22.7.07

Cuadro con planta, chamán y ruidos (técnica mixta - grafito, carbonilla y carilinas)

Intento desanudar algunas percepciones que me rondan hace días.
Creo que es pensamiento pero la cuestión está más cerca del sentir.
La única certeza reclutada, por ahora, es saber que el mundo es del cristal con que se mira, que a veces es un globo a punto de estallar y otras almanaque de tiempo reducido.

(¿Podrías dejar de vomitar escandalosamente, hijo de re mil putas?)

Dada esta situación, es estúpido que me asombre una vez más la insistencia inútil y recurrente hacia la quimera, loca vieja, que me rasca agujeros del espíritu, metáforas antiguas que sólo se argumentan bajo apercibimiento de la autoridad pública.
Creo que me acerco pero siempre hay un obstáculo que nubla el entendimiento. Trato de dilucidar qué pasa cuando nada pasa.

(No es cierto que los ícaros sean bellos. Lo que hace que algo sea bello es uno mismo expuesto ante su propio universo)

Estoy vestida y calzada de falacias, de cuentos de hadas que engañaron a la niña y no suelen ser lo más amables: el que calla no otorga nada, sólo silencio y una composición de moléculas que se atan y juegan al baile de la escoba.
Polvo de estrellas paridas en repartos de descarte, simulacro, nadie habita este enorme campanario que refracta el tañido de viajar a ciegas en la noche.

(Dale linda, mostrame algún color, esta escala de grises me desquicia, no puedo vislumbrar ni una tenue luz entre las sombras quietas)

Yo dormida en laureles que no me pertenecen, vos repartiendo las sobras que quedaron olvidadas en tu piel.
Así estamos, ya ves, no es la panacea, pero tampoco es de lo más inoportuno. No es lo que se podría llamar la gran obra acabadísima en su máxima perfección, pero tampoco es mala cosa, en presente, lo que hay.
Como un dibujo para colorear esperando el trazo mágico de los pequeños pasteles.

(Ayahuasca pinturera, pinta de colores las aves, el cielo, los ríos, los peces…)

No se trata de "misterio insondable" ni de "vértigo esplendoroso", es algo que roza el pragmatismo: la princesa no es, de ningún modo, la que besa al sapo y lo convierte en príncipe, y en caso que así fuera, es el sapo el que va a dejarla ciega orinándole los ojos. El príncipe no besará a la princesa para que despierte. Y en caso de hacerlo, la princesa no despertará porque se tomó muchas botellas y una caja de Valium, la princesa no despierta porque no le da la gana.

(Maldición, no me querés, no me querés, ¿creés que no merezco tu poder? ¿creés que no te necesito? ¿será que no te necesito? ¿qué querés decir con tu desprecio?)

Traducciones que invariablemente apuntan a otra cosa, reímos de ideas fantásticas. ¿Cómo hacerse millonario en una semana? ¿Cuál es el mejor método de estafa? No es casual que compartamos la fascinación por los embaucadores.

(Papá estuvo preso-Papá era vendedor-Papá estuvo preso por estafa-Papá cerraba mis ventas inconclusas-Papá cerraba mis ventanas)

Hechizados por la ficción, la apariencia, nos matamos a besos de mentira, el espejo nos da la imagen deformada de lo que en algunos casos se cree es amor.
Pero no lo es en esta oportunidad.
Ni en ninguna otra porque la idea de amor romántico es de por sí una necedad, apostarle a la dependencia, a la desnudez pura de las zonas más nobles que, de inmediato, mostrarán la gran miseria de la que somos capaces.
Yo aprendo a resistir la tentación de reclamar medallas que no me pertenecen y vos restablecés la farsa en otro vestido, en otras piernas.

(Entraste a mi cuerpo y saliste disparando, quedaste en ese cubo mugroso, perra, sos igual a algunos hombres)

Dios fue muy mal asesorado cuando firmó el plan que le habían diseñado. En ese plan todo está muy mal trazado desde el vamos. ¿Cuál era la necesidad de crear hombres y mujeres? ¿A qué perverso polimorfo se le ocurrió que era esencial la lucha, el sexo, que era el desacuerdo del rejunte la única manera posible de existencia?

(Canoa, canoíta, limpia el cuerpecito, deja que salga el guerrero… No me dejes sola, vine para entregarme a vos, vine a pedir que me salves y me estás abandonando)

Y los destiempos. La conducta histérica de aferrarse a la vida cuando ya no sirve para nada, cuando no sos más que una molestia, cuando la humanidad sólo desea que te mueras.

(Pobrecito-Ya no sufre-Ya está en paz-No somos nada)

¿Cómo sabés que está en paz? Cerdo hipócrita. No hay nada que se parezca a la paz, este es otro de los conceptos erróneos por su inadmisibilidad.
No somos nada. Y la nada no es más que terror, aburrimiento infame, hueco que ineludiblemente querrás rellenar de futilidades pa(sa)jeras.

(Sin embargo es agradable tenerte frente a mí acariciando esas cuerdas, tocando para mí sola por una fracción de segundos, es delicioso el contacto de tu piel con la mía, aunque te vayas pronto)

Dadas las circunstancias es extraño que me sorprenda otra vez en la obstinación frívola y banal hacia el ensueño, viejo tonto, que me deja sarpullidos en el cuerpo y me asume las malas condiciones de auto praxis.

(Estoy extraordinariamente lúcida. Veo todo lo que sucede, es como estar en una reunión de borrachos tomando coca light, la única diferencia es que aquí no odio a nadie. Ni siquiera a vos, madre poderosa, que me dejás a merced de esta noche larga y extenuante)

Polvos, nada más que polvos. Panes para un rato, hambre para el resto de las hojas del cristal con que se mira, colmado de rastros, de globos, de fugaces delirios que no alcanzan a completar el calendario anual de los deleites, que son exiguos, que son nada.

(Hay berridos, hay suspiros, perros que ladran, bostezos excedidos, ecos de baldes, silbidos, murmullos, escándalos, hay un hombre que jadea —por momentos su gemido se parece al de un orgasmo demoníaco—, todo es una orgía auditiva que no puedo soportar. No puedo aguantar en mis oídos el látigo del dolor del mundo hecho lenguaje desgarrado)

Ya tengo más de una certeza, definitivamente no es pensar, se acerca peligroso al sentimiento y el sentir es la cuerda que marca la primera diferencia que hará que el desastre racional se convierta en el último aliento del ahorcado. El sentir es el que habla, no veo nada porque no hay nada que ver, ya lo he visto todo. Hay sollozos que silencio con palabras, hay sonidos que están naciendo, hay lamentos que debo escuchar. Vienen desde afuera, pero están en mí. Debo permitir la posibilidad del grito, debo escuchar esos gemidos y apaciguar mis propios alaridos, hacerlos melodías. Hay alguien que me habla. Hay alguien a quien debo escuchar. ¿Serás vos? ¿Seré yo?

(Entonces el frío, el contacto con otros sufrimientos, el saber que en otro cuarto, ella se está reconciliando, la indiferencia de madre, es posible que me ayuden a crecer sola, es probable que más tarde —cuando el pan y las naranjas—, me muestren el camino que tengo que pintar para salir de los grises, pinturera, pinturera, pinta mi mundo, pinta mi aldea)

archivado en: la medida de todas las cosas