21.5.09

Cielos

A Dani

Algunos cielos, éste por ejemplo, el que se recorta desde la diminuta ventana, o la parte que ella deja ver porque el lazo de amor le asfixia la luz, porque es tan difícil de abrir, porque no basta con estirar el brazo izquierdo, el que duele tanto.
Como si no fuese algo natural hacer que corra por el carril y dejar que entre el aire, porque apenas habrá medio metro de distancia, porque es un esfuerzo enorme, porque hay que hacerlo, abrirla-cerrarla, abrirla-cerrarla infinidad de veces, según cantidad de cigarrillos, según estación del año, según lluvia o frío.

En tono solemne un hombre anuncia a una señorita que quedará en La Academia.
Eso se escucha desde aquí. Ya ves, no estoy tan sorda.
Cuando no estás, el silencio se llena de lavarropas automáticos, de música tecno, de televisores y conversaciones que —cuando vos estás—, imaginamos son entre dos gays, o un padre y un hijo o dos adolescentes bailando sobre los sillones.

Pero otra vez me fui de tema y aún ahora, en este sitio que siento tan nuestro, no puedo parar de hablarme sola.

Decía de algunos cielos, por ejemplo, el que hoy te ve y es tan lejano, amor, que no puedo imaginarlo.
¿Se recortará desde una ventana diminuta? ¿Habrá algo en el aire, algún humo, algo tóxico que te recuerde mi perfume?
Yo no sé.
Yo no sé mucho, pero sé de cielos.
El que escondía a la luna que juntos esperábamos en esos sillones con olor a milaños.
El que vimos parcelado por las ramas del inmenso árbol de la plaza, antes de que la encerraran en esa celda infame.
Y este cielo, el que surcaste dividiendo las mitades: vos-yo, acá-allá.
Voy a dejar la ventana definitivamente abierta.
El brazo izquierdo duele tanto.

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