21.12.06

Tutiplén de amor y vacunas (parte 1)

"Una vaca se comió una flor, porque estaba de muy buen humor"

Dedicado al 2005/6 y a los amigos que me quieren aunque esto debiera estar en White trash


Sabín

Eran dos gotitas debajo de la lengua, después nos daban un caramelo o un terroncito de azúcar para quitar el resabio amargo.
Después fue lo contrario, primero el dulce, luego la hiel y el gusto a lavandina y aguarrás en la boca, que no se va nunca.


BCG

Busco todo el tiempo. Te busco. Crecen sombras con las que no contaba, silencios que no puedo responder, ausencias que no son premeditadas, cabezas que salen desde las extremidades y atemorizan con sus corrientes negras.

Crecen, les pongo venenos, las combato con vinos, pero escalan la montaña ineludible de sustancias. Son irresistibles como ciertas mareas a destiempo.

Gané lo que pude, o lo que quise cuando trenes llevaban horas de retraso, cuando sábanas gastadas cobijaban una mínima confianza. Pero no fue suficiente.


Antivariólica

Antivariolicame, amor
Necesito tu inmunidad,
que me hagas fuerte
para poder aplastarte.

Antivariolicame, amor
Dejá que sangre un ratito,
dejame tu marca en el brazo
para poder recordarte.


Dosis

Todo el tiempo me preguntás por la medida de mi amor. ¿Cuánto? ¿Qué cuánto te quiero?

Te quiero exactamente la longitud de la cuerda que apriete mi cuello cuando al fin te decidas a asesinarme. O, tal vez, el breve tamaño de las manos que te estrangulen.


Hepatitis B

Tu carne se infecta de mi carne y así estamos, contagiados de un amor tan bello e imposible, que ya somos una sóla, idéntica, misma, enfermedad.


Antitetánica

besame en cada uno de mis lados herime quiero verte como sos (toda mi impiedad te pertenece) hacelo ahora protegeme quiero verte al lado mío cuando sea todo sangre y la navaja o la yilet y las ciruelas fosilicen caracoles reforzame dentro de unos meses y el año que viene con todas las dosis que hagan falta para no morir de una manera manera tan estúpida como pincharse con la espina de un cáctus como de un infarto-muerte blanca como de amor.


Antidiftérica

Estoy viendo, ahora mismo, un barco que sale del puerto de Buenos Aires hacia un punto indeterminado del Atlántico. En él está mi amigo que escapa, se lleva con él el espíritu y las ansias que el mar consumirá, se lleva mi difteria, nuestra historia, la histeria que conduce su destierro.
Nada más indultado que aquello que navega.
En el vaivén de las olas lo veo perderse, alejarse de la inefable clave de este emporio irremisible.
No me quedan pañuelos que agitar, no puedo desear suertes (tengo mis cábalas) no puedo creer, siempre tan fuera de tierras de aguas, de balsas, siempre yo tan cerca de naufragios caníbales.
La existencia, cielo mío, no es más que esto que vos ves ahora, que yo veo ahora, aunque hayamos avanzado tantos kilómetros contracorriente.


Antisarampionosa

Cada vez que comenzás una nueva campaña sobre mí el cuerpo se me llena de un extraño sarpullido que no puedo controlar.
Entonces te vas. Todo se me vuelve alergia y paso cien días en cuarentena (cien y no cuarenta)
La garganta se me achica y las piernas duelen mucho más que tu ausencia.
Cada vez que deseo quitarme el deseo, me lastimo con las uñas, sangro, me reinfecto.

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