El pito (o silbato, si se quiere) era su arma letal contra los infractores y sus sermones eran tan largos y aburridos que surtían un efecto definitivo en cada uno de los reprendidos oportunamente.
Hasta que un día, un apuesto mozalbete que pretendía cruzar a mitad de cuadra fue llamado a la cordura y ubicuidad por nuestra heroína, mediante un pip largo, constante, intermitente e hincha pelotas.
El mozalbete hizo caso omiso al aviso de "alto", cruzó la calle sin ningún prurito ni respeto por las normas viales y salió corriendo por Carlos Pellegrini sin percatarse de que Próxima Prioridad Gómez, en un estado de indignación, ira y calentura desproporcionadas, lo perseguía con una velocidad nunca antes vista en guardia urbana alguna.
Luego de correr más de diez cuadras, en la esquina de Pellegrini e Independencia, cuando estaba a punto de alcanzarlo, no tuvo la precaución de observar que el tipito del semáforo estaba de color amarillo, y en medio de la calle, un automóvil particular la atropelló levantándola como sorete en pala, unos cuantos metros en el aire.
El impacto fue fatal y produjo un choque en cadena donde fueron centenares los muertos y/o damnificados.
Próxima Prioridad Gómez tuvo un entierro con honores. En su cajón lucía orgullosa la bandera de los guardias urbanos y sus familiares recibieron un telegrama de condolencias firmado de puño y letra por la presidenta de la nación, su novio y otros familiares de los mismos.
En el Congreso de la Nación presentaron un proyecto para que se erija un altar en la esquina donde trabajaba tan eficientemente y algunos miembros del Opus Dei y otras ONG tienen pensado enviar al Vaticano el pedido de canonización.
Del mozalbete nunca se supo nada.
FIN
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