26.2.12

Florecen los nardos




......... Revuelo de pájaros ......... Ni una sombra sucede .........

A tu encuentro, hora y pico de retraso, el talle exacto entre la noche y el día, como un eclipse o un espejo. Como lo que se imagina.

(Cuando siento que estoy a punto de caer en la utopía me recuesto en la cama, pongo  las piernas paralelas a la pared y dejo que la cabeza caiga hacia abajo. Mi cuerpo forma una ese y la sangre se acumula en el suelo. Al rato se produce una sensación de embotamiento. Mientras tanto,  la pared es ideal para sacarse las durezas de los talones.
Y la utopía desaparece porque hay demasiado por no pensar).

Amarga azúcar en la sangre
batalla sarna que no pica.


... Piedritas de colores .... clips papeles mostacillas ...
....... cosas pequeñas que tengan muchos colores ......

Perderte como quien deja caer una piedra al río para ver como se hunde en el hueco provisorio que deja el intervalo y ver después como todo vuelve a acomodarse. 

Tu bomba estalló en mis manos, las dejó tan frías, astilladas, hoy son garras que hacen que no pueda dejar de recordarte cada una de las veces en las que acaricio al gato. Tu incendio no llegó a consumirme el aire, el efecto colateral es que ahora las estrellas no tienen ese resplandor exagerado y además, el vinagre del hastío lo bebo a tu salud. — ¡Por los buenos tiempos! —digo y cierro las pestañas.

 (Alguna veces, la mayor parte de las veces, la técnica funciona en modo inverso. Y el cuerpo en ese se desparrama ansiando una red de brazos que no lastimen, que limpien la sangre, a veces insisto en pensar utopías. Y entonces aparecen —como milagros—,  satélites regentes que tienen cuatro ojos verdes y en cada uno una flecha que apunta a mi escote y se clava en mi pecho, el sitio donde mis gestos más redondos hallan buen terreno).

..... fermé pour les vacances .....

18.2.12

Social network

Te gusta. Compartir.
Te gusta. Denunciar.
Mirar y seguir siempre
inocente igual, igual.

Juan P. Fernández

Encerrados.
La piel araña de los ojos parpadea un beso enorme que es anuncio de otra nada pero se convierte en aluvión intenso, algo emparentado a las fuerzas naturales, como incendio, derrumbe, devastación, para luego buscar, entre las ruinas, un paisaje calmo de astillas tercas que se resisten a clavarse entre muchos, separados por un cristal helado.

Encerrados.
Nadie le dará asilo a un corazón que se esconde en artificios bajo sábanas tan frías como orgasmos silenciosos. Como en jaulas, como si cada uno de nosotros estuviera dentro de una caja narcótica con juguetes de aquellos que quedaron perdidos en algún resquicio de un desván olvidado. Entreteniendo las horas, disimulando el miedo.

Encerrados.
Nada renovará la luz si el diamante es bijouterie barata, si entregarse es demasiado precio cuando gastás sogas de cariño en galopes convulsivos, en virtuales mensajes que manotean hilos de donde agarrarse para amanecer una leve sonrisa, desinflada gracia en la certeza del estar instalados en el núcleo de algo falible, a punto de explotar.

Encerrados.
Fastidiosos, histéricos, tan maravillosos, como hermanos, como si nos importáramos, mostrando la capa más superfluamente humana. ¿Querés ser mi amigo? Seamos amigos. Intocables en el aburrimiento y las libertinas formas de los pliegues que se ocultan en almohadas que no se conocen, en números que no se saben, en brújulas sin norte.

Encerrados.

archivado en: siempre nos quedará Güerrín

15.2.12

Barajar y dar de nuevo

Todos los que fuimos bloggeros estamos enfermos de nostalgia y de impotencia.
Repetimos "esto no va, esto no va" moviendo la cabeza de un lado a otro como 
elefantes encerrados, incapaces de volver a ese territorio cuya naturaleza ha 
cambiado radicalmente ni de crear otra cosa. Es penoso.
Pablo Ferraioli



Tenía pensado hacer un racconto de año a año, el lugar común del aniversario.
Ya los hice otras veces. Fueron útiles para descubrir que el lugar donde uno está parado es siempre el mismo. Cambia el suelo, el soporte, la gente, el interés, el nombre de las penas, el tiempo que es sólo un número, un suceso largo que varía cantidad de arrugas, cicatrices, grasa en las arterias; menos cuerpo fuerza ilusión. Uno está más viejo y parado en todo lo que se repite.
La vida no es más que un rulo desgreñado, perfecto, finito.

Pretender desandar el camino buscando los objetos perdidos es un inútil volver al residuo que guarda la memoria.
Y lo que está escrito.
Durante diez años, en este caso.

De estos diez años habla Resacas, también cuenta, deja ver a la gente que pasó por aquí. Todo eso, hablar de todo eso, sería redundante.

El racconto es nostalgia, es ver la cara del error, y también añorar aquellas intensas felicidades.
“Esos días”...
Esos días se fueron, ya no están. Y el error-dolor es un mutante que jamás puede disimular su plumaje gris. Así como la felicidad es una veleta que tiene el color de las flores efímeras que escapan. Los dos permanecen y no se irán jamás mientras la vida sige buscando variantes de lo mismo.

Hoy sé algunas cosas más y olvidé montones de ellas. Sé que no quiero mirar hacia atrás. Que me interesa lo que está, el nudo nuevo en el rulo, sus mechitas amarillas, castañas, rojas, plateadas, la parte sana y la parte débil. Lo que hay que cuidar. Lo que quiero disfrutar. Lo que viene. Lo que tenga que venir.

Entonces acá estoy, parada en el mismo rulo, transcurriendo el tiempo, con menos pretensiones y un poco más de calma, despidiéndome de la década pasada y estrenando el primer año de una nueva.
Vuelvo a ese territorio cuya naturaleza ha cambiado radicalmente.
Vuelvo para hacer lo mismo de siempre: escribir.
Crear otra cosa.
La misma cosa.

Un saludo para todos los que me conocen.
archivado en: que diez años no es nada...

2.2.12

Cuento para niños que no se aprenden los colores

Azul

Hanía una vez una casa hospital donde castraban con palabras afiladas todo color que rompiera la fría inodora pulcra triste asepsia necesaria para fabricar mentes en blanco. Blancas como algodones, nunca guardapolvos de colegio público. Blancas como cocaína, nunca azúcar. Blancas como estado de coma, nunca vestidos de bahianas en danzas circulares (todo lo que brillaba, allí se lustraba hasta dejarlo gastado).

Rojo

Una vez (me acuerdo) hace mucho, escribí algo: una especie de deseo o canción de cuna. Yo quería sinceramente que eso que escribí una vez, suceda. Y un día pude sacar de ese lugar al único color luminoso que quedaba, había resistido a la indiferencia, al abrasivo bruñido diario de cada día. Y aunque estaba muy débil, muy finito, lo llevé a mi casa llena de colores mugre calor mosquitos perro chicos música y plantas, llena de mí, de las cosas que yo hago. De mi amor y mi fastidio.

Amarillo

Y el color volvió a resplandecer, hizo canciones, se rió mucho, tuvo fuerza y salió resuelto a buscar otros colores. Más nuevos. Pero ningún color fue lo suficientemente fascinante, ni pudo hacerle un hueco suave donde acomodarse. Sin tener a donde ir  volvió a la casa sanatorio y parece que esta vez le pusieron barrotes en los ojos, parece que ahora ve todo

Negro.
archivado en: escala cromática de primarios y eso de la luz, la refracción, la ausencia de.