Con una ramita ella escarba entre sus dientes los flecos del sánguche macdonalds que fauces tiernas mordieron por la tarde y dejaron en la mesa:
—¡Te lo comés todo o no te traigo más! —había dicho madre y por lasitud, acostumbrada metió el juguetito en la cartera y al crío en el auto, su ruta.
El tren es un gusano solapado, a metros podría salvarlos a los dos, a todos, todas gentes (que son cruces). Uno a uno si cayeran o cayesen en las vías un minuto, revolcados, retorcidos fierros huesos, qué poquita cosa quedaría del hambre si no hay nervio movimiento.
—No te acerques a la vía, me da vértigo —dice él y la muchacha, sonrisa de ortodoncia muchos mangos, cree que es amor y no es espanto. Ya será, ya será, será todo como es uso, no existe emoción de gratis, el amor cotiza en bolsa y ya sabés, no hay salvataje.
—Mirá esos putos, no les da vergüenza, qué asco, mirá cómo se besan —dice un viejo a su vieja que camina siempre atrás. Fantasmita punga ríe y tiene ojos vacíos, mete mano en los bolsillos y carteras y se carga a cuanta gente billetera (que son cruces) hay pululante.
El saxofonista que se cree Mulligan mira a los mendigos con desprecio, pretende que merece una limosna que es más "digna". Misma cosa, élite de presuntuosos atorrantes. Los artistas, que son gente, y así sucesivamente: las cruces.
Orgullosa, de nacimiento Jorge, de vida oficio Nataly para quien mande chupar, sonríe con su culo vaginal y sus tetas bardhal alta compresión.
—Es demasiado alta para ser real —dice un mocoso que se muere de deseo pensando en el pedazo que esconde en esas calzas.No los une el amor, los separa una pija que es espanto: Freud y su Edipo, maricón irremediable.
—Asquerosos, no debieran dejarlos circular entre la gente (que son cruces). Yo los metería a todos en la Isla Quarrachina, que laburen, que así anda el país, questo está cadadiá peor —dice la vieja que camina atrás—, sunavergüenza, faltaba más.
Apretados cual molusco en una lata, incontables las raíces que perforan articulaciones y obligan a caminar con el obstáculo marca pasos de la gente (que son cruces), cada uno en sus asuntos, con sus cosas.
Y rubia hace mohines desde la pantalla que avisa la frecuencia, cuatro minutos linea e, 7 minutos línea de y la normalidad al palo con su falda blanca transparente y el vientito que la sube, como nieve la sostiene de la brisa que se viene, de la noche.
Todo acaba, cierran puertas, los pobres (que son gente, que son cruces) se repliegan van a casa que es la calle a dormir hasta mañana cuando se abran las tijeras nuevamente y que corten, las gotitas no se noten. Se asume la miseria como una dolencia crónica, sin remedio ni perdón.
—Parece que hoy no llueve —dice ella y le sonríe al compañero.
archivado en: Metrofotogravías