17.4.13

42

Cualquier cosa que se piense con lógica puede ser engañada por otra que se piense con la misma lógica. 
La forma más fácil de engañar a un robot enteramente lógico consiste en suministrarle 
la misma secuencia de estímulos una y otra vez hasta dejarlo encerrado en un círculo vicioso.  
Douglas Adams


Así las cosas, no más que una exigua luz que alumbra el bulldozer imperturbable de esta demolición anunciada. A gritos silenciosos como puñales de plástico que se doblan en el borde de una copa vacía de misterios.
En la borra se lee la opresión de ciertas noches escurridas sobre un mantel gastado, viejo, pegajoso.
Mientras tanto, las palabras se atragantan en la cúspide del ansia y es necesario que la mecha esté lo suficientemente húmeda como para que la chispa se apague un segundo antes de la explosión.
¿Qué cosa mejor se te ocurre hacer con tus alas resecas?¿El ardid de una soledad que no se negocia, el estandarte vanidoso que no admite sobornos ni favores inquietantes?
[Resultó que aquella ciudad que nos parecía perfecta para orientar nuestro breve paso se detuvo en un espacio limítrofe entre dos líneas de tiempo y ahora sólo es una postal sepia que agoniza sobre un mueble cubierto de polvo].

Así las cosas, apretamos los puños, hacemos caso omiso y cabeceamos una pelota inexistente; es que lo nuestro son otras habilidades:
Por ejemplo, la apatía.
Por ejemplo, la mordaza.
Por ejemplo, cuidarnos del germen de la remota ternura, no vaya a ser que algo nos conmueva y se nos venga encima algún abrazo.
Mientras tanto, soplar tanto humo como se pueda hasta cancelar la pérdida; soplar y hacer botellas vacías de sorpresas.
¿Qué harías si supieras que esa es la última boca que besarás en tu vida? ¿La besarías? ¿O es inimaginable que exista una posibilidad diferente a la que te sodomizaron?
[Entonces también las piernas son torpes, los pies llevan toneladas de plomo y el dolor se hace más agudo en el descanso de una escalera de sólo de diez peldaños: uno por cada amanecer distraído en sudores y lluvias].

Así las cosas, radicales. Todo o nada. A nadie le gusta perder y lo nuestro son otras capacidades:
Por ejemplo, quién se aguanta más.
Por ejemplo, quién no aguanta más.
Por ejemplo, quién es capaz de sostener la gran indiferencia con sólo dos dedos y una firme obstinación, no vaya a ser que se nos escapen un par de sonrisas irrecuperables.
Mientras tanto, la mesa está servida. Hay manjares deliciosos, hay licores espumantes, hay detalles exquisitos, pero está vacía de comensales.
¿Y si descendieras de tu inmensa telaraña, qué calamidad irreversible creés sobrevendría?¿Cuánto pensás que valdrá tu desventura, mañana, cuando la anestesia sea total e irremisible?
[Ahora es un espacio no disponible para carteles, sin embargo, seguimos pintando grafittis con nuestra sangre, olemos a frío y queremos sacarnos del bolsillo las piedras que nos pesan, aunque sean diamantes, aunque sepamos que son las últimas gemas del planeta].

Así las cosas, la junta médica receta avemarías y nos manda a dormir bien tempranito, nos prohíbe terminante que digamos, nos libera el gasto humano, nos exige un onanismo antiséptico, incoloro, analgésico. Marca campos en las pieles, nos prepara para una nueva demolición anunciada.
archivado en: paranoid android

6.12.12

La fin del mundo en Buenos Aires

ULTIMO MOMENTO

Nube radiactiva, lluvia ácida y soretes de punta, producto de un pedo de Macri, cubrieron la ciudad de Buenos Aires y el pánico se apoderó de los habitantes que, desprevenidos, no llevaban barbijo ni escafandra. Tampoco galochas.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS.

Pueden solicitar la máscara antitufo que viene incorporada a la tarjeta SUBE que les vendieron, por sólo 100 pé en todas las sucursales habilitadas. Pagás y te la habilitan al toque. Podés elegir color.

ULTIMO MOMENTO

Se anunció desde Casa de Mayo que en cualquier momento largan a todos los zombies que tienen reclutados; que no le tiene miedo al pedo de Macri y que lo van a hacer mierda.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS

Durante el combate zombie se recomienda no salir a la calle. Comer livianito y tratar de no bardear ya que bastante kilombo hay con la lucha contra el mal.

ULTIMO MOMENTO

El cielo se cubrió de amarillo PRO. Se teme lo peor.

AVISO IMPORTANTE A LOS CIUDADANOS

Si un zombie golpea a la puerta de su hogar NO LE ABRA.

ULTIMO MOMENTO

Clarín miente.

Datos útiles:
*911
Manual de superviviencia ante un ataque zombie
archivado en: la neutrónica ya explotó

16.11.12

viernes verne

Quint Buchholz


No cualquiera emprende una vuelta al mundo en globo y sólo en ochenta días; fundamentalmente teniendo a Honorine todo el tiempo quejándose y con reclamos continuos como corresponde a una bruja verdadera, gran mujer a la sombra de un gran hombre, como bien dicen los aforismos.

"Qué que si me vas a escribir, que fijate si el globo está bien inflado, qué ¿por qué no llevás a Michelito así se entretiene y de paso me deja de joder una temporada?
Es que sola no puedo. Y encima te vas de aventuras, vaya a saber con qué chiruza y yo me tengo que ocupar de todo. Si por lo menos en esta época hubiera Tele, Internet o Playstation. Pero no, ni eso. Al final ¿que soy?, ¿la burra soy?"

Julio escuchaba las demandas de su mujer como quién oye llover, en su mente no había lugar más que para sueños y fantasías. Los preparativos del viaje, la expectativa, la ilusión y también, un poco de temor por lo desconocido; ese mundo nuevo que iba a conocer y vaya a saber las inclemencias y obstáculos con los que se tendría que enfrentar. Se sentía inquieto y preocupado pero feliz, y eso, era tal vez lo que más le molestaba a Honorine que seguía lamentándose mientras preparaba un cantidad exagerada de vituallas.

—Te preparé una mudita y acá tenés una canasta con algunos víveres. Para que no extrañes la comida casera. Seguro que por ahí vas a comer cualquier porquería. ¡No me vuelvas gordo ni enfermo! —exclamó, ya resignada ante la indiferencia de su marido.

Julio, dentro de todo, era un tipo bastante organizado. Antes de partir, dejó la Rémington tapada con su funda, el vaso de ginebra lavado y un cartel prolijamente colocado en un atril que decía:

—Vuelvo en 80. Los amo.

Besó a Michelito y le dijo:

—Quedás como jefe de la familia, cuidá a tu madre que es un poco loca e insoportable pero es una buena mujer. Cualquier problema mandame la correspondencia vía la Asociación de Colombofilos. Acá te dejo la dirección, portate bien y hacé los deberes.

Michelito le sonrió y le dijo:

—Vos fumá, que yo me encargo. Si podés, a la vuelta traeme una brújula para mi colección. O soldaditos. Y alfajores, no te olvides de los Havanna si pasás por Mar del Plata.

La mujer, ante lo inevitable no tuvo más remedio que abrazar a su esposo tiernamente y despedirlo con lágrimas en los ojos.

Mientras Julio se alejaba por el cerco de madréporas violáceas, Honorine gritó:

—¡Aunque sea traeme un perfume!

Tiempo más tarde, al hogar Verne llegó una encomienda con algunos de regalos y una carta que decía:

"Queridos míos:

Mi regreso se prolongará un tiempito más. Enganché una promoción especial y me voy a hacer un viaje submarino de veinte mil leguas.
Después, si todo sale bien, es probable que vaya al centro de la tierra

No duden de mi amor.
Volveré y seré el amo del mundo".

archivado en: cuentitos de taller

15.11.12

Prelude: Song of the gulls



Estoy en un bosque colorido lleno de abejitas, mariposas pintorescas, vaquitas de san antonio, grillos, hormigas y todo tipo de bichos que (de existir una corriente de pensamiento abocada a calificar bondades entomológicas) podrían encuadrarse dentro de lo que llamaríamos "bichos buenos".

También hay una vasta variedad de flores, plantas, arbustos, árboles, yuyos, cannabis, helechos, potus, chacrunas, lianas, raíces y casi la totalidad del resto de vegetales preponderantes del reino que (en caso de haber algún concepto universal con respecto a lo que decoración se refiere y que haya sido homologado por expertos) podrían catalogarse dentro del espectro de "plantas agradables y/u ornamentales".

Por entre los exiguos espacios que dejan los árboles dejando entrever pequeñas parcelas de un cielo refulgiente y diamantino, el sol se filtra produciendo un efecto ilusorio. Son como refracciones leves de luz que asemejan una delicada lluvia de electricidad que (de conocerse estudios aprobados por las Sociedades de Científicos, Físicos y Parapsicólogos respecto a los beneficios de la energía), podría encuadrarse dentro de lo que sería "energía positiva".

Se pueden ver hadas con sus varitas mágicas rociando el lugar de brillantinas, gibrés, papeles picados, purpurinas y otros realzadores de fantasías; y duendes que (también de saberse de algún tipo de reglamentación o ley que juzgue en base a características estéticas) podríamos entonces considerarlos "duendes lindos".

Hay cascadas de aguas cristalinas que forman pequeños arroyos donde los peces de colores vívidos nadan apacibles y se puede avistar una gran variedad de aves bulliciosas cuyos plumajes engalanan la magia del lugar. También hay animalitos pastando felices y pegando saltitos de aquí para allá: ardillas, zorritos, pollitos, cervatillos y todas las demás especies de animales que (de haberse realizado cierta tipificación que haga hincapié en las virtudes de la fauna), serían clasificadas como del tipo "animales simpáticos".

Observo ninfas con coronas de azahares en sus cabelleras, espíritus celestes, elfos apolíneos, serafines sobrevolando la escena, y demás elementos (si fuera posible realizar algún tipo de discriminación geográfica y/o literaria), que conforman los "frutos del bosque" u "ornamentos shakespearianos – tolkienanos - perraultianos".

Entonces, cuando estoy gozando de manera magnífica de un sentimiento de sosiego y beatitud insoslayable y me siento liviana y despreocupada como un dibujito animado; mientras pasan muchas otras cosas maravillosas durante aproximadamente seis minutos y estoy lo más pancha disfrutando la serenidad y belleza sublime de la naturaleza y el conjuro mágico de sus cuatro elementos, es que, de repente, veo salir de atrás de dos árboles (separados, el uno del otro, por una distancia de más o menos diez metros), a dos monstruos horrendos. Uno es Freud. El otro es Lacan.

Se acercan a mí.

Freud trae consigo un hacha y una motosierra y Lacan una caja con herramientas de todo tipo: sacacorchos, martillos, mazas sin cantera, picos de loros, sacabocados, tornos, fratachos, gubias, perforadoras, destornilladores, buscapolos, etc.

Entre los dos me desarman la cabeza, la cortan, le extraen cosas, le meten otras, ajustan, desajustan, mezclan piezas, pierden algunos tornillos y arandelas y realizado el procedimiento se van como si nada... y no importa, porque igual todo esto que sucede no lo voy a recordar porque también me jodieron el nervio de la memoria.

archivado en: desgrabación del King Cáñamo

10.11.12

Salchichones austríacos

El día que ahorcamos los relojes —recuerdo—, estaba la tierra recién húmeda por unas pocas gotas locas que habían caído al amanecer.
En realidad no lo sabemos con certeza. Podrían haber caído en otro momento, como dije: los relojes habían muerto. Los asesinamos con nuestras piernas acopladas. Hipócrita sería decir que no sabíamos que entre ellas el tiempo seguía su marcha. Lo sabíamos perfectamente y la idea de ahorcarlo no fue de ninguno de los dos, fue de las piernas que, por un momento, se fusionaron como plata y mercurio y no dejaron grieta por la que horas, minutos, segundos pudieran escapar. A partir de entonces comenzó la eternidad y como ya no hay más relojes desconocemos si esto es la vida o qué cosa es.

archivado en: yo sólo tengo esta pobre antena.

7.11.12

Librejo de viería

Ahora que la distatro de un mencia se acoliegó en los pliemos de los cuerchos, se hizo estrepos, se perdió entre paladoras turbacabras, en cancieja viena como aerección, que otra vez instamos. Ahora que mil mentas ensaricias las callaron más yerguas y mil lenteras coincidentes aplicaron sus lomadas, sus salivas anheléticas, frenalantes, desabándo los ojos que estabán de guardabienes. Y ahora, entonces ¿habrá que parirle pendón a los dictoses que te prescriptan la risota hipotenusa, el puré de zapollo de los orbitales a las sustentorias, la mora loca garbada con claxos al rujo, el medio que nos suegra, la clupa, la clupa de haber neceado vidrio, y seguir vidrio?
Yo praga. Siempre praga. Aunque no me dure el viento, aunque el bollito sea franciscano. Grapo el prepucio y más tarde lo cobro con la grima, con muñecas voladas, le juzgo veintriciclos mongos al miserere. Mi jugo. Soy un cuero, el mote disparante, la gaita que derriba las caritas de las uñas que te queden de riganti.
Y ahora
que ya no vimos extraños hambreales impenetriles y se abrojó peso a nostras gulas, que dimes y diretes rien de rien celta y otras cremonas, que estamos satisfactos, ¿ahora qué?

archivado en: el revés de la cinta de moebius contiene un mensaje igual al del derecho

6.11.12

Cuasimoda blues



La cara deforme, así la siento.
Como la de un boxeador que perdió por nocaut
o como la de un muñeco de cera derretido por el sol.

Seguramente lo de la cara deforme es una ilusión, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va

Estribillo:
Mi mamá me arma
Mi mamá me arma.

El cuerpo se mueve baila los ojos cerrados.
Hay mariposas rojo en el centro hasta el amarillo.
Y una lucecita
que rebota por el piso el techo de tu cuerpo por dentro.

Los obstinados somos insistentes y tenaces, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va.

Estribillo.

Cada uno lleva su propia abejita que se pierde en las nubes. Algunas veces cerramos los ojos y la vemos volar, nítida ella, nítidas las nubes.

Somos los auténticos reincidentes los originales con estampita de la aduana.
Repetimos
tercos, obstinados.
La burra al trigo.
La burra al trigo.

Me ovidé
El vaso de coca cola en la cocina.
Cuando vuelva
habré olvidado esto.
Y haré otra cosa.

Y de a poco se va saliendo, le dice un tipo a la protagonista, a lo cual ella responde que puede ser que sí como puede ser que no.
Y el tipo se va.

archivado en: con mini toblerones de Brasil

23.9.12

Necrópolis

¿Qué le dio al pequeño dios del centro gris, del abismo?
Luis Alberto Spinetta

Para llegar hasta la lápida, lo mejor que podemos hacer es contar baldosas. Sabemos que son cuarenta y nueve hacia la zona escalonada y luego hay que girar hacia la derecha unas treinta más.

Entre tanto, nos detenemos en el sector de las tumbas de los niños. Juguetes demoledores. Placas de tormento que se lucen impúdicas como si lo sombrío, la ilusión hecha basura, la injusticia, el desencanto fueran algo que naturalmente se expone como puta de la calle.

Le cuento del velorio del angelito, de lo que se siente cuando la cajita es blanca y cabe en ella algo que se salvó de ser persona. O adulto, cosa que no es necesariamente lo mismo, pero a esta altura nos da igual.

Con esta música no se puede vivir, pensamos. O lo pienso yo solamente. Da igual: el deseo de que el otro sea un duplicado de la propia miseria es poderoso. Por eso es lo mismo. Por eso la proyección de pretensiones es una inutilidad.

¿Serías capaz de hacerme un favorcito sin considerar que te estoy mintiendo, haciendo de cuenta que es algo lógico y absolutamente necesario para malcriar cadáveres que se fueron sin la oportunidad de equivocarse a gusto?

Decime que sí, con un gesto tuyo, ahora, creo que podríamos salvarnos del mediocre aburrimiento de esta paz. Y entender, como si de pronto un brillo de esos que siempre están cerca y no vemos, nos exorcizase con sus dones. Entender. Para que los otros también comprendan que lo inevitable no acepta ningún tipo de soborno. No resiste análisis.

Con esta música no se puede vivir. Lo sabemos (o lo sé yo) porque las pruebas están ante nuestra vista, pies, manos, la tierra y los árboles que parecen acostumbrados al silencio y temen al aullido plañidero del viento.

Eso que se ve al fondo parece una montaña de ropa, sin embargo, yo que estuve allí algunas veces, puedo asegurarte que lo sensato es no acercarse demasiado. Hay almas que no encuentran sitio que les resulte cómodo, ya no pertenecen a nada específico y se reúnen unas sobre otras representando un espectáculo engañoso.

Con esta música no se puede vivir. Está claro que no es la primera ni será la última vez en que un acorde a destiempo aniquile la mejor de las sinfonías.
Desde aquí es seductor, pero no dejaremos que nos atrapen. Nos van a consumir las ganas en minutos.

Fijate, si vamos hacia allí entraremos en la parcela de la soledad más desatenta. No hay carteles que indiquen el peligro.
Mejor sigamos por la derecha. Unas treinta baldosas y ya podemos sentarnos a hacer el picnic de lágrimas y rezos inventados para la ocasión.

Con esta música no se puede vivir. Estoy completamente segura (no sé si vos también, aunque me gustaría) de que muchos de los que aquí abajo están, habrán pensado lo mismo.
Si fuera posible, juro que la reinventaría. Y la melodía sonaría exacta ilimitada; este lugar de pronto sería algo más amigable y no estaría de más ir acostumbrándose a la idea de que seremos unos más entre tantos huesos. Casi igual que ahora, sólo que en ninguna parte.

Quisiera que tu alma y la mía hagan caso omiso al deambular embole perpetuo y encuentren un lugar confortable donde el no suceder ya nunca, sea tolerable, donde no haya que preocuparse por músicas ni desamores ni recuerdos ni educación hipócrita ni buenas formas ni antidepresivos.

Donde ya no se vea nada y el lamento sea tan dulce como no sentir.

archivado en: qué calor hará sin vos, en verano

25.7.12

Love will tear us apart


El hombre baja por una escalera mecánica meneando la pelvis.
La mujer sube, y cuando lo ve le dice: "¡asqueroso!".
El hombre le contesta: "¿por que no me la chupás?"
La mujer salta de una escalera a la otra y le dice: "bueno".
El hombre queda petrificado y dice: "¿acá, le parece?"
La mujer baja dos escalones, su boca queda a la altura de la bragueta.
El hombre dice: "pará, pará loca, que vamo todo en cana".
La mujer se pone a llorar con un desconsuelo pocas veces visto en una escalera mecánica.
El hombre la abraza y le dice: "no llorés tontita, lo dije en chiste".
La mujer sonríe. Se besan. Al llegar abajo se dirigen hacia el pasillo que va al subte.
El hombre baja en Av. de Mayo.
La mujer en Diagonal Norte.

archivado en: cuentos de reamor

28.6.12

Yo no sé que es esto, pero sé que es lo mejor para todos (revisited)


Desde esta perspectiva, transitado un camino de largo recorrido, no puedo ver dónde quedó la casilla de inicio, pero sí saber que cerca, muy cerca está la de llegada. Por eso descanso, me siento en una superficie más dura que la veta que alguna vez me heló la sangre, me tomo el tiempo que haga falta, el que sea necesario para avanzar hacia el final de este juego ineludible.

Mientras tanto, en las nubes una grieta por donde penetran salivas sedientas. El horizonte no es una línea horizontal sino una frase interminable que aúlla la soledad de un nombre a repetición. Como disparos de una Mauser.

Algo así es lo que veo. Aunque mi percepción esté nublada como estos días de alfombras de hojas secas.
Cosas muertas o que lo parecen. O que debieran estarlo. Pero nada está tan muerto mientras el murmullo aturda cada capa de musgo, cada micropartícula de tierra.

No es lo que suelen enseñarte en academias, no tiene similitud alguna con estudios basados en el reciclaje de basura, deshechos, despojos de lo que alguna vez fue útil, necesario, imprescindible, aunque no sea imprescindible la palabra indicada.
Sabemos que se puede prescindir de todo, incluso de la vida.

Aunque nada está tan muerto, sin embargo, estos caracoles tienen ojos blancos.

Me pregunto que han de hacer todas las sales que combinan la materia blanca de la ausencia. Esta piedra nos conoce, este oscuro rincón guarda alguno de nuestros secretos, estas hebras de azafrán saben de sonrisas en los ojos, esta cama conoce del vértigo de otros días.

No creo que sea necesariamente esto lo que quiero que se entienda, sino algo más taxativo.
Por ejemplo: fuimos inmensos, juntos nos hicimos grandes, cada uno a su manera.


Y también me pregunto qué hago aquí despabilando nostalgias si es que persiste todo lo admisible y nada, absolutamente nada está tan muerto.

Mientras tanto, la calle es una baba pegajosa que se alarga conforme pasan los semáforos, los árboles, la letal nebulosa de un soplido. El tipo dice:

—Parecieran las diez sin embargo son recién las seis.

Y es cierto. Miro el reloj y son las seis, disiento, no parece nada, es simplemente otoño y sus vahídos, su brevedad y el rasguño que año tras año deja marcas. En las sienes, en las manos, en el hueco neurasténico del instante.

¿Qué importancia tiene que los días se acorten? No sabemos nada del tiempo si es que no hemos saboreado las guadañas, el ruido de cadenas que luxaron las muñecas del fastidio. Empedrados de pena en Buenos Aires City y los huesos que crujen su artrosis. Clase B la película. Clase B el taxi. Clase B las ganas y la protagonista necesita más operaciones para su rostro desfigurado por cirujanos residentes.

Juntamos cosas viejas. Fotografías, trenes de colección, cajas de cigarros y bombones. Atesoramos basura (imprescindible muerta, basura) disfrazada de recuerdos para no dar vuelta las páginas.

Mientras tanto pienso que este capítulo ya lo he leído muchas veces. Este capítulo es un absurdo eufemismo. Si pudieras darte cuenta de lo vano, de lo breve, de lo descabellado que es pensar en permanencias. Más o menos esta es la idea principal, lo demás son intentos, manotazos de ahogado, tablas de náufrago, desesperada y torpe ceguera. Los ciegos ven cosas que jamás podríamos siquiera imaginar.

No se trata de contar una historia de otros, no es escribir un guión apto para la pantalla, no es la idea ni el plan. Se trata de tener la certeza de que no existe plan alguno. Lo básico. Instinto y laissez faire, que todo suceda como una nota al aire. Esperar la desaparición de los inútiles sentidos.

¿Qué superpoder elegirías si te dieran la opción? ¿Ser invisible, teletransportarte en el tiempo, en el espacio, volar, ver el futuro, ser inmortal?
Qué horror ser superhéroe. Todo poder es un dolor tremendo.

Mientras tanto el tipo dice:

—Estoy contento porque hoy hay partido.

Me pregunta si en casa lo veremos. Le digo que no sé, tal vez. No importa. No es importante. Esto quiero quede claro. Lo que no es importante para mí no debiera serlo para nadie. Lo sé. Es pura soberbia, es una más de mis fantasías: el mundo diseñado para mi satisfacción. El ombligo, mi ombligo.
Todo lo demás rellenos: música, televisión, libros, amores ridículos, dormir, soñar, fumar. Meros rellenos. Como migas de panes que barren las astillas. Y la asfixia siempre como una amenaza.

Hasta reinar se hace insoportable.

Lo devuelvo. No lo quiero, bastó un segundo para entender que es agotador ser dios, fue suficiente un segundo para saber que esta es una prueba irrefutable de su no existencia.

Si yo fuera dios acabaría con todas mis estúpidas creaciones.
En un santiamén, así, de un plumazo diestro, y después descansaría. La eternidad sería el gran vacío del aburrimiento.
Si fuera dios empezaría por pensar el modo de suicidarme y me aseguraría bien de que después no hubiera nada.

Mientras tanto, un rato de éxtasis. Una semana (a lo sumo) de conexión con sensaciones escondidas.
Pero poco. Trivial, efímero, bueno para nada.

El final de la avenida es una frase interminable que aúlla la soledad de un nombre.
Como una cámara fotográfica que dispara a repetición una idea que dice que vivir es una enfermedad que afortunadamente se termina.

archivado en: cosas por el estilo

8.6.12

Tutiplén de juegos entretenidos para toda la familia



Perdida en mi bruma púrpura

Una vez más, nadando en un mar de aguas heladas. Uno cree, por un rato, que algo se aprende. Uno intenta descartar lo que nunca va a funcionar, lo que hizo cortocircuito tantas veces y te dejó sin luz. Uno sigue lanzando piedritas al abismo con la esperanza inútil de que haya en el recorrido una mano que agarre alguna y la devuelva sin que te la incruste en el ojo. Con una nota que diga: voy a buscarte, voy a encontrarte.
Pero el agua, ay, el agua... una vez más.


Y ahora piensen en algo hermoso

la noche en geba cuando me agarraste de la mano y yo empecé a sufrir los comienzos de un largo trastorno que hace que veas que todo se mueve como gelatinas.


Colación

los colectivos que se acercaban peligrosamente a nuestro taxi el miedo a la muerte por aplastamiento o emboscada la sensación de que estando juntos y a punto de tener lo que buscábamos nada malo iba a sucedernos.
y los camiones abriendo sus bocas inmensas y exhalando el humo negro desde sus culos profundos los cordones de las veredas irregulares como laberintos abrazada a él en ese taxi eterno nada malo iba a sucedernos.


Tengo un remolino en la cabeza que me amarga la vida

Supongo que la noche en la que me llevé el colchón al living fue el comienzo de mi desagrado hacia los recitales de poesía. Una cosa a consecuencia de la otra.
O viceversa.
Como sea, creo que la poesía no es para leer en voz alta, salvo algunos casos como a un ciego o a un amante, pero no a un auditorio. Si querés que tu poesía, en lugar de leerse se escuche, ponele música, no seás cagón. Y si no sabés música juntate con alguno que sepa y armá un duo y vayan a tocar a los pubs.


Colación II

en el juego de quién miente más él hizo punta y ganó.
en el juego de quién miente mejor gané yo y por afano.


Y ahora piensen en algo hermoso II

La noche en La luna, en Quito cuando se cortó la luz y la lluvia de estrellas que explotaban como cuetes ahí ante los ojos de todos abiertos como ese inmenso pedazo de naturaleza. Todo para nosotros.


Perdida en mi bruma púrpura II

Volviendo a piletas sin agua, mares helados, lo peor de todo el asunto es que ya ni importa. Estamos jugados. Somos peligrosos.

archivado en: tutiplenes de estilo

6.6.12

Mamotreto' s blues

No llegará el coma etílico y de mis dedos, pulso torpe, convulso crecen lo mismo pesadillas.
Lavaba los vasos y el asco me dijo: —saber ver a tiempo.
Antes de la estampida brutal que todo lo arrase,
lavaba,
lavaba,
seguía lavando.
Pensaba: una calle oscura como imagino la muerte de un ebrio camino de cintura, el reventón látigo del miedo, el cielo una cúpula fúnebre y el teléfono solicitado, apagado.
La soledad tan sola sin inmiscuirse entre las caderas de una familia desconocida y a la vez cercana a tanto odio, oídos, ¡oh, dios!

Lavaba y veía que el miedo protege de las avenidas, de rutas suicidas.

Lamenté no descubrir la palabra exacta que lo describa todo, aún sabiendo que no es necesario, que hay demasiada sensación exenta de impuestos.
Junio es temprano y la fiebre se atenúa de a ratos.
Volverá a aparecer mañana y se cuenta con los medicamentos prescriptos: todos ellos usados (deben ser) con pericia, con exactitud de relojero, con ganas.
Nada más hace falta.
El mundo así se eleva, es un globo brillante ante la mirada de un niño.
Y el amor no consta en documentos (no debe), prescinde de razones, se emplanta quietito en el medio del pecho.

Lavaba y rezaba: —no quieras ver dentro de mis ojos, no ahora que supe ver a tiempo.

archivado en: magistral evolution

20.5.12

Tutiplén con photoshop bastante místico

¿Para qué ir al paraíso estando muertos?
Loquero

Churrasco de biblia

Hacemos hilvanes con hilos de mala calidad, son débiles y duran lo que la mayor parte de los conocimientos, las sorpresas y las muestras gratis.

(accented edges: hierba que crece en primer plano, buena disposición del espíritu).


Besame la estampita

Viene a cuento por aquello de las diferencias. Como en el juego de buscar las siete. Y la cagada general —la particular, en este caso ya no importa— es que podés hacerlo incluso sin ver las imágenes contrastadas. Demasiado previsible es cuando mirás para atrás y nada te arrepiente, todo te emociona media-masa.

(diffuse glow: al final de la ruta hay un espejismo, él me agarra la mano para hacer los cambios).


Rosario de silencios

Los murciélagos me producen una fascinación parecida, pero en menor escala, a la que me producen los pingüinos. Pero a lo que iba: una cocinera oriental con un sombrero muy cómico pasa huevos por un colador. Esta imagen se repite varias veces, no sé si es que hay que colar los mismos huevos varias veces o es un truco para alargar la escena. Eso es lo que no me gusta del canal gourmet. No te explican las cosas fundamentales, la raíz del asunto.
No sé para qué me molesto anexando datos, ocupando memoria, escribiendo registros si, finalmente, todo es inviable.

(spatter: si ahora pongo el cuello es para que lo acaricies).


El Apocalypsis según Now

Cuando vengas arrepentido a pedir mi piedad, tendré que recordarte la historia que se detalla a continuación.
Había una vez una caja cuyo contenido era la propia intimidad de cada ser humano del planeta. La caja estaba frente a los ojos, al alcance de cualquier pelandrún y la consigna era no abrirla jamás porque existía una ley de inviolabilidad que si era transgredida hacía que pierdas, como mínimo a tu amor, como máximo la vergüenza.
También existía otra caja que contenía dentro el respeto por los sentimientos de los otros seres vivos. A esa caja estaba permitido abrírsela sólo una vez porque luego no podía cerrarse nunca más
Y había una última caja que todavía no sabemos que contiene o, mejor dicho, es mutable, su contenido depende de la imaginación o voluntad del día.


(chalk and charcoal: no es paranoia, hay un alacrán en mi cabeza).


Yo de fruta pecaminosa te elijo el arándano

Ya sabemos que es la hora, el momento, la cúspide halógena de la cuestión excitante, llamativa, estimuladora y todas esas cosas que más vale ni te explico porque entonces habría que escribir y lo importante es publicar. Ya lo dicen los émulos de O.L., aunque no hayan publicado un catzo y se dediquen a tejer conjeturas. De diferentes modelos.
Unas verdes, otras celestes, unas macramé, otras punto arroz. Conjeturas ralladas, con rombos, arabescos o diseños popcorn.
No se trata de tejer sino de tamizar.
Sólo eso es lo que pido.

(dark strokes: la indignación que me producen ciertas pelotudeces que no puedo evitar ver).


Será que tan salado el mar es luego de que ella se ha bañado en él

La mujer de Lot se ganó el Loto y con el dinero se compró una procesadora de alimentos. Su marido se queja, dice: "esto está soso", y señala el arroz con alcahuciles.

(unsharp mask: con los años uno va pareciéndose demasiado a sus abuelos).


Ay ay ay, qué lindo es vivir en Sacramento

Aceleramos y desaceleramos, es la forma de mantenernos a punto, sin embargo cada acelerada nos deja un aro roto, o el mismo un poco más dañado y cada día necesitamos más aceite, según marca el pelito o algo más tangible, obvio: el rendimiento.

(motion blur: vibra, enciende la luz y llega. Un segundo antes de concluir se congela y queda grabado para siempre).


Agnóstico por mano propia

Suponte que quedas atrapado en medio de una manifestación de taxistas, o dentro de un libro de Laiseca o cualquier otra contingencia similar. A esto súmale que no tienes monedas, que has olvidado el iPod en la cajuela. Este tipo de situaciones son las que dios nos presenta para ponernos a prueba. Y ni siquiera puedes llamar a Movistar para quejarte porque no hay señal.

(colored pencil: la felicidad es un estado intolerable, tengo nostalgia de mi angustia de ayer).

archivado en: tutiplenes generales

16.5.12

Sobre lo que hay en las orillas


Y contame de todo lo que como vos, se derrumbó.
Pequeña Orquesta Reincidentes

Miguitas de olvido se amontonan en las grietas que el tiempo talló en la mesa.

La madera corroída, expuesta a la creciente oscuridad de la noche, tapiada por una crueldad minuciosa, ofensa ignorante, imposibilidad —o lo que no se quiere— de tensar el arco y dejar que la flecha salga y se encienda en los espíritus empachados de bordes desparejos.

Te lloré una noche en la que dejé a un costado las dos manos que llevaba de repuesto, porque dos eran poca cosa para abrazar el gran misterio que abandonamos en la banquina de la ruta de un país que no era el nuestro.

Restos fósiles de un mechón de pelo se esparcen como hilos porfiados que dibujan bucle, tirabuzón, enredan el índice de un juego anterior al sueño, la osadía. Resorte si acaso al oírte tan breve voz diga, indique una señal que le haga ruido musical a la tripa, se lea en ella un sí con brillo de diamante y núcleo solar. Abrigo de días congelados, paz para el desastre natural, el cataclismo del silencio cognitivo, impostado.

Va a salir, ya va a salir. Falta práctica, irá emergiendo de su centro y se instalará, la llaga se hará un callo y despertaremos con otro conocimiento, un nuevo escudo, aunque el frío siga astillando el hueso de la memoria, lo perfore, le haga trenzas, lo condene a este vuelo permanente de sin alas, de sin cielos, errabundo.

Tenía no una vida sino varias por ser tuya porque una no abarcaba la inmensidad de los deseos, intentos blanco y negro que desiertos se quedaron en la torpe elegía de un pie solo —sólo uno— que alcanzó para quedar atornillada en una espera sin sorpresas.

Miguitas de olvido permanecen intactas en la mesa, en los zócalos.
En la caja plástica de uno de mis discos preferidos.

archivado en: del azúcar y el parmesano

13.5.12

Yodo

Cuando el médico me dijo que sentiría una sensación de calor en la cara, el pecho y la zona genital, confieso que me entusiasmé.

En el bar de enfrente de la clínica estaba esperándome un hombre al que estaba por conocer y lo que me tenía preocupada, no eran los ocho vasos de líquido de contraste ni el yodo que me iban a inyectar en la vena, sino que llegaría tarde a la cita.
No me gusta hacer esperar a la gente. Es algún tipo de trauma. Dicho de otro modo: no me gusta hacer aquello que odio me hagan y tal vez mi problema con las esperas es la especie de ejercicio vocacional que ejerzo con ellas. Puede tener que ver con miedo a afrontar las cosas. Algo así como "no acción"; simplemente me siento a esperar que algo suceda sabiendo de antemano que lo único que sucede es el tiempo. Así es como vivo, lo que en realidad tiene un solo sinónimo: espero.

Lo que pasó dentro de la sala no tiene nada de emocionante, un pinchazo en la vena mala, la guía, el antihistamínico y luego el escaner de mi cuerpo a 4 colores RGB. Lo normal, excepto una breve sensación de incendio, algunas bromas que hacían los médicos como para distender un momento que sólo me resultaba engorroso porque estaba llegando tarde y no me gusta que me esperen.

No pensé ni por un segundo que me harían desvestir. Era obvio, pero no lo tuve en cuenta. Es decir, cuando uno va al ginecólogo o a cualquier otro especialista sabe, se prepara de determinada manera. Lo mismo sucede con las citas. Si son románticas, si son primeras citas, si hay cuestiones laborales de por medio. El no tener pareja y la total libertad de establecer relaciones con diferentes hombres implanta en uno ciertas rutinas de cuidados específicos. La apariencia exterior tiene pocas variantes, debajo de la ropa, depende del caso.

Cuando el médico me cubrió con una manta me sentí un poco avergonzada: no me había depilado. En esa sala hacía demasiado frío y le agradecí el gesto, aunque en realidad sé que fue ahí cuando vio mis piernas y creo que hubiera preferido congelarme a exponer el grado máximo de mis miserias.

Al salir tuve incontenibles deseos de vomitar. En el baño me quedé sentada esperando que pase o suceda. Otra vez esperar. Y la sensación se fue. Me miré en el espejo y me vi muy pálida, el cabello demasiado electrizado. No era más que una reunión de trabajo pero nunca se sabe como puede funcionar la heterogénesis de los fines y la apariencia externa no debe variar. O sea, no es que pueda hacerse demasiado, pero ya que lo hacemos que sea lo mejor que se pueda.
Tomé mis cosméticos y me maquillé como a la mañana antes de salir de casa. Un poco de base, rubor, delineador y apenas un toque de rouge para dar brillo. No me quedan bien los labios pintados. No ahora. Hace algún tiempo solía realzar la boca. Mi boca era bonita. Ahora no lo sé, mis facciones cambiaron, el rostro se fue consumiendo, el tejido se reabsorbió y quedan huecos por todas partes. El maquillaje convierte las facciones en algo burdo. En lugar de mejorar acentúa los defectos.

O es que nunca supe maquillarme bien.

No tengo demasiadas envidias, no más de las corrientes. Claro que quisiera ser más alta, tener brazos finos, digo: una belleza armónica, prolija, no demasiado rimbombante. No pretendo ser una modelo, no es eso. Creo llevar bien mi edad y he tenido épocas de mucha más disconformidad con mi cuerpo que ahora. Es decir, me conformo. Pero sí envidio poderosamente a las mujeres con buena piel. Cuando digo buena piel no me refiero a arrugas. Esas son parte de lo inevitable y tienen su gracia. Me refiero a lunares, pecas, manchas, comedones y ese tipo de imperfecciones que más tienen que ver con lo hormonal. Envidio los cutis tersos, cristalinos, que siempre parecen recién lavados. No tiene que ver con juventud. Conozco mujeres mayores que yo que tienen esa virtud, la mejor de las cualidades que engloban la belleza. La piel es el órgano más importante del cuerpo. Es el que se muestra en la apariencia externa.
La piel es tu pancarta.

Cuando estoy en planta baja siento ganas de vomitar nuevamente.

El hombre está esperándome. Es muy alto, parece tener diez años menos de los que acusó por teléfono. Está en buen estado físico y más tarde sabré que es porque entrena mucho y se dedica básicamente al deporte. No está mal. Creo que para cualquier mujer del planeta resultaría atractivo. No para mí. Es demasiado aséptico, pulcro, hay algo femenino en su aspecto, tiene una piel que, si fuera de mujer, envidiaría. Y manos grandes.
Las manos grandes me gustan. En alguna época me parecían un detalle importante. Hasta que me enamoré de un hombre que tenía manos pequeñas, todo él era pequeño y me di cuenta que la verdadera armonía está en el semejante, el encastre justo. Además estaba el amor, esa especie de dispepsia emocional, que luego sería la náusea de la ansiedad, el retorcijón del desasosiego, la fiebre de la angustia, el mareo del deseo.
Quiero decir, los detalles se pierden cuando el sentimiento es poderoso, la atracción es racional, pasa por un carril diferente. Supongo que una mezcla química-sexual-intelectual. La similitud con uno. La cosa afín.

Luego de él, siempre me atrajeron los hombres bajos, pequeños. Aunque esa pasión que sentí no volvió a repetirse jamás. El tiempo y las frustraciones hacen que la atracción hacia el otro cambie, todo es más ficticio o forzado, el amor no vuelve a suceder, aunque uno siga esperándolo, por idealismo, o ingenuidad o por pura vocación.
Sería algo más o menos así: sin darte cuenta pasás de estado sólido a gaseoso. Una vez flotando, intermitencias, alerta meteorológico. Luego tormenta eléctrica.
Y llovés. Llovés mucho hasta quedar líquido en un charquito que se congela con el frío y no hay sol, o mejor dicho, los soles cada vez calientan menos.

Esto es lo que ocurre. El hombre es atractivo, tiene una conversación interesante, coincidimos en David Lynch y me revela un par de pistas en las que no había pensado antes. Es inteligente. Es tolerante, ha esperado cuarenta minutos en ese bar. Ha soportado que saliera a fumar en mitad de la conversación, no lleva anillo. Pagó la cuenta, quedó en llamarme para volver a encontrarnos.
Por un momento imaginé esas manos largas acariciándome. Pero fue un instante, una sensación transitoria de calor, menor a la del yodo corriendo por mis venas horas antes.

En estos días, pensé bastante en la muerte. Pero no en forma temerosa, ni tampoco porque me preocupe. Me inquieta imaginarme en una larga convalecencia antes de la agonía. No tengo claro quién, fuera de mi familia y pocos amigos, vendría a traerme libros o a conversar un rato, a hacerme compañía; me alarma no saber si en la clínica podré escribir, si tendré la fuerza suficiente como para despedirme del mundo con palabras, si podré dejar testimonio hasta el último momento. Ese tipo de cosas
Tengo demasiadas ideas para desarrollar. Muchos apuntes por rellenar y morir en breve sería una verdadera pena. Porque este es mi mejor momento creativo y tengo mucha fe en mis capacidades.
Quiero decir, no sería justo morir ahora.
Quiero decir, me intranquiliza que no haya un hombre en especial que sufra por mi muerte.

En una calle perpendicular a Cabildo hay una feria americana que vende ropa usada a precio de nueva. Pero la dueña tiene uno de los mejores sentidos estéticos que conozco. Un buen gusto innato. Todo allí es comprable. Tal vez ella sea o haya sido curadora de alguna galería o museo. Suelo confundirme bastante con los criterios de belleza. No coincido con mucha gente, sin embargo, esa mujer elije cada una de las prendas que vende como si fueran obras de arte.
Y lo son.

Me pongo a revolver entre los percheros de vestidos de fiesta que jamás compraría porque no voy a fiestas y porque creo que los vestidos de fiesta son para gente muy diferente a mí. Conceptualmente diferente. En todo sentido, a eso me refiero. Sin embargo me quedo embelezada frente a un solero de seda con un bordado de dibujos extraños. Algo hindú. Es en este momento en el que soy consciente de que lo que llamaría “ataques de fantasía súbita”, está por empezar.

Sucede de esta manera: a veces tengo la sensación de estar viviendo en un plano irreal, una vida aparente. Como si estuviera del otro lado de la vida, en otra frecuencia, o fuera la representación de la vida de otra persona. Una actriz que hace “de”. Hay algunas percepciones que creo únicas por esa cuestión egocéntrica que me ronda y acecha; lo más probable es que sea un sentimiento universal. Es posible que cuando se lo plantee a mi psiquiatra me lo aclare, pero de momento me gusta pensar que soy la única persona del mundo que siente así o hace cosas que considero particulares:
Por ejemplo, según el ritmo de mis pasos, tarareo imaginariamente una determinada música en la cabeza. Llevo ritmo. A todo le marco el ritmo.
Por ejemplo, observo mucho a la gente por la calle. Tomo notas. Es una actitud compulsiva.

Con frecuencia quisiera desconectar y volver a ese mundo paralelo y no lo consigo. Así como estoy demasiado atenta a cualquier disparador que me motive a escribir algo, necesito momentos de ensimismamiento.
Considero fundamental encontrar ratos donde la cabeza pare de pensar. Mis sueños suelen ser una continuación, como un apéndice de mis obsesiones. No descanso jamás pese a tener ahora mismo demasiado tiempo para hacerlo.
Dicen que los ejercicios de meditación funcionan, soy dispersa, no creo que pueda lograr concentración como para llegar a un estado de blanco total.

Siempre me sorprendió la capacidad que tienen los hombres de dormir profundamente. Cierran los ojos y ya, al sueño sin escalas.
Mi padre decía: "pongo la mente en blanco". Y luego roncaba polifónicamente. Nadie podía dormir en un radio de quinientos metros de distancia de él.
Poner la mente en blanco. Sería genial poder experimentar algo así. Soy obsesiva hasta cuando estoy bajo los efectos de drogas.
Esto es: uno no puede evadir a su propia naturaleza.

Hace unos días leí algo así: escuchar los deportes antes de acostarse es una buena técnica para no dormirse pensando en uno mismo.
Tal vez ahí esté la clave. Creo que el fútbol marca la real diferencia entre hombres y mujeres. Ese es el abismo por el cual jamás podremos entendernos. El porqué somos tan diferentes.

Aunque pusiera todo mi empeño, me resultaría imposible pensar en deportes.

No sé como se me verá de afuera. No suelo pensar demasiado en eso, me preocupa verme por dentro.
El cuerpo por dentro es bastante desagradable, nervios, tejidos, sangre, fluidos, hay demasiada oscuridad.
Y está la soledad: frente, detrás, de costado a uno. Es parte del juego. Creerse únicos tiene esos bemoles, asimismo, ver mi interior me da consciencia de lo efímero, de lo defectuoso. En resumen: de lo humano.

Con mi nuevo abrigo negro con capucha de piel luzco como una modelo de afiche de vacaciones en Suiza. Algo sofisticado. Contrasta con mi color de cabello, ensombrece prácticamente toda mi cara, me gusta como mi nuevo peinado desaparece ante la tela oscura.
Creo que esta es una gran toma.
Se edita.
Hay detalles que son importantes en la apariencia externa y todo se puede disimular de alguna manera. O embellecer.

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Supongo que ya fue suficiente, que este es el momento apropiado para confesar que nada de lo narrado hasta el momento sucedió en realidad, o al menos no fue exactamente así.
Ahora, sin ningún tipo de remordimientos y con una especie de liberación puedo contar la verdad de los hechos: el hombre del bar no esperó. Ni siquiera sé si fue a la cita.

En determinados momentos hay que recurrir a recursos narrativos que sean de interés. No hay gracia alguna en una cita inconclusa, de todas maneras mi cita ficticia tampoco la tuvo. Digo: posiblemente en el fondo sea honesta y me resulte inconcebible la idea de escribir ficción siendo sincera. Allí la realidad se convierte en otra cosa, en algo figurado, en una fantasía donde las posibilidades son innumerables, donde se puede alterar la realidad a la medida del gusto propio o el del espectador. O tal vez del sentido estético de la dueña de esa feria americana que en realidad era una feria de tantas, llena de ropa húmeda, vieja, gastada.

Sucede nuevamente, el loop que me lleva a la "fantasía súbita" de la que hablaba: entonces, esto que estoy pisando cuando camino y llevo el ritmo de los pasos no es más que el set de grabación de una película de otros. No soy la guionista ni la directora. Soy sólo una actriz a la que no le sientan bien los primeros planos.
Soy la actriz cuyo papel es una espera continua.

Por cierto, el hombre del que me enamoré aquella vez era casado. No hubiese quedado bien hacer esta aclaración cuando hablé de él. De inmediato me hubiera sentido juzgada y con veredicto “culpable”. Lo cierto es que siento casi exclusivamente atracción por todo lo que no pueda ser mío por completo, es una manera de alimentar la insatisfacción y también es una excusa para que la vocación por la espera de alguna manera se justifique. Y esto se traslada a casi todas las cosas.
Esperar también necesita de algún apoyo sólido. La ilusión o la fe, que en este caso son una misma y única cosa, juegan un papel fundamental. Siempre es excitante imaginar que algo va a llegar, aunque no se sepa exactamente qué o aunque ya esté instalado en tu vida.
Trucos de distracción a la razón. Así llamaría yo a estas prácticas.

Y en realidad estaba depilada. Siempre estoy depilada y soy muy cuidadosa de mi aspecto físico exterior e interior. Sin embargo mostrar en el comienzo del relato ese detalle hubiera puesto de manifiesto mi velado deseo de acostarme con el hombre del bar. No hubiera quedado bien. Tener ese tipo de pensamientos previos a que te inyecten y escaneen, deseos hacia alguien a quién aún no conocés y con el que te encontrarás en una reunión de trabajo.
No sé si se entiende.
Quiero decir: no necesito que se me acuse de ligera o fácil. No en una primera instancia.

Escribir una historia parece tarea simple, sin embargo hay un sinnúmero de dificultades que se presentan. Montones de agujeros negros, la verosimilitud es importante. Podés estar contando el hecho más desopilante y mágico, pero ese hecho tiene que ser creíble. El lector tiene que sentirse identificado de alguna manera, aunque sea en forma inconsciente.
Ahí, en el inconsciente es dónde se guardan las ideas más absurdas. Un gran arcón del tesoro. De allí, de la imaginación fantástica es que nacen las grandes historias y supongo que si algo gusta, si se logra esa identificación es porque los subconscientes son parecidos los unos a los otros. Vuelvo a los parecidos, a la búsqueda de pares, a las afinidades, vuelvo entonces a los contraposición de la idea de individualismo, unicidad, solipsismo.

Quiero decir: íntimamente nadie quiere estar solo y el que se jacte de su magnífica soledad miente. Como miento yo cuando relato, e incluso cuando digo la verdad. Se omiten detalles que no parecen tener importancia y son el caldo gordo de los psicólogos. De detalles, de breves acontecimientos es que estamos hechos. Y son molestos porque nos condicionan a elegir un rumbo u otro.
Elegir es lo más arduo, por eso esperar que el destino o lo que sea decida por nosotros es lo mejor. Aunque, de todas maneras lo único que con seguridad sucede es el tiempo.

Por otra parte, no existe sinónimo adecuado para la palabra esperar, excepto vivir. Y ya sabemos que al final el logro, lo que se consigue es exactamente igual para todos. Más tarde o más temprano, más doloroso o más liviano.
Mientras eso transcurre hay que intentar dejar algún símbolo que represente que hubo instantes que valieron la pena, mentiras incluidas.

Por último, la sensación de calor que da el yodo no se acerca ni por asomo a la de una excitación sexual, pero es algo.

archivado en: felicitaciones si llegaste hasta acá.

17.4.12

Intento con palo santo y tramontina

Mientras el mar se retira con su aburrimiento de alga la sospecha del no regreso recrudece y llorás sobre la arena húmeda que se esfuma entre las pulgas de la noche. Se envenena un deseo, se impregna de pócimas letales y los labios entreabiertos no comprenden, no se alertan del pavor de lo real, la crueldad de un destino que debiera iluminar pero es oscuro como la visión fantástica y el rumor de olas que se van, como quien exhuma los restos de un amor y deja en el espejo sus huellas viscosas. Como un caracol que recogés y metés en el bolsillo. Uno más para la colección.

El cuaderno en blanco a la espera de una inmunidad tan exacta que tropiece con sus metas y las rompa en mil estrellas. Que se lluevan o se enfermen mientras cantás silencio y falsetes que no salen, tarareo indescifrable. Nada se ha perdido en entretiempo: este dolor era esperable y gritarlo es todo lo que falta.

Virutas rizadas aroman resina madera. La oscuridad es menos sola si soplada hace efectos de círculos dorados.
Angelitos del miedo ilimitado de la infancia.

(la parte más real del sueño es donde se asesina sin atenuantes —joy division omnipresente—, y nada en el espacio es sustancia).

Y al final humo.
Y al final, calma.

10.4.12

Tutiplén con gran cantidad de aforrismos


Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.

J. M. Fonollosa

Receta para una vida pulenta

La vida muere lenta en su orden aleatorio, tiránico, random de cadáveres descartes.
Y paladas: cantidad necesaria para construir tu propio pozo.


Mamboretá D

Son como pequeñas caparazones del color de las de cucarachas que adentro tienen las esporas. Las traen las hormigas con esa estúpida laboriosidad que nadie les pidió.

Y casi por inercia, me desespero por cosas aún más tontas. Es que cada tanto hay que cambiar de obsesiones, sino la vida marcha por los cauces naturales y serenos y todo se vuelve aburrido al punto de querer salir a matar grillos o algún otro animal noble.


El mojón que se secó con el sol

Por un tiempo habitará la incertidumbre no conocer el exacto lugar del precipicio que marca cuánta es la distancia, porque el mundo se partió en dos mitades y no sabemos en cuál de las dos estamos.


Hot rod souvenirs

Si el amor no es capaz, si su terca torpeza se manifiesta en un escape permanente, en huidas silenciosas, si no puede porque no es, o no quiere, o por cualquier motivo que determine inoperancia en el sistema, más vale tiralo y comprate otro. O buscá el rincón donde fumarte unas sequitas de contexto, ubicate en actitud amotivacional y escuchá una de Crimson o un disco entero, incluso varios. Y prestá especial atención al modo en el que los sonidos se separan de la música que hay en el aire en la cabeza.

Entendé que este momento, lo que está sucediendo por fuera del mundo, es un rato.

Y que puede ser grandioso.


Líder mundial en testeo de soruyos

La luz roja de sus ojos anunciaba tormenta eléctrica. Yo intenté fumar su ira de a bocanadas breves, como al descuido, como quien no quiere la cosa, como el último abrazo, como dar las gracias.
Pero sólo vi una mueca donde alguna vez hubo sonrisas y también dos manos maulas como pájaros sin cielo.


Zeppelin trip y tres perritos de mierda que no paran de ladrar

Despierta. Los ojos enormes. Me asombro (desde la ventanilla la mirada hasta donde empieza la zona del puerto, el cielo, primero violeta, después rojo furioso y al llegar naranja). Tanta belleza. Me salva. El día.


Casino Royal (en polvo)


Cuando la fichas caen todas juntas y ves que los colores son definidos, clarísimos, que no hay confusión ni ambigüedad alguna, y pensás ¿cómo pude estar ciego tanto tiempo?, inmediatamente deberías recordar las 14.000 veces anteriores que sucedió lo mismo y entonces, ser vivo por una vez y enterarte de que las cosas no son por sí mismas, que en nada influyen los otros, que las cosas son lo que ponés en ellas.

Y que si les ponés mierda, serán mierda.


De las historias que teje mi mente mientras miro fijamente el MilkDrop del Winamp intentando dejar la cabeza en blanco, autohipnotizarme


Demasiada deuda en la lista de mí misma. Se idealiza lo perdido: juventud relacionada con belleza.
Yo no hice más que vivir un sueño de otra parte.
Hoy estoy conmigo. De manotazos de ahogado pasé a buscar la tierra firme. A enraizarme pues volar es un peligro y más ahora que hay tanto pájaro cagándote en el hombro.



Qué hermosa sería  nuestra vida si vos fueses otro

Los obstinados tenemos la costumbre de confundir gato por liebre, de que nos den chicha por limonada, de gastar pólvora en chimango, de pedirle peras al olmo.
Los obstinados estamos condenados al fracaso. Lo sabemos, y aún así insistimos porque en el fondo no somos más que unos románticos pelotudos con fe.


Mi media medalla

Pero la balanza se acurruca hacia un costado, se acomoda en línea plana y duerme a tu favor. No será posible recompensa alguna, la traición nos deja anclados en la zona de la furia, el desconcierto, inmóviles, débiles dentro de la sombra de lo que fue amor, deseo, guerra.
Te imagino sonriendo. Sé que no es más que eso lo que podrás, apenas un mohín que disimule tu agonía. Ya no hay odio sino pena. Desde que descubrí un témpano malvado entre tu pelo el corazón se congeló.
Pero es muy tarde y la venganza irrumpió en forma natural. Estaba escrita desde la noche en que nos apropiamos de un café que no era nuestro. Todos sabían del desastre y huyeron antes, como los animales cuando presienten un tornado un maremoto un incendio.

Y nosotros quedamos atrapados en lugares desde donde no hay regreso.


Literal

Todavía abrigo esperanzas, les pongo mantitas, les prendo la estufa, les hago sopitas calientes.
 
archivado en:  tutiplenes de amor amor amor...

3.4.12

DSM IV: la increíble historia de Claribel y su tío Horacio

Es como una mueca de estupor. La garganta que se cierra, algo de taquicardia unas veces, otras una inmovilidad como de estatua, un silencio de crecida. Pero siempre el alerta. Los ojos cerrados percibiendo, imaginando qué clase de show macabro se está montando afuera, en la oscuridad.

Algo que no es real, no, no puede serlo, sin embargo están todas esas marcas, los sonidos, las palabras retorcidas como torniquete que en lugar de cortar la hemorragia la asfixia, la interpretación inequívoca del significado de la cinta del revés, la excusa donde poner las tristezas, las culpas, la baja autoestima, la maldición materna y sus sonajeros de pastillas de colores, un ojo, muchos ojos, todos los ojos mirando la vida de costado.

Y papá. Lo que papá hizo. Lo que papá no hizo. Lo que no hizo y no hará porque está muerto y hay uno menos a quién reprocharle tu miseria.

En el conjunto de factores el núcleo es el miedo, desde allí parten como lanzados desde agujas hipodérmicas el resto de los malos tragos: desconcierto, huída, y dónde ir ahora que ya cerraste la puerta, ahora que todo es lejos y gastado, ahora que no se sabe quién es el que va a clavarte el próximo cuchillo.

¿Será tu madre? ¿Tu hermano? ¿El portero de la oficina? ¿Tu amiga del alma? ¿El cajero del supermercado? ¿La simpática florista que seguramente, entre los ramos esconde víboras venenosas? ¿La mujer almibarada a la que le escuchaste te amo cientos de veces hasta el hartazgo? ¿Será tu perro (ese tan fiel) el que morderá tu mano?

Los médicos dicen de trastorno delirante, algo que tu mente imagina: tu novio acostándose con odaliscas, vaquillonas orientales, vírgenes de call centers, travestis de flequillo, alzando sus faldas pre-cocidas, marcadas apenas para cuando se les pida el plato principal.

Espero que sepan disculparme. Esto que acabo de escribir antes es real. Sucedió. Sucede siempre. No hubo mala fe. Jamás la hubo. Ni siquiera cuando te acostaste con un pibe en tu cama matrimonial y no tuviste corazón para lavar las sábanas. Ni siquiera cuando te fuiste sin más explicación que el silencio, dejando allí paredes que chorreaban el rojo de la traición y de la fábula.

Me voy de tema. Pero es que pasan cosas que no comprendo. Intentan hacerme creer que no es para tanto, que ya va a pasar, que el tiempo, que hay unos trucos infalibles para superar estos estados de desorientación lúcida: "leete este libro, gordi, te va a ayudar. Buscá en el capítulo 7, la parte que dice..."

Tu hija o tu hermana, da lo mismo, te dice que lo que vos sabés está detrás de la cortina es el reflejo de hojas de árboles que se mueven porque afuera hay viento, que si salieras un poco de acá adentro lo sabrías, pero claro, no podés, las piernas te pesan. Y te pesa el culo. Y te pesa la vida. El ánimo te pesa. Ella no entiende nada. Ella jamás sabrá que lo que hay detrás de la cortina es un alacrán que en cuanto te duermas va a picarte y el veneno se transformará en un fantasma que correrá por tu sangre permanentemente, al acecho. Como una enfermedad infecto contagiosa.

Pasan cosas feas, papá. A la noche se celebran orgías satánicas en el altillo. Aunque me tape la cabeza con la sábana, aunque ponga la radio debajo de la almohada yo escucho, es una melodía de tambores, una voz que no es de este mundo y los gritos y las risas y los llantos. Yo escucho. Creo que si hay tormenta voy a morir de terror. Dejame la luz del pasillo prendida, papá, por favor.

Las agujas disparan más perturbaciones: obsesión compulsiva. Los médicos lo llaman síntoma de trastorno de ansiedad. Suena bien a la hora de presentarse: "Hola, mi nombre es Teresa y sufro trastorno de ansiedad, hace dos días que no cuento los números de los boletos, baldosas, azulejos, hace dos días que no puedo dormir". (Aplausos). Al menos, suena mejor que decir: "Hola, mi nombre es Carlos, soy borracho, hago cosas horribles cuando tomo alcohol, lastimo a los demás, a los que dicen quererme pero están en mi contra, dicen querer ayudarme, pero vamos, pásenme otro trago, eso sí me sería realmente útil".

Pero el núcleo (no olvidemos) es el miedo. Todo lo demás se diluye un poco cuando ataca. Todo lo demás puede "encauzarse". Hay tratamientos. O eso dicen.
Hay terapias alternativas y lo mejor, lo más recomendable en pasillos carcelarios y hospitales: hay que tener fe en dios.
Eso ayuda.
Dicen.

archivado en: historias de gente pirucha

28.3.12

¡Vamos que venimos!

 Como es de público conocimiento, Rosana (Luc) Gutiérrez es, desde hace varios años, “la señorita maestra resacada” y lleva adelante (o por delante) un hermoso taller lleno de creatividad, algarabía y educandos deseosos de aprender el oficio de escribir burradas que suenen lindo y colorido.

A lo largo de estos años, he logrado que gente irresponsable, inescrupulosa e inestable emocionalmente cumpliera consignas que diseñé con gran empeño, y pudieran no sólo retomar el camino del trabajo y el esfuerzo, sino también escribir cuentos y misceláneas de la puta madre que me llenan de orgullo y me avispan el alma.

Este año retomamos con mucha fuerza y entusiasmo. Con ideas nuevas y promesas que, como es usual, posiblemente no se cumplan en tiempo y forma. Pero no importa, todo lo que sube baja (menos los precios y los globos aeroestáticos).

Empezamos en Abril (métanle que es la semana que viene), un mes hermoso para actividades intelectuales porque empieza la fresca y es mejor quedarse en casa con las gipes y otros flagelos que pululan por las grandes ciudades del mundo. Tiempo propicio para, en vez de perder tu tiempo mirando los muros de gente que ni conocés, escribirte algunos cuentos y decirle a tu mamá: — ¿Ves? Vos que decías que soy un bueno para nada, acá tenés mi “Composición tema el cebú”. ¡Chupate esta mandarina!

Las experiencias pasadas (y los altos costos de locatividad) hicieron que una vez más decida solamente implementar la modalidad virtual que tiene una serie de inconmensurables ventajas a saber:

1. Es más barato. No sólo el bono contributivo sino que no implica gasto de envío y/o traslado como por ejemplo, viaje en bondi, tren, aliscafo o medio que se precie de tal. Sin contar las mentitas para el camino, las tentaciones mundanas al pasar por librerías o bazares, las contribuciones a indigentes, el riesgo de que te choreen el celular o el coso de los cosméticos.

2.  La comunicación es constante. La seño está siempre. Siempre que no se le rompa alguna cosa tecnológica o le caiga un rayo al router, o se vaya a lo de alguno de sus novios y/o allegados.

3.  No te morís de frío en invierno.

4.  No te cagás de calor en verano.

5.  No tenés que ver gente si no te da la gana.

6.  Escribís cuando se te canta (dentro de los estrictos plazos que la seño impone y TODOS deben cumplir).

7. No es necesario bañarse porque nadie se da cuenta.

8. Podés enviar tu trabajo en piyama si ese día te pintó el bajón o en ropa de noche si te vas a un casamiento.

9.  Este año habrá, si hay suertecilla y Alá nos acompaña, varios grupos: uno de “avanzados”, otro de “intermedios” y otro de “principiantes”. La inclusión en cada uno queda a criterio personal. Cada uno sabe qué necesita y si no lo sabe les tomo una prueba y decido yo. (¡Todos a Marzo!)

FAQs

 ¿Y cómo hago para inscribirme?

Me escribís un mail a laresacada[plimplim]gmail.com y te informaré gustosa. O me mandás un mp por feisbul


¿Es necesario tener experiencia previa en actividades parecidas?

No, no es necesario ya que aquí entre el hermoso grupo humano que conformamos te guiaremos y atenderemos todos tus requerimientos.

¿Tengo que saber escribir?

Sí, es condición excluyente que hayas sido alfabetizado como dios manda. También leer.


¿Qué hago si nunca escribí un cuento?

Yo te ayudo, no te preocupes.


¿Me sentiré incómodo porque mis compañeros son genios y yo un pelandrún?

No habrá incomodidad de ningún tenor graso ya que para eso se ha pensado en la taxonomía del asunto. Si estás inseguro, o no te animás mucho, anotate en el de principiantes y vamos, de a poquito, venciendo los avatares de la psiquis y la pluma y la palabra.


Vivo en el exterior, vivo lejos de Buenos Aires ¿Puedo participar?

Por supuesto. Somos un grupo globalizado, internacional y democrático. Tenemos talleristas de diferentes zonas de la galaxia: España, Uruguay, Ramos Mejía, Bragado, La Rioja, Villa Tesei, Núñez y Zambia.


¿Se puede pagar por e-mail?

No, pero hay otras maneras efectivas como pay-pal, western union, moneygram, transferencia bancaria, nos juntamos por ahí, venite a casa, etc.


¿Es estrictamente necesario pagar?

Si, porque yo me quemo las pestañas y los sesos pensando en mejorar el servicio y en ejecutar acciones para tal fin.


¿Existe un Compromiso Resacado, como el Compromiso Carrefour?

No, pero la promoción especial de Abril incluye importantes sorpresas:


SE SORTEARÁ ENTRE LOS DIEZ (10) PRIMEROS INSCRIPTOS:

UN (1) simpático y útil gato chino que mueve las manitos y ahuyenta a los bichos del jardín, dejándote más tiempo para disfrutar de la vida.




¡NO TE LO PODÉS PERDER! ¡LLAMÁ YA!

Sin más que decir, abierta a consultas, propuestas y todo tipo de efluvio biodegradable, me despido cariñosamente de todos ustedes.

Y si tienen dudas, preguntenlén al alumnado que tengo acá y no me deja mentir.

Muchas gracias, buenas tardes, mucho gusto.

Con amor.

La Seño.

24.3.12

Zapping lejano con río y ojos turcos


El dolor de espalda y de cabeza se rearma mientras pienso y oigo la televisión que está encendida en la cocina. O es el cigarrillo. O es que hoy el río no tenía nada de especial, excepto él.
Él y el cielo.

— ¿Podés imaginar, verte ahí dentro? —le pregunté. Y se quedó mirando un tiempo que me pareció largísimo, tratando de verse hasta que le dije:

—Yo sí, yo puedo entrar y salir cuando quiero.

Ahora Juan Alberto Badía recita Imagine sobre el fondo de un flaquito que canta la canción y lleva anteojos estilo Lennon. Es crónica tv y Badía está viejo. Pero insiste. Badía insiste y yo recuerdo que hace un siglo dormía con él bajo mi almohada. Y hoy está viejo. Estamos viejos.

El chico me preguntó:

— ¿Que es lo que hay en el suelo cuando entrás al cielo?

—Es como espuma.

—Me imaginé hielo.

—Hielo hay en esa zona —dije y señalé las nubes oscuras—, en esta que te decía hace calor, son las luminosas, ahí es donde hay que estar.

Apenas podía sostenerle la mirada. Ojos turcos. Y me moría porque me besara.

—Dale despacio porque pega —avisó él y yo le di despacio.

Y pegaba, sí, cómo pegaba.

Hay unas mujeres que discuten. Son vedettes o algo así, también hay unas chicas de esas que bailan en los programas de cumbia con polleritas amarillas ínfimas y unos culos impresionantes. Están llorando en un programa de chimentos. Eso creo es lo que está sucediendo en la pantalla de la cocina.

En otro momento de mi vida (hace poco, muy poco), lo habría besado sin pensar en consecuencias, creyendo que hacer lo que uno quiere en lo que respecta a besos está bien. Arremetiendo.
Pero debo adaptarme a mi nueva situación de persona adulta. Y eso hago aunque me aburra bastante.

Cantaba boleros, me dijo: —ahora te toca a vos.

Y yo le canté “Por ti contaría la arena del mar” —escuchaba mi voz como si fuera un pensamiento, desde adentro, como aquel ícaro que creí cantar a dúo con el chamán—

Definitivamente, es el pucho, tengo que dejarlo y cómo cuesta. Y también el río que hoy no tenía nada de especial. Excepto él.
Y el cielo.
Están pasando un documental de animales que sobreviven en el desierto. Ahora hay una familia de castores o algo así. Comen unas plantas transparentes que parecen extraterrestres. Y hacen acopio de bellotas.

Pegaba fuerte. Me sentía un poco perdida y como recién nos conocíamos no tenía la intención de ser tan yo, revelarle en diez minutos todos mis secretos, aunque creo que ya conocía por lo menos la mitad.

—Te escuché llorar la otra noche.

—El mío es un llanto universal —le dije y se rió.

Era lindo. Ojos turcos. Una criatura, carajo. Y yo quería que me bese. Saqué cuentas: podría ser su madre. Perfectamente.
Puta madre.

Hay una muchacha embarrada que baila una canción de Shakira, creo que es un viejo programa de Tinelli o uno de esos.

Era lindo y tenía una sonrisa linda y una boca linda que yo deseaba probar. Pero le hablaba en forma maternal. Una criatura. Me trajo un regalo. El río se puso más gris y empezó a hacer frío. Cantaba boleros: “Procuro olvidarte siguiendo la ruta de un pájaro herido”. El cielo se caía.
El agua se caía.
La tierra se caía.

Se escuchan las risas de los chicos desde la cocina. Ven una película de terror clase B y me llaman. Y yo estoy tan triste hoy.
Era una criatura. Maldita suerte haber crecido tanto y no poder volver, no poder nunca más. No poder ser tan yo. Y haberlo besado y que no hubiese importado nada en especial. Excepto él. 

Pegaba fuerte. Sí que pegaba.

18.3.12

Tutiplén con un rejunte de cosas


Tractatum inconcientum

Sobre este órgano que se aloja adentro del cerebro podemos decir que tiene consistencia de flan y que es el órgano más ortiba de todos.  


Alquimista en bolas

Y no es que escriba cosas terribles porque estoy triste y escriba gracioso porque soy feliz. Esto es lo que quiero que mi marido entienda y no se preocupe cuando publique "Las liebres" o alguno de esos cuentos de hondo dramatismo que cuando los terminás de leer te dan un poco de ganas de pegarte un corchazo. En realidad escribir no tiene nada que ver con el humor ni con sucesos afortunados o todo lo contrario, es una práctica, una costumbre, no sé... ¿me repite la pregunta señorita periodista?  


Navi.dat

El cielo un cuadradito pequeño. Ni un alma. Muchos de los vecinos están muertos, los que éramos chicos hoy somos viejos. No parece haber quedado nadie en el barrio. La gente se raja. Nosotros seguimos acá. Y la casa, ahora está enfrente de casa. No salimos a ver fuegos artificiales. Nadie se emborrachó.  


Starwars in Sanisidroland

La luna llena el río la pollera el baile los amigos el gatoáguilaporonga las piedras el tronco cómodo la casita arca la subida con método propulsión a dedos la cámara lenta el trío las rarezas de cada uno la noche.  


Visual Basic 

Se desdibuja en el aire el olvido, todo lo que olvido, dejo por ahí, no volveré a recordar, no reconoceré como propio si alguna vez aparece. Porque hay filos que amenazan pero también una luz azul que apunta hacia mi corazón y dice que haber amado tanto de ninguna manera puede ser malo, pero que mejor olvide, desdibuje en el aire.  


La importancia de la cosa física (obra de teatro de diez minutos de duración)

Milena se mira en el espejo y con cara de enojo se aprieta un barrito de la nariz.

Entra Albert al baño

—Permiso, me estoy meando… ¿puedo? —dice Albert señalando el inodoro.

—Y bueno, si no hay más remedio...

Milena sigue con su limpieza de cutis. Las espaldas de ambos se enfrentan. Albert apunta y el chorrito dibuja átomos.

—Leeremos a Maxwell y pensaremos en la teoría electromagnética de la luz —dice Albert advirtiendo que su mujer se encuentra un tanto aburrida y con el fin de ofrecerle una sana diversión.

—Sí, pero mañana, en un rato empieza el programa de Tinelli —responde ella mientras se coloca la loción astringente.  


Rilke

La tierra un estofado de preguntas que abren uno y otro círculo de los cuales no se saldrá, a menos que comprendas que sólo hay uno, que no es necesario revolver el fondo de olla ni agregar pimientas, que a veces, la hebra más fina, menos reconocible (que sin embargo siempre estuvo ahí, evidente) es la salida. Y que el resto es emergencia.  


Descripción general del asunto

Te enseñan que hay que ser bueno, no te dicen que los buenos son las víctimas.
Por ejemplo:

El héroe, una vez vencido a los malos llega a su casa y tiene que aguantar a su mujer que le recrimina cosas: que dónde andabas que mirá la facha que tenés que por qué no contestabas el teléfono que si pagaste la boleta de la luz-o-COMO SIEMPRE-te olvidaste.

En cambio, el villano una vez realizado el mal, se encuentra con alguna de sus amantes, se toma la mejor droga y come los más deliciosos manjares y cuando llega a casa su mujer lo espera ansiosa por que le firme un par de cheques y todos tan contentos.  


Test de los colores de Lüscher

Es fascinante ver cómo las orquídeas envuelven con sus raíces el tronco y se alimentan de él para luego florecer maravillas exóticas y sensuales.

Una vez me pasó algo así: yo era el tronco que se resecaba y él una orquídea que nunca dio flores.  


Nunca sabremos si lo que creímos nieve en realidad era caspa

Es como ver pasar barcos. Pero estás en una avenida y lo más parecido a un océano es el sudor de la gente que se empuja para recoger las estampitas que caen del cielo con la foto de algún garca de turno.
Mientras tanto, en alguna habitación, hay un holograma encadenado a una cama. Se me ocurre que la cama debe ser lo más parecido a un muelle.  


Instituto de psiconáutica de Villa Dálmine

Una tarde cerca de un río con alguien que la quiera lo suficiente como para poder contener el peso de la cantidad inconmensurable de lágrimas que tiene apretadas en los pulmones. Alguien que las junte y después las mezcle con el agua dulce y todo, todo sea dulce —piensa ella e ipso facto se zampa un chocolate con maní de 100 gs.
archivado en: tutiplenes de ramos generales

26.2.12

Florecen los nardos




......... Revuelo de pájaros ......... Ni una sombra sucede .........

A tu encuentro, hora y pico de retraso, el talle exacto entre la noche y el día, como un eclipse o un espejo. Como lo que se imagina.

(Cuando siento que estoy a punto de caer en la utopía me recuesto en la cama, pongo  las piernas paralelas a la pared y dejo que la cabeza caiga hacia abajo. Mi cuerpo forma una ese y la sangre se acumula en el suelo. Al rato se produce una sensación de embotamiento. Mientras tanto,  la pared es ideal para sacarse las durezas de los talones.
Y la utopía desaparece porque hay demasiado por no pensar).

Amarga azúcar en la sangre
batalla sarna que no pica.


... Piedritas de colores .... clips papeles mostacillas ...
....... cosas pequeñas que tengan muchos colores ......

Perderte como quien deja caer una piedra al río para ver como se hunde en el hueco provisorio que deja el intervalo y ver después como todo vuelve a acomodarse. 

Tu bomba estalló en mis manos, las dejó tan frías, astilladas, hoy son garras que hacen que no pueda dejar de recordarte cada una de las veces en las que acaricio al gato. Tu incendio no llegó a consumirme el aire, el efecto colateral es que ahora las estrellas no tienen ese resplandor exagerado y además, el vinagre del hastío lo bebo a tu salud. — ¡Por los buenos tiempos! —digo y cierro las pestañas.

 (Alguna veces, la mayor parte de las veces, la técnica funciona en modo inverso. Y el cuerpo en ese se desparrama ansiando una red de brazos que no lastimen, que limpien la sangre, a veces insisto en pensar utopías. Y entonces aparecen —como milagros—,  satélites regentes que tienen cuatro ojos verdes y en cada uno una flecha que apunta a mi escote y se clava en mi pecho, el sitio donde mis gestos más redondos hallan buen terreno).

..... fermé pour les vacances .....

18.2.12

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Mirar y seguir siempre
inocente igual, igual.

Juan P. Fernández

Encerrados.
La piel araña de los ojos parpadea un beso enorme que es anuncio de otra nada pero se convierte en aluvión intenso, algo emparentado a las fuerzas naturales, como incendio, derrumbe, devastación, para luego buscar, entre las ruinas, un paisaje calmo de astillas tercas que se resisten a clavarse entre muchos, separados por un cristal helado.

Encerrados.
Nadie le dará asilo a un corazón que se esconde en artificios bajo sábanas tan frías como orgasmos silenciosos. Como en jaulas, como si cada uno de nosotros estuviera dentro de una caja narcótica con juguetes de aquellos que quedaron perdidos en algún resquicio de un desván olvidado. Entreteniendo las horas, disimulando el miedo.

Encerrados.
Nada renovará la luz si el diamante es bijouterie barata, si entregarse es demasiado precio cuando gastás sogas de cariño en galopes convulsivos, en virtuales mensajes que manotean hilos de donde agarrarse para amanecer una leve sonrisa, desinflada gracia en la certeza del estar instalados en el núcleo de algo falible, a punto de explotar.

Encerrados.
Fastidiosos, histéricos, tan maravillosos, como hermanos, como si nos importáramos, mostrando la capa más superfluamente humana. ¿Querés ser mi amigo? Seamos amigos. Intocables en el aburrimiento y las libertinas formas de los pliegues que se ocultan en almohadas que no se conocen, en números que no se saben, en brújulas sin norte.

Encerrados.

archivado en: siempre nos quedará Güerrín