Feta de luna mediamés se sostiene como un globo con hilito pero brilla como incienso, apenitas algo cítrico. La ventana apelmaza reflejos imperfectos, cubre el paisaje arrodillado. Miralo —pobrecito—, no le quiere perdonar sus maneras defectuosas, sus efectos manieristas.
Las casas, las cosas pasan rápido, no se salen del imán gravitatorio que rebana los esquejes y los ajos hacen quick a la sopa de vampiros, renacuajos, osos pandas en burbujas que no pasan por la aguja de los ricos, ojos rojos marihuanos que no engordan el ganado.
Hizo
falta
tanto
albatro
para
fundar
una
guerra.
Corazón tamaño kinder. Tan poquito que le sobra un hemisferio, le baila. Hay que tomarlo de alto, de ancho, de sisa, por asalto. Tan minusculito que no vio que yo probaba sus menjunjes y ahora no, ahora pintó un escabeche imaginario que adultera los minutos que andan l e r d o s como nardos.
Esta es una cinta interminable, últimamente hablo demasiado. Como mina encinta de palabras. Gente extraña se me acerca y me pongo en automático, en modo urgencia blablablá, a prueba de paciencias, de apariencias, de apareajes, a prueba de babas, vivas aguas del arroyo y Santa Fé.
Hay
momentos
en
los
que
ya
ni
me
remoto
la
idea
ser o estar.
Como si el control estuviese aligerado, pasa que no entiendo, en general al mundo, en particular seña ninguna. En principio fue el verbo, en finales estudié más no me acuerdo, lo aprendido se esfumó. Casi todo es humo amnésico, casi nada me quedó, se fumó solito el tiempo.
Es que soy no reteniente. Aunque supe charretearte a mis plumas unos días, por lo menos, porsiacaso algo hubo, si mal diciendo... como te venía: ¿cómo te veía sin mis ojos? ¡Arrésteme sargento!
Neuro
lingüística
de
la
liebre,
de
la
sangre,
la
pared.
Quince putas, diosmeliebre, ya pasó el tiempo del extrañe. Menos mal que está la abulia maya tejiendo sus bufandas, que sino no sé que haría con tantos almidones. ¿Con qué clase de utensilio se descorchan estos clones de vosmismo?
Vi luz y entré y acá me ves: dale —se buenito—, preguntame cómo estoy, así te invento una catarsis o un panqueque dulce leche. ¿Hagunos mates? O mejor té frío.
Te frío las pelotas, las pongo al plato y si me acuerdo —no te he visto—, te arrepiento de un tortazo o te desvisto así se oxidan tus biorritmos y el cooler se te traba para siempre.
A
ver
si
entendés
qué
es
incendiarse,
o
que
explote
tu
peluca.
Entre tanto, unas papas en la olla que parar. Tanto otoño amanerado por los soles, sólo sé que nada alcanza. Insuficiente: la palabra dice que no hay premio. Ni consuelo.
Ya ha pasado muchas veces, pero esta —disculpame—, tiene forma de omelette de rivotril. De cansancio, poco gusto, falta sal y condimentos, faltan muchas, muchas más inmolaciones, menos transas, sobre todo, más verdad.
Me
pareció
ver
una
linda
shakira
en
miniatura
baila
ombligo
y
entretiene
a
mi
amorcito.
Y la fiesta sigue en descoloque. Yo reparto mis camelias, condimento el estofado, te preparo golosinas, soy y luego olvido. Y me río, porque aquí no pasa nada más que lo inminente. Porque hay dos o tres grandilocuencias que se miran por tevé. Porque acá lo que queda es la vergüenza, el tango absurdo, desconfianza para siempre, un final anunciado y aburrido, un anuncio.
Y nada más.
archivado en: arte culinario y goma eva