Me costó muchísimo escribir este.
Sigo esperando que le guste.
Te consentiré hasta que digas basta
La cría se deleita alimentándose de mi cuerpo, algunas veces pienso que sólo dejarán mis huesos, o ni siquiera ellos. La nada, pequeña partícula que no es más que una palabra corta, ahora que estoy seca y la tevé me grita mientras monta su show pringoso.
Veo a mis hermanos desde acá —siempre lejos—, los libros que no voy a leer, el cuadro del niño ahogado en la piscina, el frasco con formol donde yace el pensamiento que tuve, el deseo, el sentimiento que me parecía, aunque al fin, falto de suspenso, el miedo (barrilete), no me deja más que ser núcleo de lo profano.
Aquí otra vez libertad para llevarla a cuestas como una carga pesada que tonificará mis músculos y le dará a mi vida cansancio, desoriente, incertidumbre: dulce inmolación, chupetín de las bestias marginales, aprendices del fracaso e ilusas de laureles.
El subsuelo de los garrotes espera y me tiro de cabeza.
Todos son cachorros de cuervo.
Los picos, los picos. Algo me decían de los picos; pero ahora los siento, me lastiman suavemente y sólo tengo ganas de cambiar de canal y ver una de imágenes un poco menos apocalípticas, algo así como una taza de café humeante, o el error maravilloso que asumí como si surcara un fuego cruzado y pudiera salvarme de todo lo que sé, no sucederá.
Colgada de ahí mismo
Un voto de confianza
Un puto voto de confianza tuyo
Es todo lo que necesito
Para dejar de escribir
Poemas (¿?)
—De mierda—
Como este.
Por ejemplo.
Nada de esto ha sucedido jamás
Los dolores cada vez pegan menos. Tendremos que acostumbrarnos a la idea de que los templos son un lugar donde la energía nos derrumba dejándonos caer por el pozo y cuando en el fondo miremos para arriba, no habrá ni siquiera una puta cruz a la que agarrarnos.
Los amigos mueren y yo no.
¿Cuántas lágrimas serán sinceras? Espero que cuando llegue mi momento, a nadie se le ocurran lamentables homenajes, la obscenidad del duelo, la arrogancia del que queda y opina sobre el indefenso, sobre eso que es no-ser.
Podría decirte que necesito tiempo, pero ¿para qué? Si todo está claro como cuando abrís los ojos por primera vez y la luz del sol te lastima.
La carne que se pudre
La carne que se pudre
La carne que se pudre
Todos los cajones llenos de cosas guardadas, perdidas, inútiles.
No existe la menor probabilidad de redención en este universo donde sólo suenan las equivocaciones, la traición, el poco criterio a la hora de asesinar. Al que toca, toca. Es así de absurdo.
Y llevo mi puñal a donde quiera que vaya, por las dudas me sorprenda y yo así, con estos pelos.
Bowie en calzones
Otra vez el monstruo. Me da risa porque lo recordaba mucho más temible. Podía hacerme daño con el solo hecho de meterse en mi pensamiento y hacerme saber que existía.
Otra vez aquí.
Es una sombra del terror que fue. Es un payaso insignificante que hace su función más estúpida.
Dosis extra, por las dudas.
Mi camino se desvía, miro hacia atrás, pero avanzo.
Necesito encontrar la dirección y perdí el papelito, perdí todos los números, perdí el hastío que había logrado a fuerza de meterle mucha garra a la paparruchada celeste, perdí también mi último cuaderno.
Esto último es, sin dudas, lo que más me afecta. Sin mis recuerdos no sé vivir.
Rescatate barrilete
En el límite donde la esquina se pierde, hay niños que se ahorcan con alambres de púas para descubrir el placer de la sangre en la asfixia masturbal.
Una cabeza descansa en la alcantarilla. Si uno se acerca a pocos metros, se ve hermosa, los ojos hacia el cielo, la espuma que babea blanco da un resplandor luminoso.
Yo diría que son estatuas pintadas con cal (o heroína), pero no, es sólo la dulzura de la muerte, lo sublime del fin, una espina infectando las buenas intenciones, que se desdibujan, como hilos enredados que muestran otras formas.
Y en el borde de lo tolerable, hay un descampado donde quisiera enterrarlos, uno a uno, consolar sus almas, darles el tiro de gracia, si hace falta.
Nadar con cocodrilos
Lo único que siempre quise tener es un frasco en la mesa de luz con una mente brillante. Y encenderla según necesidad.
Por ejemplo, ahora, quisiera que me haga reír, o que diga justo eso que espero me diga, o que no haga nada, absolutamente nada que pueda herirme ni un poquito.
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