. A ver si podés sentir la fiesta de la carne.

Entre tanto, hay más papa en la olla que parar. Tanto invierno amanerado sin sus soles, sólo sé que nada alcanza, la palabra dice que no hay premio. Ni consuelo.
Ya ha pasado muchas veces, pero ésta —disculpame—, tiene forma de omelette de rivotril. De cansancio poco gusto, faltan sal y condimentos, faltan muchas muchas más inmolaciones menos transas, sobre todo más verdad.

Me pareció ver una linda odalisca en miniatura, baila ombligo y entretiene
a mi amorcito. Y la fiesta sigue en descoloque. Yo reparto mis camelias, condimento el estofado, te preparo golosinas, soy vela y porcelana fría, soy olvido en el envido pretencioso. Y me río porque aquí no pasa nada más que lo inminente. Porque hay dos o tres grandilocuencias que se miran por tevé. Porque acá lo que queda es la vergüenza, el rock sucio, desconfianza para siempre, un final anunciado y aburrido, un anuncio.
Una clara y evidente mala predisposición.

archivado en: utilísima satelital

23.11.13

Medicuyni

Todo el maldito cosmos se rompió desatándose a mi alrededor. Me sentí confrontado por la muerte... me dieron náuseas, comencé a vomitar, todo cubierto con serpientes, como la Serpiente Ceráfica, serpientes coloreadas con aureolas alrededor de todo mi cuerpo. Me sentí como una serpiente vomitando el universo o como un jíbaro con la cabeza ataviada con dientes de serpiente vomitando en comprensión del Asesinato del Universo - mi muerte por venir - la muerte de todos por venir - nadie está listo, yo no estoy listo
William Burroughs


Cada vez es una  pequeña muerte envuelta en espasmos y babas que nada tienen de sutiles, groseros como estrago de licores, dejan restos de animales salvajes, ponzoñas ambulantes, como si el tiempo, el momento irrecuperable fuese necesario desgarrar de las tripas —hay allí demasiados febreros tristes, siempre febreros que se apilan en una ronda monótona, febreros de distancias, de espejos que fermentan frunces y pústulas, pegoteados como recuerdos, arcadas que quedan en el balde, amigo engañoso que hace escaleritas para que bajes a la noche de tu corazón, te muestra dibujos encantadores, la trampa aceitosa y su brebaje.

Prefiero el golpe, la sangre, prefiero el golpe a esta serena convicción que huele a flores de sepelio. Nunca adquiero la práctica necesaria para el duelo, se me mueren todo el tiempo y siempre es como el primer muerto. Lo inmutable es tedio, aún espero que el río pase por el living, un fantasma me enamora, tengo mucho miedo.

Madre mía, soy mi propia madre y el exilio es feroz, los llantos resuenan, qué mundo doloroso, insoportable.

A veces —pocas veces— y muy lejos hay un ángel que siempre esconde los dientes. Pero no puedo amarlo ni rendirle tributo urgente. No puedo más que lanzar diablos y desear lo que está detrás, lo que ignora mi existencia.

Hombres pasan, suspiran, gimen, pero no hay nadie.

Hace tiempo adoraba esos breves momentos: con él cerca la vida es intolerable, sin él la vida no se justifica. Lo quise vomitar, sacarlo de mis tripas y no pude porque la luz que me quedó dentro es el reflejo lacerante que dejaron sus ojos cuando me iluminaban, alojados en el tórax como una bala perdida que no se decide a matarme, que no me libera.
archivado en: maravillas amazónicas

9.10.13

Canción de amor para chicos con problemas (revisited)

Después de tantas madrugadas radiactivas, el mundo es el esqueleto de un ángel despistado. Seguimos. Enredándonos en absurdos furtivos, como encías que sangran al pedir un beso. Dejamos acomodadas en la silla otras alternativas que se aburren y una luz adormecida en cielos nebulosos depura amargores y eleva una breve eternidad que alcanza reposos andantes y errantes. Erradas, las piernas planchan caricias urgentes que escapan para encontrar el abismo.

— ¿Abismo está?
—Se está bajando los pantalones el cierre desabrochando botones. Despatarra el silencio y se envuelve en un juego en el que ganamos sin siquiera hacer alguna apuesta. Como por milagro. O destino.

Nos matamos a mordiscos sin palabras sin lamentos sin sospechas sin mediación. Damos caña al sonido primario de un orgasmo que nos calme por un rato infinito como cuando el universo es gentil y los satélites son barrios donde siempre podemos encontrarnos. Vos, yo y lo que no tiene límite; antes del ácido prensado en la laringe el fundido a blanco. Antes del feroz presentimiento de la muerte nuestra. De cada día.

— ¿Muerte está?
—Se está poniendo los calzones porque es tarde y hay una esquina que aguarda paciente una constelación de faroles que vencimos con la obstinación de un enfermo terminal.

Acaso espera el cuándo el dónde la vez próxima. Otra en que hayamos olvidado los olores y seamos estrenados entrenados para esta lata de aparearnos la vida, toda encima cada tanto, intacta como amor por correspondencia correspondido. Rodeada de butacas en un auditorio sin gente que mire diga juzgue opine sobre el thriller psicológico que escribimos los dos juntos, mientras esperamos la sangre y cosemos intrigas en pañuelos que no aceptan más moneda de cambio que el deseo.

archivado en: el fantástico y divertido romance de Cumbio y Marulina

14.9.13

Cucarachas (reloaded)

...las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. 
Juan Rulfo 

Acabo de aplastar una cucaracha con mi pie desnudo.
La sensación fue repugnante pero incomparable.
Pude sentir su muerte como si fuera mi propia muerte.
 La niña que llevo en mí, le teme a las cucarachas.
Y yo acabo de aplastar una.


Si las cucarachas hablaran, podrían contar parte de la historia de la tierra. Aparecieron hace unos 400 millones de años, caminaron entre las patas de los dinosaurios, son mas resistentes que el tiburón y sobrevivieron a las bombas de hidrógeno que destruyeron Hiroshima y Nagashaki durante la II Guerra Mundial. 

 Acabo de aplastar al ser con mayor capacidad de supervivencia.
Soy poderosa.


Los métodos de control de cucaracha han evolucionado desde los mecánicos hasta los químicos, atravesando por una serie de insecticidas que atacan su sistema nervioso, como los organofosforados y los piretroides, hasta substancias bioactivas que interfieren con la capacidad metabólica y reproductora de la cucaracha. 

De todos modos, perderse el crujido de ese cuerpecito pequeño y frágil en el momento en que estalla bajo el pie y las tripas se esparcen entre el suelo y la planta, es negarse a uno de los pocos placeres que nos depara la vida.
Por esa razón, recomiendo el método mecánico.


 Las cucarachas rondan por los basureros, cañerías, cámaras sépticas y, si sienten hambre, se acercan a la cocina y contaminan alimentos, es por ello que se las liga a la transmisión de un gran número de enfermedades como el cólera u otros tipos de diarreas, causadas por microorganismos presentes en la materia fecal. El mejor método para controlarlas es el aseo extremo de las casas, especialmente en las cocinas. 

Algo me inquieta y no puedo dormir. En la apretada oscuridad de estas sábanas estoy expectante. Puedo reconocer sonidos que llegan desde la cocina. Una gran orgía está llevándose a cabo ahí. Puedo imaginarlas resbalando entre la grasa y los restos de comida de los platos que dejé allí como si se tratase de una gran trampa mortal. Puedo vislumbrarlas saliendo del tacho de basura, del desagüe, del zócalo más húmedo. Una legión de millones de ellas, dispuestas a insistir en sus nauseabundas danzas de supervivencia, infectándolo todo con sus pestilencias, dejando el estigma que indique quién está arriba y quién abajo. Sé que es el momento de continuar la estrategia. Podría atacarlas por sorpresa, pero el turno ahora es el de disfrutar del asco que siento. Dejar que el miedo me recorra y paralice el impulso de levantarme y entrar a la cocina para comenzar la maravillosa masacre.
Sé que es el momento.


La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, las dos patitas de atrás

 No puede caminar. Pero se resiste a la muerte y al paso del tiempo. Para eso genera nuevos mecanismos de defensa que transmite a las sucesivas generaciones. Su secreto está en la reproducción y en rediseñar su sistema inmunológico. Una cucaracha decapitada puede permanecer con vida más de un día. El tiempo suficiente como para, si es hembra, poder poner sus huevos y asegurar la continuidad de la especie. Hay cientos de cucarachas mutiladas en la cocina.
Tendré que ser más rápida que ellas, esta vez.


Lo que reúne a las cucarachas no es un sentido de grupo o familia, sino las feromonas agregadas en las heces fecales. Por la noche, cuando buscan agua y alimento, se desplazan a través de rendijas y hendiduras, dejando a u paso rastros de materia fecal que marcan el regreso a sus refugios. Tienen hábitos coprófagos es decir, se alimentan con sus propias excreciones. 

Lo que nos une es sexo primitivo. Nuestro hogar es una cama, fuera de eso no hay proyecto, no hay familia, nada existe. No desplazamos a través de mil obstáculos guiados por feromonas. Muchas veces hay que atravesar enormes montañas de mierda: mentiras y traiciones para no serles desleales a la urgencia del instinto. Nuestra coprofagía es, sin embargo, diferente a la de una cucaracha. Ella tiene un fin mucho más noble: la existencia.
Nuestro motivo es puramente egoísta: el hedonismo.


La cucaracha con la materia blanca me miraba. No sé si me veía. No sé lo que ve una cucaracha. Pero ella y yo nos mirábamos y tampoco sé lo que una mujer ve. Pero si sus ojos no me veían su existencia me existía - en el mundo primario donde yo había entrado, los seres existen a los otros como forma de verse. Y en ese mundo que yo estaba conociendo, hay varias formas que significan ver: uno mira al otro sin verlo, uno posee al otro, uno come al otro, uno está sólo en un rincón y el otro está allí también: todo eso también significa ver. La cucaracha no me miraba con los ojos sino con el cuerpo. 
Claris Lispector 

No puedo verla pero la presiento acechando en la oscuridad, esperando el momento en que me pierda en la irrealidad del sueño, ése en que el contacto con la tierra se pierde y no existen cucarachas. Ella me acecha, puedo sentirlo y es un escalofrío el que me recorre como si de un mal presagio se tratara. La cucaracha ve, puede adivinar el miedo, sabe que ganará la partida y ríe con la más nauseabunda de las risas. Puedo oírla, pero no la veo.
Estoy ciega.


Las cucarachas son nocturnas y pasan el 75% de su vida en sus refugios (grietas, rendijas). Por estos motivos, por cada una que usted ve se calcula que hay cerca de 200 más escondidas.

La luz me resulta insoportable, ansío la llegada de las sombras para arrastrarme por los rincones más oscuros y húmedos en busca de comida. Voy dejando mi estela repugnante, infestando cada cosa que piso, soy rápida, mis antenas detectan rápidamente el peligro: evitar que me aplasten antes de dejar mis huevos en un sitio seguro, un lugar cálido. Es mi fin, mi empresa superior, me guían leyes ancestrales que debo cumplir ignorando el desprecio que causo, esquivar el pie que me triture, sobrevivir a insecticidas. Poco a poco voy haciéndome inmune. Cada día soy más fuerte, crezco, no conozco el asco porque lo genero, soy un ser perfecto, el más perfecto ser sobre la tierra. Voy a vencer, voy a vencer a la muerte.
Soy afortunada.


Las cucarachas han dominado la Tierra durante cientos de millones de años y, como otros insectos, son capaces de hazañas increíbles, como por ejemplo la proeza de sobrevivir a tasas de radiación que son letales para otros organismos más evolucionados.

Acabo de aplastar una cucaracha con mi pie desnudo
La sensación fue extraña: ni rechazo, ni placer.
No pude sentir su muerte. No pude sentir nada.
La niña que llevaba en mí, le temía a las cucarachas.
Yo acabo de aplastar una.
Esa niña ya no está, no sabe de resistencias y prefiere extinguirse.


 archivado en: entomología resacada

11.9.13

Sexo explícito con aves zancudas

Sobre el tapete gris de despedidas, Septiembre pule sus orillas con una lija imperceptible y deja astillas que caen y se funden en siluetas desenfocadas, pálidas, lejanas, penosas transparencias no videntes.

Miro el almanaque, la savia de los días fluye y apenas empecé a perderme en el futuro, el espejo de la duda se frota a sí mismo, y empañado, refleja un paisaje que no alcanzo a distinguir entre el vapor del agua.

No son necesarias omisiones si el perdón es un axioma, si es posible cortar y dar de nuevo.
Hay geografías que presumo tan amables que me aterran.

Sin embargo el cartel no muestra ausencia y la ceremonia del ansia es una esperanza que con lanzas, espera calmas tibias.

La mano juega con ventaja. La mano vende, ataja, manda. Somos mano en la partida. Ya la suerte no es de principiante, es princesa del espiante más de oficio que de azar.

Somos grandes. Podemos vernos con ojos sin derroche de promesas, podemos vernos a través de una puerta corredera, sin saber que hay detrás o sabiendo que lo que hay nos pertenece, es irrepetible, está para quedarse.

archivado en: efectos sustentables para todos y todas

7.9.13

Instrucciones para armar este puzzle

Desde dientes de leche, laberintos que va trazando el miedo y ojos que chorrean incredulidad, avanzo tambaleante hacia un parquímetro que sólo sostiene negociados y traba las monedas.
No hay devolución, no hay, no, no la hay.

—¿Cuáles son tus miedos?

Me meto en mí, salgo del mundo exterior. Puedo vencer el pico de incertidumbre. Así es como funciona. La compulsión al servicio de la ansiedad. Concentración, enfrascarse en una sola cosa. Única, que nada más exista excepto la pretensión de salir alguna vez del pensamiento obsesivo.

—Miedo a lo real.

La ilusión devenida en piedra de brea y materiales de demolición: ecología de catálogo, adorno en la bibliotequita donde están mis favoritos, los libros de amigos, las piedras de mica y un portarretrato donde la abuela y mis hermanos, mamá y yo éramos gente que estaba toda viva.

—Miedo a la disolución.
—Miedo al fracaso.

Y un muñeco monstruoso con piel azul y una trompa parecida a la de un dibujo animado del que ahora el nombre no me sale.
También un autito de penélope y un mapamundi de cristal berreta que me regalaron una tarde de hace tanto tiempo que ahora el número no sé.

—Miedo al olvido.

Estas lágrimas no son hormonales ni están corrompidas con alcohol.
Estas son mis lágrimas.
Leo. Cualquier libro que leo me retrotrae a algún recuerdo. Aunque nada tenga que ver con mi historia.
Pero el tono, la angustia, la opresión del narrador me provocan sentimientos parecidos.
Entonces leo y lloro.
Estas son mis lágrimas.

—Miedo al apego al sufrimiento.
—Miedo al egocentrismo.

Por la mañana el dolor tremendo de garganta, el pecho cerrado. Y la tristeza que dan algunas certezas: el amor es algo hermoso que uno (solo) inventa para poder tolerarse, para poder perdonarse, para sentirse noble. Tampoco es que sea tan importante. En realidad nada lo es, en el balance, me río más de lo que lloro. Ambas cosas arrugan, pero a esta altura es lo normal. Que me presten atención. Aprender a devolverla.

—Miedo al desamor.

Después de amanecer las pieles y cuando todavía quedan montones de sueños que inventar —un hueco inmenso entre paréntesis—, nos vamos y la eternidad se derrite ante mis ojos: sólo quedan puertas entreabiertas al misterio. Y me quedan demasiadas palabras latiéndome en los dedos.

—Miedo a los finales.

archivado en: la noche de los zombies

6.9.13

Noche de puffs y tarta de frutillas

Como una oscuridad ultraterrena.
Vapores y luces perdidos al final de la ruta.
Saltan conejitos.
Hay un prócer que es tridimensional: de un lado es San Martín y del otro es Belgrano o bien Ángel Gallardo y Juan Bautista Alberdi.
Cualquier fantasía es posible a equis metros de distancia, miopía y mala señalización.
Amén de las frutas de estación.
Amén de la música.
Amén de la fatiga y el momento en que duelen todas, absolutamente todas las partes del cuerpo al unísono, antecediendo a la vibración, inquietud, deseo de contacto. Sexual, inflamable, tensión acurrucada en la semilla que despierta para cantar primero, contar billetes, cortar filetes de pescado, pollo deshebrar como una maya, fideo fino, fideo grueso, darse una vuelta por el pescuezo de un ingenuo erizo de mar.
Más tarde, verborragia, verborrea, diarrea de verbos, sustantivos, sujetos, predicados, quedarse sola (tenderse al sol) y cerrar los ojos, abrirlos a la espejura del sueño, penetrar en la dimensión donde nadie vigila la íntima esperanza que se aleja, como abeja descarriada, zángano en huelga empuñando un estandarte tan estándar que da asco, olor a poca cosa, alfeñique de alféizar suicida sin arneses, necesito suavecito, suavecito.
La abeja reina no admite a los enfermos que a punto están de ser encerrados en frascos de miel, polen y lamidas de un dios apático por tanto ciclamato y ciclotimia, hastiado de ser siempre el chupador, el chimpancé, el eslabón perdido, de luxe, algo apretado entre dos moléculas que no es átomo, no es desinflamante, no es avión. ¿Qué es?

archivado en: asociaciones libertinas sociedad anónima

9.8.13

Nos falta sangre

Y debiéramos pensar en un comienzo a toda acción. Sangre, vísceras, gritos, sonido de arma blanca. Sangre, y ella sin su clonazepán a mano, los guantes fríos, más fríos que el machete.
La protagonista es bella, aunque lo disimula bien. Hay algo en ella, una especie sombra que hace que nadie se atreva a mirarla a los ojos. Nadie sabe cuál es el color que tienen. Nadie sabe casi nada porque no se explica con palabras todo eso que es acción, gesto, mise en scène y efectos especiales.
Una vez pasado el trance del barrendero en las vías, despedazado en mil quinientas partes, comienza la verdadera historia: la imposibilidad.
Tema recurrente si los hay en el haber de nuestras arcas literarias cinematográficas.
El único diálogo que debiera existir sería un silencio que sugiera un "no puedo, quiero pero no puedo, no sé si quiero sino podría, aunque quiera no podré".
Es aquí donde el conflicto se desata y el abanico de obstáculos está siempre entre paréntesis. En cine, los paréntesis debieran poder representarse con pequeñas ráfagas de luz o de sombra según lo dicte el guión.
El guión, el guión... "puedo pero no quiero, quiero pero no puedo", a fin de cuentas todo es demasiado caro en estos días donde el viento sopla en zigzag y las uñas escarban la tierra buscando brotes subterráneos (o lombrices).
La protagonista ama al director de la película, pero él nunca va a enterarse por cuestiones contractuales y además porque así está escrito. El director ama a la protagonista pero no se da cuenta. Está muy ocupado limpiando las vitrinas de sus insectos momificados.
Y parece que es cierto eso de que no somos más que una ilusión de una ilusión de una ilusión al infinito, pensada, escrita, padecida por un talento que sobra y se desparrama hasta hacerse inservible, hasta no llegar más que a un fundido a negro temprano, casi a diez minutos de haber comenzado esta película que nunca empezó.
Porque nos falta sangre.

archivado en: nos falta sangre

28.7.13

Yo, Claudia

Sabíamos que tarde o temprano se desataría una tormenta de aquellas donde vuelan chapas, chopos y chupachips. Por eso buscamos un refugio que en principio nos pareció seguro y acogedor. Dejamos los petates, el termo y el pan con nueces e iniciamos la expedición por entre la extensa tubería buscando el sitio que nos fuera más cómodo para afincarnos. Cuando lo encontramos la tormenta había cesado pero eso no lo sabíamos. Desde allí el único ruido que se escuchaba era el de varios ringstones simultáneos. Nos tendimos en el heno de Pravia dispuestos al descanso y la contemplación del universo. Una cosa trajo a la otra y nuestros pseudópodos se entrelazaron en clara señal de circunloquio sexual. El escarceo fue intenso, humedecidas las partes, aceleradas las respiraciones, sólo faltaba ligar aditamentos.
En eso estábamos cuando nos dimos cuenta: los preservalácticos habían quedado en la samsonite, a unos 20 km de distancia. Era desandar camino o arriesgarnos. Todo o nada, en cualquier caso, el peligro era lo seguro. La luz de la lámpara que nos alumbraba se iba extinguiendo conforme pasaba el tiempo de pensarlo y asimismo la pasión de los minutos anteriores.
Entonces supimos que había llegado la hora de hacer noni noni y soñar con angelitos.

archivado en: enseñanza debida

27.7.13

Visión con astrolabio y dama antigua

Como una vedette cuyas plumas son de gallina y se nota, tanto se le nota que ni los semáforos la miran.
Algunas veces la imagen se congela en la memoria y sólo hay una línea gris que marca el descenso, el porcentaje, tenor graso en la caída.
Otras descubrís nítido el fondo, pensás: —aquí llegue, puedo tocarlo, es frío, es escarpado, es oscuro, hay destellos, pero las sombras ganan y todo rastro tapan, todo lo contienen.
Enloquecedora forma de engañar a este jodido mundo en armonía.
En el fondo nada sabe a temblor porque lo has visto todo, las enredaderas de tu corazón apiñadas como células, enraizadas al vientre de la tierra, tu recuerdo, la esencia, el abismo.
Cuando se emerge, sucede —es indefectible—, en la superficie no puede haber otra cosa más que liviandad, vacío, frívolos deseos.
Es posible que la vida esté al alcance del primer pozo y los botones que apretar sean nudos tóxicos acumulados en la sangre.
Las raíces son un invento que suele ser eficaz para disimular el tropiezo.
El asco, el odio, la tristeza son mejor consuelo que este juego de diamantes de vidrio, que la apariencia que fecundás por simple aburrimiento, cansancio, por mera contemplación de la muerte del día, cada día.
Como esa misma vedette cuando queda sola en la habitación y limpia la purpurina berreta que quedó en su rostro.

archivado en: desgrabaciones

7.7.13

Tutiplén del origen de todas las cosas indelebles

Nota de los editores

No he venido aquí a contar mi historia sino la historia de otros. Pero la historia de otros no me interesa así que me voy sin contar nada.

La sincronización del SIM se hizo con éxito

Y ahora que las uñas se clavaron hasta el fondo de la carne el daño es irreparable. En algún momento las heridas dejarán de sangrar. Pero quedarán cicatrices que serán sólo algunas más en la suma evolutiva.

Me molesta mucho cuando se entrometen las cosas reales

Sobre la mesa de lo que fue un banquete quedaron vestigios de vida reptiliana. Todos los adictos a la scandinavia tenemos una extraña fascinación por protomundos paralelos. En el caso del que nos ocupa hay varios vasos de ferné con coca cola. Algunos de ellos están llenos en más de un 50%. Ninguno está completamente vacío. Podría hablarse de un panorama optimista de la cosa.

De cuando llorábamos por las esquinas

La señora de la limpieza dejó una nota avisando que no viene porque la noche anterior intentaron violarla. Mi pequeño Pony no se hace cargo, una delicada niña dorada viene con su peine diminuto y el animal huye.

Muy tarde para aprender chino mandarín

Los filtros UVA/UVB pueden prevenir arrugas y manchas en la piel. Debajo lo mismo todo va pudriéndose o resecándose. La perfecta apariencia externa de una manzana no siempre es óbice de ausencia de gusanos. Ser buena gente tampoco es significativo en el mundo real.

Redemption song

Al tipo se le incendió el rancho mientras fumaba una lemmon skunk y su bebé dormía junto a su madre en la cama matrimonial. Como no había acompañado con birra pudo rescatarse y salvó a su familia y a su moby dick con dos meses de flora. Sus amigos lo ayudaron en la reconstrucción. Muy emocionado agradeció por Facebook y de paso mangó flores, semillas y esquejes.

El kelper que se hizo argentino porque le gusta el fútbol

Uno de esos momentos en que estaba pensando y pensando y más pensaba más me contracturaba. Debo ser horrible yo cuando pienso, pensé. E inmediatamente dejé de pensar. Dejé de pensar para la foto. El fotógrafo está bastante bueno, pensé. E inmediatamente comencé a pensar en cosas relacionadas y pensé y pensé y cuanto más pensaba más me contracturaba y así…

Restos de ADN en el dildo de Walter

Una araña cazó un caracol y muy contenta lo llevó a su nido y lo separó en partes: la carne para la cena, la baba para la piel, la carcasa para bañera, la cacona como prueba.
Porque nunca se sabe.

Esclava del té rojo

En el baño de discapacitados se cuecen soretes extraterrestres. Tienen forma de pólipos sebáceos perfectamente constituidos. La portera del complejo se queja porque siempre se roban el papel higiénico y dice que los tullidos y los psicólogos jamás dejan propina.

Tractatum inconcientum

Sobre este órgano que se aloja adentro del cerebro podemos decir que tiene consistencia de flan y que es el órgano más ortiba de todos.

Sólo veo de tu nombre números, entre las letras, números

Para que las soledades concilien y comiencen a interactuar logrando combinaciones interesantes de martingalas, gestos de amabilidad, necesidades básicas satisfechas; hay varias opciones:
1. Avanzar a ciegas, detener el pensamiento, asumir el riesgo de quedar como una bolsa de rolito luego de dos horas de asado.
2. Mantenerse fuera de toda contaminación lumínica.
3. Hacer pequeñas muecas, tímidas, temerosas, muy en boga en estos días.
4. O todo tipo de cosas inapropiadas en lugares desaconsejables con la persona menos indicada.

Templar los tegumentos

Me traje a vivir conmigo a Osvaldo, el extraterrestre y a Evaristo, el zombie. A ellos se nos suman Atilio, el basilisco y Anita, la yarará de Alto Palermo. Estamos en la fase de adaptación a la vida en este universo paralelo. Estamos bien, gracias.

17.4.13

42

Cualquier cosa que se piense con lógica puede ser engañada por otra que se piense con la misma lógica. 
La forma más fácil de engañar a un robot enteramente lógico consiste en suministrarle 
la misma secuencia de estímulos una y otra vez hasta dejarlo encerrado en un círculo vicioso.  
Douglas Adams


Así las cosas, no más que una exigua luz que alumbra el bulldozer imperturbable de esta demolición anunciada. A gritos silenciosos como puñales de plástico que se doblan en el borde de una copa vacía de misterios.
En la borra se lee la opresión de ciertas noches escurridas sobre un mantel gastado, viejo, pegajoso.
Mientras tanto, las palabras se atragantan en la cúspide del ansia y es necesario que la mecha esté lo suficientemente húmeda como para que la chispa se apague un segundo antes de la explosión.
¿Qué cosa mejor se te ocurre hacer con tus alas resecas?¿El ardid de una soledad que no se negocia, el estandarte vanidoso que no admite sobornos ni favores inquietantes?
[Resultó que aquella ciudad que nos parecía perfecta para orientar nuestro breve paso se detuvo en un espacio limítrofe entre dos líneas de tiempo y ahora sólo es una postal sepia que agoniza sobre un mueble cubierto de polvo].

Así las cosas, apretamos los puños, hacemos caso omiso y cabeceamos una pelota inexistente; es que lo nuestro son otras habilidades:
Por ejemplo, la apatía.
Por ejemplo, la mordaza.
Por ejemplo, cuidarnos del germen de la remota ternura, no vaya a ser que algo nos conmueva y se nos venga encima algún abrazo.
Mientras tanto, soplar tanto humo como se pueda hasta cancelar la pérdida; soplar y hacer botellas vacías de sorpresas.
¿Qué harías si supieras que esa es la última boca que besarás en tu vida? ¿La besarías? ¿O es inimaginable que exista una posibilidad diferente a la que te sodomizaron?
[Entonces también las piernas son torpes, los pies llevan toneladas de plomo y el dolor se hace más agudo en el descanso de una escalera de sólo de diez peldaños: uno por cada amanecer distraído en sudores y lluvias].

Así las cosas, radicales. Todo o nada. A nadie le gusta perder y lo nuestro son otras capacidades:
Por ejemplo, quién se aguanta más.
Por ejemplo, quién no aguanta más.
Por ejemplo, quién es capaz de sostener la gran indiferencia con sólo dos dedos y una firme obstinación, no vaya a ser que se nos escapen un par de sonrisas irrecuperables.
Mientras tanto, la mesa está servida. Hay manjares deliciosos, hay licores espumantes, hay detalles exquisitos, pero está vacía de comensales.
¿Y si descendieras de tu inmensa telaraña, qué calamidad irreversible creés sobrevendría?¿Cuánto pensás que valdrá tu desventura, mañana, cuando la anestesia sea total e irremisible?
[Ahora es un espacio no disponible para carteles, sin embargo, seguimos pintando grafittis con nuestra sangre, olemos a frío y queremos sacarnos del bolsillo las piedras que nos pesan, aunque sean diamantes, aunque sepamos que son las últimas gemas del planeta].

Así las cosas, la junta médica receta avemarías y nos manda a dormir bien tempranito, nos prohíbe terminante que digamos, nos libera el gasto humano, nos exige un onanismo antiséptico, incoloro, analgésico. Marca campos en las pieles, nos prepara para una nueva demolición anunciada.
archivado en: paranoid android

6.12.12

La fin del mundo en Buenos Aires

ULTIMO MOMENTO

Nube radiactiva, lluvia ácida y soretes de punta, producto de un pedo de Macri, cubrieron la ciudad de Buenos Aires y el pánico se apoderó de los habitantes que, desprevenidos, no llevaban barbijo ni escafandra. Tampoco galochas.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS.

Pueden solicitar la máscara antitufo que viene incorporada a la tarjeta SUBE que les vendieron, por sólo 100 pé en todas las sucursales habilitadas. Pagás y te la habilitan al toque. Podés elegir color.

ULTIMO MOMENTO

Se anunció desde Casa de Mayo que en cualquier momento largan a todos los zombies que tienen reclutados; que no le tiene miedo al pedo de Macri y que lo van a hacer mierda.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS

Durante el combate zombie se recomienda no salir a la calle. Comer livianito y tratar de no bardear ya que bastante kilombo hay con la lucha contra el mal.

ULTIMO MOMENTO

El cielo se cubrió de amarillo PRO. Se teme lo peor.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS

Si un zombie golpea a la puerta de su hogar NO LE ABRA.

ULTIMO MOMENTO

Clarín miente.

Datos útiles:
*911
Manual de superviviencia ante un ataque zombie
archivado en: la neutrónica ya explotó

16.11.12

viernes verne

Quint Buchholz


No cualquiera emprende una vuelta al mundo en globo y sólo en ochenta días; fundamentalmente teniendo a Honorine todo el tiempo quejándose y con reclamos continuos como corresponde a una bruja verdadera, gran mujer a la sombra de un gran hombre, como bien dicen los aforismos.

"Qué que si me vas a escribir, que fijate si el globo está bien inflado, qué ¿por qué no llevás a Michelito así se entretiene y de paso me deja de joder una temporada?
Es que sola no puedo. Y encima te vas de aventuras, vaya a saber con qué chiruza y yo me tengo que ocupar de todo. Si por lo menos en esta época hubiera Tele, Internet o Playstation. Pero no, ni eso. Al final ¿que soy?, ¿la burra soy?"

Julio escuchaba las demandas de su mujer como quién oye llover, en su mente no había lugar más que para sueños y fantasías. Los preparativos del viaje, la expectativa, la ilusión y también, un poco de temor por lo desconocido; ese mundo nuevo que iba a conocer y vaya a saber las inclemencias y obstáculos con los que se tendría que enfrentar. Se sentía inquieto y preocupado pero feliz, y eso, era tal vez lo que más le molestaba a Honorine que seguía lamentándose mientras preparaba un cantidad exagerada de vituallas.

—Te preparé una mudita y acá tenés una canasta con algunos víveres. Para que no extrañes la comida casera. Seguro que por ahí vas a comer cualquier porquería. ¡No me vuelvas gordo ni enfermo! —exclamó, ya resignada ante la indiferencia de su marido.

Julio, dentro de todo, era un tipo bastante organizado. Antes de partir, dejó la Rémington tapada con su funda, el vaso de ginebra lavado y un cartel prolijamente colocado en un atril que decía:

—Vuelvo en 80. Los amo.

Besó a Michelito y le dijo:

—Quedás como jefe de la familia, cuidá a tu madre que es un poco loca e insoportable pero es una buena mujer. Cualquier problema mandame la correspondencia vía la Asociación de Colombofilos. Acá te dejo la dirección, portate bien y hacé los deberes.

Michelito le sonrió y le dijo:

—Vos fumá, que yo me encargo. Si podés, a la vuelta traeme una brújula para mi colección. O soldaditos. Y alfajores, no te olvides de los Havanna si pasás por Mar del Plata.

La mujer, ante lo inevitable no tuvo más remedio que abrazar a su esposo tiernamente y despedirlo con lágrimas en los ojos.

Mientras Julio se alejaba por el cerco de madréporas violáceas, Honorine gritó:

—¡Aunque sea traeme un perfume!

Tiempo más tarde, al hogar Verne llegó una encomienda con algunos de regalos y una carta que decía:

"Queridos míos:

Mi regreso se prolongará un tiempito más. Enganché una promoción especial y me voy a hacer un viaje submarino de veinte mil leguas.
Después, si todo sale bien, es probable que vaya al centro de la tierra

No duden de mi amor.
Volveré y seré el amo del mundo".

archivado en: cuentitos de taller

15.11.12

Prelude: Song of the gulls



Estoy en un bosque colorido lleno de abejitas, mariposas pintorescas, vaquitas de san antonio, grillos, hormigas y todo tipo de bichos que (de existir una corriente de pensamiento abocada a calificar bondades entomológicas) podrían encuadrarse dentro de lo que llamaríamos "bichos buenos".

También hay una vasta variedad de flores, plantas, arbustos, árboles, yuyos, cannabis, helechos, potus, chacrunas, lianas, raíces y casi la totalidad del resto de vegetales preponderantes del reino que (en caso de haber algún concepto universal con respecto a lo que decoración se refiere y que haya sido homologado por expertos) podrían catalogarse dentro del espectro de "plantas agradables y/u ornamentales".

Por entre los exiguos espacios que dejan los árboles dejando entrever pequeñas parcelas de un cielo refulgiente y diamantino, el sol se filtra produciendo un efecto ilusorio. Son como refracciones leves de luz que asemejan una delicada lluvia de electricidad que (de conocerse estudios aprobados por las Sociedades de Científicos, Físicos y Parapsicólogos respecto a los beneficios de la energía), podría encuadrarse dentro de lo que sería "energía positiva".

Se pueden ver hadas con sus varitas mágicas rociando el lugar de brillantinas, gibrés, papeles picados, purpurinas y otros realzadores de fantasías; y duendes que (también de saberse de algún tipo de reglamentación o ley que juzgue en base a características estéticas) podríamos entonces considerarlos "duendes lindos".

Hay cascadas de aguas cristalinas que forman pequeños arroyos donde los peces de colores vívidos nadan apacibles y se puede avistar una gran variedad de aves bulliciosas cuyos plumajes engalanan la magia del lugar. También hay animalitos pastando felices y pegando saltitos de aquí para allá: ardillas, zorritos, pollitos, cervatillos y todas las demás especies de animales que (de haberse realizado cierta tipificación que haga hincapié en las virtudes de la fauna), serían clasificadas como del tipo "animales simpáticos".

Observo ninfas con coronas de azahares en sus cabelleras, espíritus celestes, elfos apolíneos, serafines sobrevolando la escena, y demás elementos (si fuera posible realizar algún tipo de discriminación geográfica y/o literaria), que conforman los "frutos del bosque" u "ornamentos shakespearianos – tolkienanos - perraultianos".

Entonces, cuando estoy gozando de manera magnífica de un sentimiento de sosiego y beatitud insoslayable y me siento liviana y despreocupada como un dibujito animado; mientras pasan muchas otras cosas maravillosas durante aproximadamente seis minutos y estoy lo más pancha disfrutando la serenidad y belleza sublime de la naturaleza y el conjuro mágico de sus cuatro elementos, es que, de repente, veo salir de atrás de dos árboles (separados, el uno del otro, por una distancia de más o menos diez metros), a dos monstruos horrendos. Uno es Freud. El otro es Lacan.

Se acercan a mí.

Freud trae consigo un hacha y una motosierra y Lacan una caja con herramientas de todo tipo: sacacorchos, martillos, mazas sin cantera, picos de loros, sacabocados, tornos, fratachos, gubias, perforadoras, destornilladores, buscapolos, etc.

Entre los dos me desarman la cabeza, la cortan, le extraen cosas, le meten otras, ajustan, desajustan, mezclan piezas, pierden algunos tornillos y arandelas y realizado el procedimiento se van como si nada... y no importa, porque igual todo esto que sucede no lo voy a recordar porque también me jodieron el nervio de la memoria.

archivado en: desgrabación del King Cáñamo

10.11.12

Salchichones austríacos

El día que ahorcamos los relojes —recuerdo—, estaba la tierra recién húmeda por unas pocas gotas locas que habían caído al amanecer.
En realidad no lo sabemos con certeza. Podrían haber caído en otro momento, como dije: los relojes habían muerto. Los asesinamos con nuestras piernas acopladas. Hipócrita sería decir que no sabíamos que entre ellas el tiempo seguía su marcha. Lo sabíamos perfectamente y la idea de ahorcarlo no fue de ninguno de los dos, fue de las piernas que, por un momento, se fusionaron como plata y mercurio y no dejaron grieta por la que horas, minutos, segundos pudieran escapar. A partir de entonces comenzó la eternidad y como ya no hay más relojes desconocemos si esto es la vida o qué cosa es.

archivado en: yo sólo tengo esta pobre antena.

7.11.12

Librejo de viería

Ahora que la distatro de un mencia se acoliegó en los pliemos de los cuerchos, se hizo estrepos, se perdió entre paladoras turbacabras, en cancieja viena como aerección, que otra vez instamos. Ahora que mil mentas ensaricias las callaron más yerguas y mil lenteras coincidentes aplicaron sus lomadas, sus salivas anheléticas, frenalantes, desabándo los ojos que estabán de guardabienes. Y ahora, entonces ¿habrá que parirle pendón a los dictoses que te prescriptan la risota hipotenusa, el puré de zapollo de los orbitales a las sustentorias, la mora loca garbada con claxos al rujo, el medio que nos suegra, la clupa, la clupa de haber neceado vidrio, y seguir vidrio?
Yo praga. Siempre praga. Aunque no me dure el viento, aunque el bollito sea franciscano. Grapo el prepucio y más tarde lo cobro con la grima, con muñecas voladas, le juzgo veintriciclos mongos al miserere. Mi jugo. Soy un cuero, el mote disparante, la gaita que derriba las caritas de las uñas que te queden de riganti.
Y ahora
que ya no vimos extraños hambreales impenetriles y se abrojó peso a nostras gulas, que dimes y diretes rien de rien celta y otras cremonas, que estamos satisfactos, ¿ahora qué?

archivado en: el revés de la cinta de moebius contiene un mensaje igual al del derecho

6.11.12

Cuasimoda blues



La cara deforme, así la siento.
Como la de un boxeador que perdió por nocaut
o como la de un muñeco de cera derretido por el sol.

Seguramente lo de la cara deforme es una ilusión, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va

Estribillo:
Mi mamá me arma
Mi mamá me arma.

El cuerpo se mueve baila los ojos cerrados.
Hay mariposas rojo en el centro hasta el amarillo.
Y una lucecita
que rebota por el piso el techo de tu cuerpo por dentro.

Los obstinados somos insistentes y tenaces, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va.

Estribillo.

Cada uno lleva su propia abejita que se pierde en las nubes. Algunas veces cerramos los ojos y la vemos volar, nítida ella, nítidas las nubes.

Somos los auténticos reincidentes los originales con estampita de la aduana.
Repetimos
tercos, obstinados.
La burra al trigo.
La burra al trigo.

Me ovidé
El vaso de coca cola en la cocina.
Cuando vuelva
habré olvidado esto.
Y haré otra cosa.

Y de a poco se va saliendo, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va.

archivado en: con mini toblerones de Brasil

23.9.12

Necrópolis

¿Qué le dio al pequeño dios del centro gris, del abismo?
Luis Alberto Spinetta

Para llegar hasta la lápida, lo mejor que podemos hacer es contar baldosas. Sabemos que son cuarenta y nueve hacia la zona escalonada y luego hay que girar hacia la derecha unas treinta más.

Entre tanto, nos detenemos en el sector de las tumbas de los niños. Juguetes demoledores. Placas de tormento que se lucen impúdicas como si lo sombrío, la ilusión hecha basura, la injusticia, el desencanto fueran algo que naturalmente se expone como puta de la calle.

Le cuento del velorio del angelito, de lo que se siente cuando la cajita es blanca y cabe en ella algo que se salvó de ser persona. O adulto, cosa que no es necesariamente lo mismo, pero a esta altura nos da igual.

Con esta música no se puede vivir, pensamos. O lo pienso yo solamente. Da igual: el deseo de que el otro sea un duplicado de la propia miseria es poderoso. Por eso es lo mismo. Por eso la proyección de pretensiones es una inutilidad.

¿Serías capaz de hacerme un favorcito sin considerar que te estoy mintiendo, haciendo de cuenta que es algo lógico y absolutamente necesario para malcriar cadáveres que se fueron sin la oportunidad de equivocarse a gusto?

Decime que sí, con un gesto tuyo, ahora, creo que podríamos salvarnos del mediocre aburrimiento de esta paz. Y entender, como si de pronto un brillo de esos que siempre están cerca y no vemos, nos exorcizase con sus dones. Entender. Para que los otros también comprendan que lo inevitable no acepta ningún tipo de soborno. No resiste análisis.

Con esta música no se puede vivir. Lo sabemos (o lo sé yo) porque las pruebas están ante nuestra vista, pies, manos, la tierra y los árboles que parecen acostumbrados al silencio y temen al aullido plañidero del viento.

Eso que se ve al fondo parece una montaña de ropa, sin embargo, yo que estuve allí algunas veces, puedo asegurarte que lo sensato es no acercarse demasiado. Hay almas que no encuentran sitio que les resulte cómodo, ya no pertenecen a nada específico y se reúnen unas sobre otras representando un espectáculo engañoso.

Con esta música no se puede vivir. Está claro que no es la primera ni será la última vez en que un acorde a destiempo aniquile la mejor de las sinfonías.
Desde aquí es seductor, pero no dejaremos que nos atrapen. Nos van a consumir las ganas en minutos.

Fijate, si vamos hacia allí entraremos en la parcela de la soledad más desatenta. No hay carteles que indiquen el peligro.
Mejor sigamos por la derecha. Unas treinta baldosas y ya podemos sentarnos a hacer el picnic de lágrimas y rezos inventados para la ocasión.

Con esta música no se puede vivir. Estoy completamente segura (no sé si vos también, aunque me gustaría) de que muchos de los que aquí abajo están, habrán pensado lo mismo.
Si fuera posible, juro que la reinventaría. Y la melodía sonaría exacta ilimitada; este lugar de pronto sería algo más amigable y no estaría de más ir acostumbrándose a la idea de que seremos unos más entre tantos huesos. Casi igual que ahora, sólo que en ninguna parte.

Quisiera que tu alma y la mía hagan caso omiso al deambular embole perpetuo y encuentren un lugar confortable donde el no suceder ya nunca, sea tolerable, donde no haya que preocuparse por músicas ni desamores ni recuerdos ni educación hipócrita ni buenas formas ni antidepresivos.

Donde ya no se vea nada y el lamento sea tan dulce como no sentir.

archivado en: qué calor hará sin vos, en verano

25.7.12

Love will tear us apart


El hombre baja por una escalera mecánica meneando la pelvis.
La mujer sube, y cuando lo ve le dice: "¡asqueroso!".
El hombre le contesta: "¿por que no me la chupás?"
La mujer salta de una escalera a la otra y le dice: "bueno".
El hombre queda petrificado y dice: "¿acá, le parece?"
La mujer baja dos escalones, su boca queda a la altura de la bragueta.
El hombre dice: "pará, pará loca, que vamo todo en cana".
La mujer se pone a llorar con un desconsuelo pocas veces visto en una escalera mecánica.
El hombre la abraza y le dice: "no llorés tontita, lo dije en chiste".
La mujer sonríe. Se besan. Al llegar abajo se dirigen hacia el pasillo que va al subte.
El hombre baja en Av. de Mayo.
La mujer en Diagonal Norte.

archivado en: cuentos de reamor

28.6.12

Yo no sé que es esto, pero sé que es lo mejor para todos (revisited)


Desde esta perspectiva, transitado un camino de largo recorrido, no puedo ver dónde quedó la casilla de inicio, pero sí saber que cerca, muy cerca está la de llegada. Por eso descanso, me siento en una superficie más dura que la veta que alguna vez me heló la sangre, me tomo el tiempo que haga falta, el que sea necesario para avanzar hacia el final de este juego ineludible.

Mientras tanto, en las nubes una grieta por donde penetran salivas sedientas. El horizonte no es una línea horizontal sino una frase interminable que aúlla la soledad de un nombre a repetición. Como disparos de una Mauser.

Algo así es lo que veo. Aunque mi percepción esté nublada como estos días de alfombras de hojas secas.
Cosas muertas o que lo parecen. O que debieran estarlo. Pero nada está tan muerto mientras el murmullo aturda cada capa de musgo, cada micropartícula de tierra.

No es lo que suelen enseñarte en academias, no tiene similitud alguna con estudios basados en el reciclaje de basura, deshechos, despojos de lo que alguna vez fue útil, necesario, imprescindible, aunque no sea imprescindible la palabra indicada.
Sabemos que se puede prescindir de todo, incluso de la vida.

Aunque nada está tan muerto, sin embargo, estos caracoles tienen ojos blancos.

Me pregunto que han de hacer todas las sales que combinan la materia blanca de la ausencia. Esta piedra nos conoce, este oscuro rincón guarda alguno de nuestros secretos, estas hebras de azafrán saben de sonrisas en los ojos, esta cama conoce del vértigo de otros días.

No creo que sea necesariamente esto lo que quiero que se entienda, sino algo más taxativo.
Por ejemplo: fuimos inmensos, juntos nos hicimos grandes, cada uno a su manera.


Y también me pregunto qué hago aquí despabilando nostalgias si es que persiste todo lo admisible y nada, absolutamente nada está tan muerto.

Mientras tanto, la calle es una baba pegajosa que se alarga conforme pasan los semáforos, los árboles, la letal nebulosa de un soplido. El tipo dice:

—Parecieran las diez sin embargo son recién las seis.

Y es cierto. Miro el reloj y son las seis, disiento, no parece nada, es simplemente otoño y sus vahídos, su brevedad y el rasguño que año tras año deja marcas. En las sienes, en las manos, en el hueco neurasténico del instante.

¿Qué importancia tiene que los días se acorten? No sabemos nada del tiempo si es que no hemos saboreado las guadañas, el ruido de cadenas que luxaron las muñecas del fastidio. Empedrados de pena en Buenos Aires City y los huesos que crujen su artrosis. Clase B la película. Clase B el taxi. Clase B las ganas y la protagonista necesita más operaciones para su rostro desfigurado por cirujanos residentes.

Juntamos cosas viejas. Fotografías, trenes de colección, cajas de cigarros y bombones. Atesoramos basura (imprescindible muerta, basura) disfrazada de recuerdos para no dar vuelta las páginas.

Mientras tanto pienso que este capítulo ya lo he leído muchas veces. Este capítulo es un absurdo eufemismo. Si pudieras darte cuenta de lo vano, de lo breve, de lo descabellado que es pensar en permanencias. Más o menos esta es la idea principal, lo demás son intentos, manotazos de ahogado, tablas de náufrago, desesperada y torpe ceguera. Los ciegos ven cosas que jamás podríamos siquiera imaginar.

No se trata de contar una historia de otros, no es escribir un guión apto para la pantalla, no es la idea ni el plan. Se trata de tener la certeza de que no existe plan alguno. Lo básico. Instinto y laissez faire, que todo suceda como una nota al aire. Esperar la desaparición de los inútiles sentidos.

¿Qué superpoder elegirías si te dieran la opción? ¿Ser invisible, teletransportarte en el tiempo, en el espacio, volar, ver el futuro, ser inmortal?
Qué horror ser superhéroe. Todo poder es un dolor tremendo.

Mientras tanto el tipo dice:

—Estoy contento porque hoy hay partido.

Me pregunta si en casa lo veremos. Le digo que no sé, tal vez. No importa. No es importante. Esto quiero quede claro. Lo que no es importante para mí no debiera serlo para nadie. Lo sé. Es pura soberbia, es una más de mis fantasías: el mundo diseñado para mi satisfacción. El ombligo, mi ombligo.
Todo lo demás rellenos: música, televisión, libros, amores ridículos, dormir, soñar, fumar. Meros rellenos. Como migas de panes que barren las astillas. Y la asfixia siempre como una amenaza.

Hasta reinar se hace insoportable.

Lo devuelvo. No lo quiero, bastó un segundo para entender que es agotador ser dios, fue suficiente un segundo para saber que esta es una prueba irrefutable de su no existencia.

Si yo fuera dios acabaría con todas mis estúpidas creaciones.
En un santiamén, así, de un plumazo diestro, y después descansaría. La eternidad sería el gran vacío del aburrimiento.
Si fuera dios empezaría por pensar el modo de suicidarme y me aseguraría bien de que después no hubiera nada.

Mientras tanto, un rato de éxtasis. Una semana (a lo sumo) de conexión con sensaciones escondidas.
Pero poco. Trivial, efímero, bueno para nada.

El final de la avenida es una frase interminable que aúlla la soledad de un nombre.
Como una cámara fotográfica que dispara a repetición una idea que dice que vivir es una enfermedad que afortunadamente se termina.

archivado en: cosas por el estilo

8.6.12

Tutiplén de juegos entretenidos para toda la familia



Perdida en mi bruma púrpura

Una vez más, nadando en un mar de aguas heladas. Uno cree, por un rato, que algo se aprende. Uno intenta descartar lo que nunca va a funcionar, lo que hizo cortocircuito tantas veces y te dejó sin luz. Uno sigue lanzando piedritas al abismo con la esperanza inútil de que haya en el recorrido una mano que agarre alguna y la devuelva sin que te la incruste en el ojo. Con una nota que diga: voy a buscarte, voy a encontrarte.
Pero el agua, ay, el agua... una vez más.


Y ahora piensen en algo hermoso

la noche en geba cuando me agarraste de la mano y yo empecé a sufrir los comienzos de un largo trastorno que hace que veas que todo se mueve como gelatinas.


Colación

los colectivos que se acercaban peligrosamente a nuestro taxi el miedo a la muerte por aplastamiento o emboscada la sensación de que estando juntos y a punto de tener lo que buscábamos nada malo iba a sucedernos.
y los camiones abriendo sus bocas inmensas y exhalando el humo negro desde sus culos profundos los cordones de las veredas irregulares como laberintos abrazada a él en ese taxi eterno nada malo iba a sucedernos.


Tengo un remolino en la cabeza que me amarga la vida

Supongo que la noche en la que me llevé el colchón al living fue el comienzo de mi desagrado hacia los recitales de poesía. Una cosa a consecuencia de la otra.
O viceversa.
Como sea, creo que la poesía no es para leer en voz alta, salvo algunos casos como a un ciego o a un amante, pero no a un auditorio. Si querés que tu poesía, en lugar de leerse se escuche, ponele música, no seás cagón. Y si no sabés música juntate con alguno que sepa y armá un duo y vayan a tocar a los pubs.


Colación II

en el juego de quién miente más él hizo punta y ganó.
en el juego de quién miente mejor gané yo y por afano.


Y ahora piensen en algo hermoso II

La noche en La luna, en Quito cuando se cortó la luz y la lluvia de estrellas que explotaban como cuetes ahí ante los ojos de todos abiertos como ese inmenso pedazo de naturaleza. Todo para nosotros.


Perdida en mi bruma púrpura II

Volviendo a piletas sin agua, mares helados, lo peor de todo el asunto es que ya ni importa. Estamos jugados. Somos peligrosos.

archivado en: tutiplenes de estilo

6.6.12

Mamotreto' s blues

No llegará el coma etílico y de mis dedos, pulso torpe, convulso crecen lo mismo pesadillas.
Lavaba los vasos y el asco me dijo: —saber ver a tiempo.
Antes de la estampida brutal que todo lo arrase,
lavaba,
lavaba,
seguía lavando.
Pensaba: una calle oscura como imagino la muerte de un ebrio camino de cintura, el reventón látigo del miedo, el cielo una cúpula fúnebre y el teléfono solicitado, apagado.
La soledad tan sola sin inmiscuirse entre las caderas de una familia desconocida y a la vez cercana a tanto odio, oídos, ¡oh, dios!

Lavaba y veía que el miedo protege de las avenidas, de rutas suicidas.

Lamenté no descubrir la palabra exacta que lo describa todo, aún sabiendo que no es necesario, que hay demasiada sensación exenta de impuestos.
Junio es temprano y la fiebre se atenúa de a ratos.
Volverá a aparecer mañana y se cuenta con los medicamentos prescriptos: todos ellos usados (deben ser) con pericia, con exactitud de relojero, con ganas.
Nada más hace falta.
El mundo así se eleva, es un globo brillante ante la mirada de un niño.
Y el amor no consta en documentos (no debe), prescinde de razones, se emplanta quietito en el medio del pecho.

Lavaba y rezaba: —no quieras ver dentro de mis ojos, no ahora que supe ver a tiempo.

archivado en: magistral evolution

20.5.12

Tutiplén con photoshop bastante místico

¿Para qué ir al paraíso estando muertos?
Loquero

Churrasco de biblia

Hacemos hilvanes con hilos de mala calidad, son débiles y duran lo que la mayor parte de los conocimientos, las sorpresas y las muestras gratis.

(accented edges: hierba que crece en primer plano, buena disposición del espíritu).


Besame la estampita

Viene a cuento por aquello de las diferencias. Como en el juego de buscar las siete. Y la cagada general —la particular, en este caso ya no importa— es que podés hacerlo incluso sin ver las imágenes contrastadas. Demasiado previsible es cuando mirás para atrás y nada te arrepiente, todo te emociona media-masa.

(diffuse glow: al final de la ruta hay un espejismo, él me agarra la mano para hacer los cambios).


Rosario de silencios

Los murciélagos me producen una fascinación parecida, pero en menor escala, a la que me producen los pingüinos. Pero a lo que iba: una cocinera oriental con un sombrero muy cómico pasa huevos por un colador. Esta imagen se repite varias veces, no sé si es que hay que colar los mismos huevos varias veces o es un truco para alargar la escena. Eso es lo que no me gusta del canal gourmet. No te explican las cosas fundamentales, la raíz del asunto.
No sé para qué me molesto anexando datos, ocupando memoria, escribiendo registros si, finalmente, todo es inviable.

(spatter: si ahora pongo el cuello es para que lo acaricies).


El Apocalypsis según Now

Cuando vengas arrepentido a pedir mi piedad, tendré que recordarte la historia que se detalla a continuación.
Había una vez una caja cuyo contenido era la propia intimidad de cada ser humano del planeta. La caja estaba frente a los ojos, al alcance de cualquier pelandrún y la consigna era no abrirla jamás porque existía una ley de inviolabilidad que si era transgredida hacía que pierdas, como mínimo a tu amor, como máximo la vergüenza.
También existía otra caja que contenía dentro el respeto por los sentimientos de los otros seres vivos. A esa caja estaba permitido abrírsela sólo una vez porque luego no podía cerrarse nunca más
Y había una última caja que todavía no sabemos que contiene o, mejor dicho, es mutable, su contenido depende de la imaginación o voluntad del día.


(chalk and charcoal: no es paranoia, hay un alacrán en mi cabeza).


Yo de fruta pecaminosa te elijo el arándano

Ya sabemos que es la hora, el momento, la cúspide halógena de la cuestión excitante, llamativa, estimuladora y todas esas cosas que más vale ni te explico porque entonces habría que escribir y lo importante es publicar. Ya lo dicen los émulos de O.L., aunque no hayan publicado un catzo y se dediquen a tejer conjeturas. De diferentes modelos.
Unas verdes, otras celestes, unas macramé, otras punto arroz. Conjeturas ralladas, con rombos, arabescos o diseños popcorn.
No se trata de tejer sino de tamizar.
Sólo eso es lo que pido.

(dark strokes: la indignación que me producen ciertas pelotudeces que no puedo evitar ver).


Será que tan salado el mar es luego de que ella se ha bañado en él

La mujer de Lot se ganó el Loto y con el dinero se compró una procesadora de alimentos. Su marido se queja, dice: "esto está soso", y señala el arroz con alcahuciles.

(unsharp mask: con los años uno va pareciéndose demasiado a sus abuelos).


Ay ay ay, qué lindo es vivir en Sacramento

Aceleramos y desaceleramos, es la forma de mantenernos a punto, sin embargo cada acelerada nos deja un aro roto, o el mismo un poco más dañado y cada día necesitamos más aceite, según marca el pelito o algo más tangible, obvio: el rendimiento.

(motion blur: vibra, enciende la luz y llega. Un segundo antes de concluir se congela y queda grabado para siempre).


Agnóstico por mano propia

Suponte que quedas atrapado en medio de una manifestación de taxistas, o dentro de un libro de Laiseca o cualquier otra contingencia similar. A esto súmale que no tienes monedas, que has olvidado el iPod en la cajuela. Este tipo de situaciones son las que dios nos presenta para ponernos a prueba. Y ni siquiera puedes llamar a Movistar para quejarte porque no hay señal.

(colored pencil: la felicidad es un estado intolerable, tengo nostalgia de mi angustia de ayer).

archivado en: tutiplenes generales

16.5.12

Sobre lo que hay en las orillas


Y contame de todo lo que como vos, se derrumbó.
Pequeña Orquesta Reincidentes

Miguitas de olvido se amontonan en las grietas que el tiempo talló en la mesa.

La madera corroída, expuesta a la creciente oscuridad de la noche, tapiada por una crueldad minuciosa, ofensa ignorante, imposibilidad —o lo que no se quiere— de tensar el arco y dejar que la flecha salga y se encienda en los espíritus empachados de bordes desparejos.

Te lloré una noche en la que dejé a un costado las dos manos que llevaba de repuesto, porque dos eran poca cosa para abrazar el gran misterio que abandonamos en la banquina de la ruta de un país que no era el nuestro.

Restos fósiles de un mechón de pelo se esparcen como hilos porfiados que dibujan bucle, tirabuzón, enredan el índice de un juego anterior al sueño, la osadía. Resorte si acaso al oírte tan breve voz diga, indique una señal que le haga ruido musical a la tripa, se lea en ella un sí con brillo de diamante y núcleo solar. Abrigo de días congelados, paz para el desastre natural, el cataclismo del silencio cognitivo, impostado.

Va a salir, ya va a salir. Falta práctica, irá emergiendo de su centro y se instalará, la llaga se hará un callo y despertaremos con otro conocimiento, un nuevo escudo, aunque el frío siga astillando el hueso de la memoria, lo perfore, le haga trenzas, lo condene a este vuelo permanente de sin alas, de sin cielos, errabundo.

Tenía no una vida sino varias por ser tuya porque una no abarcaba la inmensidad de los deseos, intentos blanco y negro que desiertos se quedaron en la torpe elegía de un pie solo —sólo uno— que alcanzó para quedar atornillada en una espera sin sorpresas.

Miguitas de olvido permanecen intactas en la mesa, en los zócalos.
En la caja plástica de uno de mis discos preferidos.

archivado en: del azúcar y el parmesano

13.5.12

Yodo

Cuando el médico me dijo que sentiría una sensación de calor en la cara, el pecho y la zona genital, confieso que me entusiasmé.

En el bar de enfrente de la clínica estaba esperándome un hombre al que estaba por conocer y lo que me tenía preocupada, no eran los ocho vasos de líquido de contraste ni el yodo que me iban a inyectar en la vena, sino que llegaría tarde a la cita.
No me gusta hacer esperar a la gente. Es algún tipo de trauma. Dicho de otro modo: no me gusta hacer aquello que odio me hagan y tal vez mi problema con las esperas es la especie de ejercicio vocacional que ejerzo con ellas. Puede tener que ver con miedo a afrontar las cosas. Algo así como "no acción"; simplemente me siento a esperar que algo suceda sabiendo de antemano que lo único que sucede es el tiempo. Así es como vivo, lo que en realidad tiene un solo sinónimo: espero.

Lo que pasó dentro de la sala no tiene nada de emocionante, un pinchazo en la vena mala, la guía, el antihistamínico y luego el escaner de mi cuerpo a 4 colores RGB. Lo normal, excepto una breve sensación de incendio, algunas bromas que hacían los médicos como para distender un momento que sólo me resultaba engorroso porque estaba llegando tarde y no me gusta que me esperen.

No pensé ni por un segundo que me harían desvestir. Era obvio, pero no lo tuve en cuenta. Es decir, cuando uno va al ginecólogo o a cualquier otro especialista sabe, se prepara de determinada manera. Lo mismo sucede con las citas. Si son románticas, si son primeras citas, si hay cuestiones laborales de por medio. El no tener pareja y la total libertad de establecer relaciones con diferentes hombres implanta en uno ciertas rutinas de cuidados específicos. La apariencia exterior tiene pocas variantes, debajo de la ropa, depende del caso.

Cuando el médico me cubrió con una manta me sentí un poco avergonzada: no me había depilado. En esa sala hacía demasiado frío y le agradecí el gesto, aunque en realidad sé que fue ahí cuando vio mis piernas y creo que hubiera preferido congelarme a exponer el grado máximo de mis miserias.

Al salir tuve incontenibles deseos de vomitar. En el baño me quedé sentada esperando que pase o suceda. Otra vez esperar. Y la sensación se fue. Me miré en el espejo y me vi muy pálida, el cabello demasiado electrizado. No era más que una reunión de trabajo pero nunca se sabe como puede funcionar la heterogénesis de los fines y la apariencia externa no debe variar. O sea, no es que pueda hacerse demasiado, pero ya que lo hacemos que sea lo mejor que se pueda.
Tomé mis cosméticos y me maquillé como a la mañana antes de salir de casa. Un poco de base, rubor, delineador y apenas un toque de rouge para dar brillo. No me quedan bien los labios pintados. No ahora. Hace algún tiempo solía realzar la boca. Mi boca era bonita. Ahora no lo sé, mis facciones cambiaron, el rostro se fue consumiendo, el tejido se reabsorbió y quedan huecos por todas partes. El maquillaje convierte las facciones en algo burdo. En lugar de mejorar acentúa los defectos.

O es que nunca supe maquillarme bien.

No tengo demasiadas envidias, no más de las corrientes. Claro que quisiera ser más alta, tener brazos finos, digo: una belleza armónica, prolija, no demasiado rimbombante. No pretendo ser una modelo, no es eso. Creo llevar bien mi edad y he tenido épocas de mucha más disconformidad con mi cuerpo que ahora. Es decir, me conformo. Pero sí envidio poderosamente a las mujeres con buena piel. Cuando digo buena piel no me refiero a arrugas. Esas son parte de lo inevitable y tienen su gracia. Me refiero a lunares, pecas, manchas, comedones y ese tipo de imperfecciones que más tienen que ver con lo hormonal. Envidio los cutis tersos, cristalinos, que siempre parecen recién lavados. No tiene que ver con juventud. Conozco mujeres mayores que yo que tienen esa virtud, la mejor de las cualidades que engloban la belleza. La piel es el órgano más importante del cuerpo. Es el que se muestra en la apariencia externa.
La piel es tu pancarta.

Cuando estoy en planta baja siento ganas de vomitar nuevamente.

El hombre está esperándome. Es muy alto, parece tener diez años menos de los que acusó por teléfono. Está en buen estado físico y más tarde sabré que es porque entrena mucho y se dedica básicamente al deporte. No está mal. Creo que para cualquier mujer del planeta resultaría atractivo. No para mí. Es demasiado aséptico, pulcro, hay algo femenino en su aspecto, tiene una piel que, si fuera de mujer, envidiaría. Y manos grandes.
Las manos grandes me gustan. En alguna época me parecían un detalle importante. Hasta que me enamoré de un hombre que tenía manos pequeñas, todo él era pequeño y me di cuenta que la verdadera armonía está en el semejante, el encastre justo. Además estaba el amor, esa especie de dispepsia emocional, que luego sería la náusea de la ansiedad, el retorcijón del desasosiego, la fiebre de la angustia, el mareo del deseo.
Quiero decir, los detalles se pierden cuando el sentimiento es poderoso, la atracción es racional, pasa por un carril diferente. Supongo que una mezcla química-sexual-intelectual. La similitud con uno. La cosa afín.

Luego de él, siempre me atrajeron los hombres bajos, pequeños. Aunque esa pasión que sentí no volvió a repetirse jamás. El tiempo y las frustraciones hacen que la atracción hacia el otro cambie, todo es más ficticio o forzado, el amor no vuelve a suceder, aunque uno siga esperándolo, por idealismo, o ingenuidad o por pura vocación.
Sería algo más o menos así: sin darte cuenta pasás de estado sólido a gaseoso. Una vez flotando, intermitencias, alerta meteorológico. Luego tormenta eléctrica.
Y llovés. Llovés mucho hasta quedar líquido en un charquito que se congela con el frío y no hay sol, o mejor dicho, los soles cada vez calientan menos.

Esto es lo que ocurre. El hombre es atractivo, tiene una conversación interesante, coincidimos en David Lynch y me revela un par de pistas en las que no había pensado antes. Es inteligente. Es tolerante, ha esperado cuarenta minutos en ese bar. Ha soportado que saliera a fumar en mitad de la conversación, no lleva anillo. Pagó la cuenta, quedó en llamarme para volver a encontrarnos.
Por un momento imaginé esas manos largas acariciándome. Pero fue un instante, una sensación transitoria de calor, menor a la del yodo corriendo por mis venas horas antes.

En estos días, pensé bastante en la muerte. Pero no en forma temerosa, ni tampoco porque me preocupe. Me inquieta imaginarme en una larga convalecencia antes de la agonía. No tengo claro quién, fuera de mi familia y pocos amigos, vendría a traerme libros o a conversar un rato, a hacerme compañía; me alarma no saber si en la clínica podré escribir, si tendré la fuerza suficiente como para despedirme del mundo con palabras, si podré dejar testimonio hasta el último momento. Ese tipo de cosas
Tengo demasiadas ideas para desarrollar. Muchos apuntes por rellenar y morir en breve sería una verdadera pena. Porque este es mi mejor momento creativo y tengo mucha fe en mis capacidades.
Quiero decir, no sería justo morir ahora.
Quiero decir, me intranquiliza que no haya un hombre en especial que sufra por mi muerte.

En una calle perpendicular a Cabildo hay una feria americana que vende ropa usada a precio de nueva. Pero la dueña tiene uno de los mejores sentidos estéticos que conozco. Un buen gusto innato. Todo allí es comprable. Tal vez ella sea o haya sido curadora de alguna galería o museo. Suelo confundirme bastante con los criterios de belleza. No coincido con mucha gente, sin embargo, esa mujer elije cada una de las prendas que vende como si fueran obras de arte.
Y lo son.

Me pongo a revolver entre los percheros de vestidos de fiesta que jamás compraría porque no voy a fiestas y porque creo que los vestidos de fiesta son para gente muy diferente a mí. Conceptualmente diferente. En todo sentido, a eso me refiero. Sin embargo me quedo embelezada frente a un solero de seda con un bordado de dibujos extraños. Algo hindú. Es en este momento en el que soy consciente de que lo que llamaría “ataques de fantasía súbita”, está por empezar.

Sucede de esta manera: a veces tengo la sensación de estar viviendo en un plano irreal, una vida aparente. Como si estuviera del otro lado de la vida, en otra frecuencia, o fuera la representación de la vida de otra persona. Una actriz que hace “de”. Hay algunas percepciones que creo únicas por esa cuestión egocéntrica que me ronda y acecha; lo más probable es que sea un sentimiento universal. Es posible que cuando se lo plantee a mi psiquiatra me lo aclare, pero de momento me gusta pensar que soy la única persona del mundo que siente así o hace cosas que considero particulares:
Por ejemplo, según el ritmo de mis pasos, tarareo imaginariamente una determinada música en la cabeza. Llevo ritmo. A todo le marco el ritmo.
Por ejemplo, observo mucho a la gente por la calle. Tomo notas. Es una actitud compulsiva.

Con frecuencia quisiera desconectar y volver a ese mundo paralelo y no lo consigo. Así como estoy demasiado atenta a cualquier disparador que me motive a escribir algo, necesito momentos de ensimismamiento.
Considero fundamental encontrar ratos donde la cabeza pare de pensar. Mis sueños suelen ser una continuación, como un apéndice de mis obsesiones. No descanso jamás pese a tener ahora mismo demasiado tiempo para hacerlo.
Dicen que los ejercicios de meditación funcionan, soy dispersa, no creo que pueda lograr concentración como para llegar a un estado de blanco total.

Siempre me sorprendió la capacidad que tienen los hombres de dormir profundamente. Cierran los ojos y ya, al sueño sin escalas.
Mi padre decía: "pongo la mente en blanco". Y luego roncaba polifónicamente. Nadie podía dormir en un radio de quinientos metros de distancia de él.
Poner la mente en blanco. Sería genial poder experimentar algo así. Soy obsesiva hasta cuando estoy bajo los efectos de drogas.
Esto es: uno no puede evadir a su propia naturaleza.

Hace unos días leí algo así: escuchar los deportes antes de acostarse es una buena técnica para no dormirse pensando en uno mismo.
Tal vez ahí esté la clave. Creo que el fútbol marca la real diferencia entre hombres y mujeres. Ese es el abismo por el cual jamás podremos entendernos. El porqué somos tan diferentes.

Aunque pusiera todo mi empeño, me resultaría imposible pensar en deportes.

No sé como se me verá de afuera. No suelo pensar demasiado en eso, me preocupa verme por dentro.
El cuerpo por dentro es bastante desagradable, nervios, tejidos, sangre, fluidos, hay demasiada oscuridad.
Y está la soledad: frente, detrás, de costado a uno. Es parte del juego. Creerse únicos tiene esos bemoles, asimismo, ver mi interior me da consciencia de lo efímero, de lo defectuoso. En resumen: de lo humano.

Con mi nuevo abrigo negro con capucha de piel luzco como una modelo de afiche de vacaciones en Suiza. Algo sofisticado. Contrasta con mi color de cabello, ensombrece prácticamente toda mi cara, me gusta como mi nuevo peinado desaparece ante la tela oscura.
Creo que esta es una gran toma.
Se edita.
Hay detalles que son importantes en la apariencia externa y todo se puede disimular de alguna manera. O embellecer.

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Supongo que ya fue suficiente, que este es el momento apropiado para confesar que nada de lo narrado hasta el momento sucedió en realidad, o al menos no fue exactamente así.
Ahora, sin ningún tipo de remordimientos y con una especie de liberación puedo contar la verdad de los hechos: el hombre del bar no esperó. Ni siquiera sé si fue a la cita.

En determinados momentos hay que recurrir a recursos narrativos que sean de interés. No hay gracia alguna en una cita inconclusa, de todas maneras mi cita ficticia tampoco la tuvo. Digo: posiblemente en el fondo sea honesta y me resulte inconcebible la idea de escribir ficción siendo sincera. Allí la realidad se convierte en otra cosa, en algo figurado, en una fantasía donde las posibilidades son innumerables, donde se puede alterar la realidad a la medida del gusto propio o el del espectador. O tal vez del sentido estético de la dueña de esa feria americana que en realidad era una feria de tantas, llena de ropa húmeda, vieja, gastada.

Sucede nuevamente, el loop que me lleva a la "fantasía súbita" de la que hablaba: entonces, esto que estoy pisando cuando camino y llevo el ritmo de los pasos no es más que el set de grabación de una película de otros. No soy la guionista ni la directora. Soy sólo una actriz a la que no le sientan bien los primeros planos.
Soy la actriz cuyo papel es una espera continua.

Por cierto, el hombre del que me enamoré aquella vez era casado. No hubiese quedado bien hacer esta aclaración cuando hablé de él. De inmediato me hubiera sentido juzgada y con veredicto “culpable”. Lo cierto es que siento casi exclusivamente atracción por todo lo que no pueda ser mío por completo, es una manera de alimentar la insatisfacción y también es una excusa para que la vocación por la espera de alguna manera se justifique. Y esto se traslada a casi todas las cosas.
Esperar también necesita de algún apoyo sólido. La ilusión o la fe, que en este caso son una misma y única cosa, juegan un papel fundamental. Siempre es excitante imaginar que algo va a llegar, aunque no se sepa exactamente qué o aunque ya esté instalado en tu vida.
Trucos de distracción a la razón. Así llamaría yo a estas prácticas.

Y en realidad estaba depilada. Siempre estoy depilada y soy muy cuidadosa de mi aspecto físico exterior e interior. Sin embargo mostrar en el comienzo del relato ese detalle hubiera puesto de manifiesto mi velado deseo de acostarme con el hombre del bar. No hubiera quedado bien. Tener ese tipo de pensamientos previos a que te inyecten y escaneen, deseos hacia alguien a quién aún no conocés y con el que te encontrarás en una reunión de trabajo.
No sé si se entiende.
Quiero decir: no necesito que se me acuse de ligera o fácil. No en una primera instancia.

Escribir una historia parece tarea simple, sin embargo hay un sinnúmero de dificultades que se presentan. Montones de agujeros negros, la verosimilitud es importante. Podés estar contando el hecho más desopilante y mágico, pero ese hecho tiene que ser creíble. El lector tiene que sentirse identificado de alguna manera, aunque sea en forma inconsciente.
Ahí, en el inconsciente es dónde se guardan las ideas más absurdas. Un gran arcón del tesoro. De allí, de la imaginación fantástica es que nacen las grandes historias y supongo que si algo gusta, si se logra esa identificación es porque los subconscientes son parecidos los unos a los otros. Vuelvo a los parecidos, a la búsqueda de pares, a las afinidades, vuelvo entonces a los contraposición de la idea de individualismo, unicidad, solipsismo.

Quiero decir: íntimamente nadie quiere estar solo y el que se jacte de su magnífica soledad miente. Como miento yo cuando relato, e incluso cuando digo la verdad. Se omiten detalles que no parecen tener importancia y son el caldo gordo de los psicólogos. De detalles, de breves acontecimientos es que estamos hechos. Y son molestos porque nos condicionan a elegir un rumbo u otro.
Elegir es lo más arduo, por eso esperar que el destino o lo que sea decida por nosotros es lo mejor. Aunque, de todas maneras lo único que con seguridad sucede es el tiempo.

Por otra parte, no existe sinónimo adecuado para la palabra esperar, excepto vivir. Y ya sabemos que al final el logro, lo que se consigue es exactamente igual para todos. Más tarde o más temprano, más doloroso o más liviano.
Mientras eso transcurre hay que intentar dejar algún símbolo que represente que hubo instantes que valieron la pena, mentiras incluidas.

Por último, la sensación de calor que da el yodo no se acerca ni por asomo a la de una excitación sexual, pero es algo.

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