2.2.12

Cuento para niños que no se aprenden los colores

Azul

Hanía una vez una casa hospital donde castraban con palabras afiladas todo color que rompiera la fría inodora pulcra triste asepsia necesaria para fabricar mentes en blanco. Blancas como algodones, nunca guardapolvos de colegio público. Blancas como cocaína, nunca azúcar. Blancas como estado de coma, nunca vestidos de bahianas en danzas circulares (todo lo que brillaba, allí se lustraba hasta dejarlo gastado).

Rojo

Una vez (me acuerdo) hace mucho, escribí algo: una especie de deseo o canción de cuna. Yo quería sinceramente que eso que escribí una vez, suceda. Y un día pude sacar de ese lugar al único color luminoso que quedaba, había resistido a la indiferencia, al abrasivo bruñido diario de cada día. Y aunque estaba muy débil, muy finito, lo llevé a mi casa llena de colores mugre calor mosquitos perro chicos música y plantas, llena de mí, de las cosas que yo hago. De mi amor y mi fastidio.

Amarillo

Y el color volvió a resplandecer, hizo canciones, se rió mucho, tuvo fuerza y salió resuelto a buscar otros colores. Más nuevos. Pero ningún color fue lo suficientemente fascinante, ni pudo hacerle un hueco suave donde acomodarse. Sin tener a donde ir  volvió a la casa sanatorio y parece que esta vez le pusieron barrotes en los ojos, parece que ahora ve todo

Negro.
archivado en: escala cromática de primarios y eso de la luz, la refracción, la ausencia de.